Poker en Casiopea (Be 58, NGC 7788, NGC 7790, Frolov 1, H21)

La constelación de Casiopea es una de las más ricas en cúmulos abiertos gracias a su localización privilegiada en pleno brazo galáctico de Perseo, una de las zonas más densas de nuestra Vía Láctea. En una noche oscura podemos contemplar una inmensa cantidad de pequeñas nubecillas si barremos la constelación con unos buenos prismáticos, cúmulos abiertos de todo tipo y tamaño. Hoy vamos a ver una cadena de cúmulos que se sitúan cerca de Caph o Beta Cas, uno de los extremos de la conocida “M” o “W”.

De los cúmulos que vamos a estudiar, NGC 7788 pertenece a la asociación Casiopea OB5, una gran familia de gas y jóvenes estrellas que se encuentran a unos 7000 años luz de distancia, ocupando un área de 600 años luz de diámetro. La brillante estrella 6 Cas es la reina estelar de esta asociación, con una magnitud de 5.4. Es una supergigante blanca de tipo espectral A3 y una masa equivalente a 25 soles. El resto de cúmulos se encuentran algo más alejados de esta zona, aunque pertenecen también a los dominios del Brazo de Perseo.

Nuestra primera parada se encuentra a 2 grados y medio de Caph, marcando un extremo de esta prodigiosa hilera, y se denomina Berkeley 58, abreviado como Be 58. Es un cúmulo abierto de magnitud 9.7 que se encuentra a 8800 años luz de distancia y, con un tamaño de 11 minutos, es el mayor de cuantos vamos a ver hoy. Tiene una forma redondeada y sus estrellas, muy débiles, lo hicieron pasar desapercibido a ojos de muchos astrónomos hasta mediados de siglo XX, cuando Gösta Lynga compiló el catálogo Berkeley en la Universidad de California. Visualmente es especialmente atractivo, apareciendo primeramente como una delicada nube circular que, al prestar un poco de atención, se revela como un enjambre de diminutas luciérnagas. A bajo aumento se distinguen algunas de sus innumerables estrellas, mejorando su visión a mayores aumentos.  La estrella CG Cas es una cefeida que se encuentra en su corona, perteneciendo presumiblemente al cúmulo, gracias a lo cual podemos estimar la edad de éste en unos 100 millones de años.

Muy cerca de Be 58 podemos contemplar al llamativo NGC 7790, un cúmulo con una forma triangular que recuerda a un cometa. Las estrellas de su extremo más estrecho se encuentran mucho más agolpadas, dando un efecto nebuloso, mientras que la «cola» tiene componentes más dispersas, aunque más brillantes. Con una magnitud de 8.5, es fácilmente visible en unos prismáticos, apareciendo como una pequeña mancha de unos 5 minutos de arco de diámetro. Es un cúmulo único si atendemos a sus estrellas cefeidas, ya que se han encontrado cuatro de éstas bajo su amparo. Lo más fascinante es que dos de ellas forman un sistema binario, siendo la primera estrella doble descubierta cuyos componentes son ambos cefeidas. Recibe el nombre de CE Cas, y ambas estrellas tienen una magnitud de 11 y están separadas por 2.4 segundos de arco, lo cual corresponde a 8000 unidades astronómicas. Tienen un período de entre 4 y 5 días, variando su magnitud levemente. Si recordamos esta entrada, el periodo de las estrellas cefeidas nos informaba acerca de su magnitud absoluta, gracias a lo cual podíamos inferir su distancia, convirtiéndose así en unas de las principales candelas astronómicas, responsables de conocer la naturaleza extragaláctica de las «nebulosas espirales» en la década de los 20. El hecho de que dos cefeidas estén situadas a la misma distancia las convierte en una situación excepcional que permitirá obtener una mayor precisión en la calibración de estas candelas astronómicas. Curiosamente, NGC 7790 contiene dos cefeidas más, llamadas CF Cas y QX Cas, ambas con una variabilidad de unas pocas décimas de magnitud en un período de entre 3 y 5 días. Estas estrellas han permitido estimar la distancia del cúmulo en unos 10600 años luz, así como una edad de unos 120 millones de años.

NGC 7788 nos espera un poco más arriba, con una magnitud de 9 y un tamaño de 9 minutos de arco, adoptando una agradable forma trapezoidal que queda englobada entre cuatro estrellas más brillantes. Es algo más débil que NGC 7790, pero sus estrellas, al igual que las de su compañero, son fácilmente resolubles, al menos una veintena de ellas a bajo aumento. NGC 7788 se encuentra a 7800 años luz de distancia y sus estrellas, en su mayoría de tipo espectral B1, son extremadamente jóvenes. El siguiente cúmulo es tan pobre en estrellas que su naturaleza podría ser discutida, si bien sus estrellas parecen estar a la misma distancia y formar, al menos, una pequeña familia. Su nombre es Frolov 1, un cúmulo situado a 8350 años luz y con una magnitud de 9.2 que está compuesto por apenas una decena de estrellas dispuestas sin ninguna forma aparente. Al verlo tras el ocular por primera vez lo confundí con una zona cercana de mayor densidad de estrellas, si bien no hay ningún otro cúmulo catalogado en las cercanías. Para terminar vamos a echar un vistazo a Harvard 21, algo más llamativo que su vecino, compuesto por una veintena de estrellas muy débiles que se disponen sobre una tenue nubecilla de fondo que contribuye a aumentar la sensación de cúmulo, probablemente formada por multitud de estrellas irresolubles. Los cinco cúmulos pueden ser observados con un ocular de bajo aumento y telescopios de focal corta. En mi caso usé el ocular Panoptic de 24 mm, obteniendo 1 grado de campo de visión, con lo cual necesité hacer el dibujo en dos partes para englobar a los cinco cúmulos. Por cierto, para los aventureros que vayan a observar la zona, hay un sexto cúmulo que me pasó desapercibido en su momento, situado justo por encima de Harvard 21. Se trata de King 12, una pequeña y abigarrada familia de soles que pertenecen, junto a NGC 7788, a la asociación Casiopea OB5.

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La galaxia conejo (IC 10)

Hoy vamos a conocer a un miembro más de nuestro acogedor Grupo Local, del que ya hemos hablado en otras ocasiones y que se encuentra presidido por la Vía Láctea y la Galaxia de Andrómeda, siendo M33, la Galaxia del Triángulo, la tercera en cuanto a tamaño. La mayoría de las restantes galaxias menores se relacionan con alguna de estas galaxias principales, de manera que la del presente artículo está anclada a M31, orbitándola como la Luna a la Tierra.

Se trata de IC 10, una galaxia enana irregular cuyas últimas estimaciones la sitúan a unos 2.6 millones de años luz de distancia. Se encuentra tras una zona densamente poblada de la Vía Láctea, de manera que el brazo de Perseo dificultad su visión y disminuye en gran medida el brillo que nos llega. No obstante, siempre es agradable disfrutar de galaxias en zonas de gran riqueza estelar, e IC 10 es un buen ejemplo de ello. Pasó por alto el escrutinio celeste de los primeros grandes astrónomos que rastrearon el cielo con telescopios, siendo descubierta por Lewis Swift en 1889, descrita como “una débil estrella envuelta en una larga, débil y difusa nebulosidad”. El famoso buscador de cometas no podía imaginar la verdadera naturaleza del objeto que acababa de descubrir. En la década de los 20 se puso en evidencia su localización extragaláctica y más adelante, en 1936, Hubble sugirió que pertenecía al Grupo Local. No se pudo confirmar este dato hasta que en los 60 se midió su velocidad radial y se comprobó que la galaxia se acercaba a nosotros a unos 350 km por segundo. De esta manera no cupo duda de la pertenencia de IC 10 al Grupo Local.

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Crédito: Observatorio Lowell

IC 10 es una pequeña galaxia que apenas alcanza un diámetro de 5000 años luz, pero es, sin duda, una de las galaxias más peculiares que podemos observar en nuestro vecindario. Se trata de la única galaxia del grupo local clasificada como “Starbust Galaxy” o, traducido al castellano, galaxia de estallido estelar. Este nombre tan comercial viene a significar que está sufriendo una importante proliferación de estrellas que, a juzgar por los estudios realizados, comenzó hace unos 10 millones de años. Este dato viene apoyado por la ingente cantidad de estrellas Wolf-Rayet que campan a sus anchas por la galaxia. Estas estrellas, si recordamos otras entradas, vienen a ser astros masivos y muy jóvenes que están perdiendo materia a grandes velocidades, generando rápidos vientos que moldean su entorno como un enorme huracán. Hay más estrellas Wolf-Rayet en IC 10 que en todas las demás galaxias enanas del Grupo Local juntas, y eso es un dato indirecto más de su reciente actividad proliferativa. Para que una galaxia enana forme estrellas a tanta velocidad debe haber recibido un aporte extra de gas, pero no podemos ver ninguna galaxia a su alrededor capaz de aportar la materia prima. Un equipo de investigación está estudiando la posible hipótesis de que un encuentro con otra galaxia enana hubiera sido el responsable de esta proliferación, habiendo quedado dicha galaxia fusionada con IC 10 y, por tanto, invisible a nuestros ojos. Encontrar evidencias de esta idea no es tarea sencilla, ya que habría que estudiar el movimiento de sus estrellas y ver si siguen algún patrón característico que nos ponga en la pista de la fusión. Sin embargo, hay un dato indirecto que puede hacer pensar en este proceso. Se ha encontrado, alrededor de la galaxia, una envoltura de gas, hidrógeno neutro, de hasta 60.000 años luz de diámetro, lo cual hace pensar en que puede ser el remanente de una galaxia que fue engullida hace poco por IC 10. Esta envoltura, además, gira en sentido contrario a la galaxia, apoyando la hipótesis con más fuerza aún.

De confirmarse, esta fusión galáctica sería un importante hallazgo, ya que las grandes galaxias, como la Vía Láctea, se creen haber sido formadas por la unión de muchas pequeñas galaxias. El problema es que, para estudiar la fusión de galaxias enanas, los astrónomos tienen que usar grandes telescopios para observar estas galaxias en las épocas jóvenes del universo, añadiendo una importante dificultad (galaxias muy lejanas y que, por tanto, no muestran un gran nivel de detalle). Si supiésemos que IC 10 se acaba de tragar una galaxia enana podríamos obtener mucha más información de este proceso, estudiando de primera mano lo que ocurre con este tipo de interacción.

Pero IC 10 es una caja de sorpresas, y es que guarda en su interior una importante fuente de rayos X correspondiente a un peculiar sistema binario. En esta entrada aprendimos como una estrella doble puede originar una nova o una supernova, gracias a la acreción de materia por parte de una enana blanca. Pues bien, en estrellas muy masivas el colapso de la estrella, además de la supernova, continúa hasta producir lo que se denomina agujero negro estelar, y ése es el origen de la fuente de rayos X observada en IC 10. Lo interesante es que la estrella compañera eclipsa al agujero negro desde nuestro punto de vista, de manera que se ha podido calcular la masa de éste último, estimándose entre 24 y 33 masas solares, convirtiéndolo así en el agujero negro estelar más masivo conocido hasta el momento.

IC 10 no es difícil de encontrar, muy cerca de Caph, Beta Cassiopeiae, uno de los extremos de la constelación. Su magnitud de 10.4 no es una buena referencia a la hora de estimar la dificultad de verla, ya que posee un bajo brillo superficial y una extensión algo mayor de 5 minutos de arco. Si no fuera por el polvo interestelar que se interpone entre la galaxia y nosotros sería, sin duda, mucho más sencillo. Aun así IC 10 ya es visible a bajo aumento con el Dobson de 30 cm si la noche es buena, una pequeña nubecilla sin forma aparente al lado de dos brillantes estrellas. Relativamente alargada, su silueta es difícil de definir por lo difuso de sus bordes. A 214 aumentos la cosa va mejorando, quedando evidente una zona más brillante que marca el núcleo de la galaxia, desviado de su centro. Con visión lateral se ve con mayor facilidad, una zona más densa que corresponde a la región HII que domina el centro de la galaxia y que se aprecia fácilmente en cualquier fotografía. A esta zona se le denomina HL 111 y es el motor proliferativo de IC 10.

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Pero no es la única región HII que podemos observar, ya que, si observamos con detenimiento, podremos apreciar otra débil condensación alargada, entre tres pequeñas estrellas, que corresponde a dos cercanas regiones HII, HL 45 y HL 50. Es emocionante poder espiar nebulosas de otras galaxias y comprender que no son tan distintas a las que podemos observar, por ejemplo, en Orión o en Sagitario. Para ver esto un requisito es fundamental: un cielo oscuro y una gran transparencia, por lo cual estas noches, que comienzan a ser más frías, van convirtiéndose en las idóneas para lograrlo.

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Subiendo por las piernas de Casiopea (2ª parte)

Tras la vuelta de las vacaciones, abordamos hoy la segunda parte de esta región de la constelación de Casiopea, en la que nos centraremos en tres llamativos cúmulos abiertos que pudieran englobarse juntos en un telescopio de gran campo. Vamos a contemplar la parte más brillante del brazo de Perseo de nuestra galaxia, que recibe el nombre de Arco de Casiopea, situándose gran parte en la zona comprendida entre Ksora o Delta Cas y Epsilon Cas, dos de las brillantes estrellas que forman la “M” o “W” de la constelación.

Comenzaremos por el cúmulo más llamativo, NGC 663, que también está incluido en el catálogo Caldwell con el número 10. Es conocido también como el cúmulo de la Herradura, y no es difícil entender por qué cuando lo observamos tras el telescopio. Cuenta con unas 400 estrellas de entre 15 y 25 millones de años de edad, por lo que estamos ante un cúmulo relativamente joven, en el cual predominan estrellas de tipo espectral B, aunque se ha encontrado una estrella de tipo espectral O y dos de tipo M, gigantes rojas cuya vida se acerca a su final. Se encuentra a una distancia de unos 7000 años luz, justo por delante, al parecer, de la asociación Casiopea OB8, aunque no se descarta que pueda formar parte de dicha familia. Tiene entre sus componentes 24 estrellas de tipo Be, una interesante variedad de estrellas de espectro B que giran sobre sí mismas a gran velocidad, expeliendo una importante cantidad de gas que conforma un disco a su alrededor. Este gas es el responsable de producir líneas de emisión de Balmer, características del hidrógeno que ha sido expelido. Normalmente una estrella de tipo espectral B es rica en helio, de ahí la peculiaridad de mostrar estas líneas de hidrógeno. Además, la rápida rotación de la estrella Be produce un achatamiento de sus polos, proporcionando a muchas de estas estrellas una forma casi ovalada, como ocurre con Achernar o Alpha eridani.

Para encontrarlo no tenemos más que apuntar con nuestros prismáticos a un punto intermedio entre las dos brillantes estrellas mencionadas de Casiopea, y veremos, sin dificultad, una pequeña mancha brillante en la que, si usamos algún tipo de soporte, podremos distinguir algunas de sus principales estrellas. Con una magnitud que, según algunas estimaciones, puede alcanzar la 6.5, es visible desde cielos extremadamente oscuros a simple vista, por lo que puede ser una buena manera de poner a prueba nuestro lugar favorito de observación. Al ocular destaca como una enorme familia de estrellas que se disponen en un área de unos 15 minutos de arco de diámetro. Unas cien estrellas pueden contarse sin problema, muchas de ellas en el límite de visibilidad, conformando un fondo granujiento extremadamente delicado, mientras que dos parejas de estrellas destacan sobremanera como si fueran cuatro ojos blanquecinos. Cada una de estas parejas podría considerarse como el extremo de la herradura, extendiéndose sus compañeras más débiles formando una especie de arco. En mi caso usé tan sólo 62.5 aumentos para poder ver a los cúmulos cercanos, aunque si usamos mayores aumentos el número de estrellas aumenta vertiginosamente.

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Vamos a viajar ahora hasta su vecino cúmulo NGC 659, otra curiosa aglomeración de estrellas que se encuentra un poco más alejada del anterior, a unos 8200 años luz de distancia. Es algo más pequeño, y cuenta con 180 estrellas de joven edad también, estimándose en unos 20 millones de años. NGC 659 comparte muchas similitudes con M103, que, aunque no se describe en este artículo, se encuentra a poco más de un grado de distancia, así que nada nos impide disfrutarlo en la misma noche en que apuntemos a esta poblada región del cielo. Mide 6 minutos de arco de diámetro y su magnitud de 7.9 lo hace asequible a la visión con prismáticos, aunque puede ser tarea difícil por la presencia de la Vía Láctea como telón de fondo. Al telescopio, con 62.5 aumentos aparece como un pequeño cúmulo de estrellas, contando unas 15 de ellas, inmersas en una débil nebulosidad que no es más que el efecto de las lejanas componentes que no se pueden resolver. Al usar mayor aumento podremos resolver muchas de éstas, aunque su imagen pequeña en el mismo campo que NGC 663 es muy sugestiva, y seguramente muchos preferirán esta imagen conjunta (nada nos impide probar cada uno de los oculares que tengamos, el cúmulo no se va a mover de ahí, al menos no en los próximos millones de años).

Para terminar esta expedición vamos a mirar al otro lado de NGC 663, donde aguarda otro bonito cúmulo abierto denominado NGC 654. Se trata de una pequeña familia de entre 60 y 80 estrellas que nacieron hace unos 15-20 millones de años, edad similar a los anteriores cúmulos, lo cual hace pensar que todos han tenido un origen similar. Sus estrellas centrales, las más grandes, se encuentran en un medio interestelar muy poco denso, mientras que cierta cantidad de gas se ha podido detectar en la periferia. Esto hace pensar que el gas interestelar ha podido ser desplazado de las zonas centrales debido al viento formado por las estrellas más masivas, o bien por el efecto de una supernova que, a modo de ventiladora, haya hecho disipar gran parte del gas. Este cúmulo sufre un importante y peculiar fenómeno que se denomina extinción, básicamente consistente en que el polvo que se interpone entre sus estrellas y nosotros oscurece la imagen que llega a nuestra retina, haciendo que su color se desvíe hacia longitudes de onda rojizas. Así, se ha podido estimar la presencia de dos nebulosas intermedias a una distancia de 600 y 3000 años luz, capaces de disminuir el brillo de sus estrellas en varias magnitudes, que se encuentran a unos 7800 años luz. Otra llamativa faceta de NGC 654 es su vecindario, que comparte con una nebulosa de reflexión denominada VdB 6 (justo en la periferia del cúmulo, junto a una amarillenta estrella de magnitud 9.6) y varias nebulosas oscuras denominadas LDN 1332, LDN 1334 y LDN 1337, extremadamente débiles pero bien visibles en la espectacular fotografía de Antonio F. Sánchez, en la que se pueden apreciar sus variopintos y opacos filamentos bloqueando la luz del fondo.

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Imagen obtenida por Antonio F. Sánchez

Visualmente, NGC 654 es un bonito cúmulo abierto en el que, a bajo aumento, se distingue como un parche nebuloso de forma redondeada que acompaña a una brillante estrella, y en cuya superficie se disemina una veintena de diminutas estrellas, titilando en la lejanía. Si usamos mayores aumentos podremos apreciarlas de manera más fácil, y algunas más aparecen entre las principales estrellas, brillando tímidamente y alcanzando la treintena. Los astrónomos que dispongan de mayor abertura y cielos cristalinos podrían atreverse quizás con las nebulosas que rodean a esta familia de estrellas; para el resto, obtendremos una bella imagen si lo contemplamos con un telescopio de campo amplio, apareciendo el cúmulo junto a NGC 663, e incluso alcanzando a ver a la vez a NGC 659 si disponemos de un telescopio de gran campo. Este campo salpimentado de agrupaciones estelares es bastante común en esta época del año, y encontraremos cientos de imágenes similares si vamos a la deriva con nuestro telescopio, recorriendo la Vía Láctea en estas llamativas constelaciones que tan bien se sitúan en el cielo en los meses otoñales.

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Subiendo por las piernas de Casiopea (1ª parte)

Todos tenemos claro que los griegos tenían una imaginación extremadamente prolífica para ver figuras donde nosotros vemos estrellas. Algunas de estas constelaciones tienen una forma que recuerda a su nombre, pero hay otras que nada tienen que ver, destacando, entre otras, Casiopea, que es una antigua reina cuyo cuerpo está formado por cinco brillantes estrellas en forma de letra “M” o “W”, según cuando la observemos. Sin embargo, podemos encontrar una explicación a esa forma contorsionista. Casiopea, como ya sabemos, era la mujer del rey Cefeo, y ambos presumían de la belleza de Andrómeda, su hija, alegando que era mayor que la de las Nereidas. Nero, molesto por tal comparación, se quejó ante Poseidón, que envió a Cetus, la ballena, a destruir el reino de la pareja. La única manera de evitar al monstruo fue ofrecerle a Andrómeda como sacrificio, pero Perseo la salvó ayudado de la cabeza de Medusa. Hasta aquí, la leyenda más contada del cielo nos suena a todos, pero resulta que tras la unión de Andrómeda y Perseo, Casiopea, que buscaba el matrimonio de su hija con Fineo, mandó a cientos de guerreros para asesinar a su yerno. Éste, viéndose acorralado, sacó la cabeza de la Medusa y los petrificó a todos. No es de extrañar, pues, que los dioses castigasen a Casiopea colocándola en el cielo en una postura tan poco refinada, con las rodillas dobladas y moviéndose por el cielo con la cabeza hacia el suelo, como si estuviera zambulléndose en el agua (como escribió el poeta Arato: “nunca más volverá a reinar en un trono, pero se zambulle como un buzo con las rodillas dobladas”).

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Con la explicación mitológica a la contorsionada figura de la reina, vamos a recorrer una zona que corresponde a sus piernas, plagadas, como si fueran lunares, de decenas de cúmulos abiertos para todos los gustos. Comenzaremos en la estrella que marca su extremo, Epsilon Cassiopeiae, también denominada Segin (en la Nasa se conoce como Navi, en honor a Virgil Ivan “Gus” Grissom, uno de los astronautas que murieron en la misión Apolo I). Es una estrella de tipo espectral B3 y una magnitud de 3.38, situada a la considerable distancia de 442 años luz. A ambos lados de esta estrella se sitúan los dos objetos que vamos a ver hoy. El primero de ellos es una interesante y escurridiza nebulosa planetaria cuyo descubrimiento se atribuye a Wilhelmina Fleming, la primera mujer en dedicarse a la astronomía de manera profesional. Trabajó para Edward Charles Pickering y catalogó más de 10.000 estrellas en función de su tipo espectral, descubriendo además numerosas estrellas variables y nebulosas, destacando entre estas últimas IC 434, más conocida como la Nebulosa de la Cabeza de Caballo.

La nebulosa planetaria a la que nos referimos ahora es IC 1747, una pequeña planetaria de apenas 20 segundos de arco de diámetro que se encuentra a unos 30 minutos de Epsilon Cas, por lo que seguramente nos deslumbrará al principio cuando intentemos buscarla. Tiene una magnitud visual de 12, que sumado a su pequeño tamaño le proporciona un brillo superficial elevado. Su estrella central brilla con una magnitud de 15.8, situándola fuera de nuestro alcance, ya que la dificultad es aún mayor por el hecho de estar arropada por un fondo gaseoso. Se encuentra a 9600 años luz de nosotros y a unos 35.000 años luz del centro galáctico, no habiendo más datos de interés en los artículos publicados, que son muy escasos. Su forma, como tantas otras planetarias, es anular, con unos borde gruesos más marcados en dos lados opuestos.

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La primera vez que la observé la encontré con facilidad gracias a su cercana localización a la brillante estrella, apareciendo a bajo aumento como una estrella desenfocada. Al usar el ocular de 5 mm, a 300 aumentos, pude observar un bonito disco redondeado con bordes bien definidos. Por entonces no conocía su estructura, y tras varios minutos observándola me sorprendió notar, durante varios segundos, un agujero oscuro en su interior. Sorprendido, busqué entre mis apuntes a ver si tenía algo anotado sobre ella, pero sólo indicaba su nombre y su posición, así que volví al ocular. Cuando mis ojos se adaptaron nuevamente a la oscuridad comprobé que no me había equivocado, adquiriendo la nebulosa un aspecto anular tremendamente atractivo, con unos bordes más gruesos de lo que suele ser habitual en estas nebulosas. Sonriendo, la dibujé con paciencia, y cuanto más tiempo pasaba mirándola más fácilmente notaba ese anillo engrosado. La contemplé una vez más antes de irme, observando esa esfera de gas entre tantas otras estrellas, estrellas que tarde o temprano seguirán el mismo camino que su compañera.

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Cogí el atlas y comprobé que muy cerca, al otro lado de Epsilon Cas, había un cúmulo abierto, así que me fui directamente hacia él. Se trata de NGC 637, un cúmulo situado a unos 7000 años luz de distancia y compuesto por unas 30 estrellas de edad relativamente joven, contando tan sólo con 10 millones de años de vida. La nebulosa que les vio nacer ya se ha disipado, pero las estrellas persisten unidas entre sí en un espacio de unos 10 años luz de diámetro. Es rico en estrellas variables cefeidas, las estrellas que nos permitieron comenzar a intuir la verdadera envergadura del cosmos, como comentábamos en esta entrada. NGC 637 es un cúmulo pequeño, que no llega a los 5 minutos de arco de diámetro, y sus estrellas más brillantes adoptan la forma del número “2” mirando hacia abajo, con unas 12 estrellas más brillantes y algunas otras asomando tímidamente entre el resto.

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Enlaces relacionados a la galería del Nido del Astrónomo:

-Nebulosas planetarias-

-Cúmulos abiertos-

Lindando con NGC 7789

La observación de hoy es el complemento ideal para cuando abordemos NGC 7789, el maravilloso cúmulo abierto de Casiopea del que ya hemos hablado con anterioridad. Los compañeros elegidos se encuentran muy cerca del cúmulo, y son una estrella doble y una nebulosa planetaria.

La estrella doble es Sigma Cassiopeiae, un brillante sistema binario que brilla con una magnitud de 4.88, visible por tanto a simple vista junto a uno de los extremos de la constelación. Situada a unos 5.000 años luz de nosotros, sus estrellas son de tipo espectral B, azules, pero llama la atención su diferencia de magnitudes. Mientras que la principal es una gigante azul (8 veces más grande que nuestro Sol), de magnitud 5, su compañera es más pequeña, brillando con una magnitud de 7. Parece ser que constituyen un sistema múltiple físico, girando una alrededor de la otra, aunque se desconoce con exactitud su período. Varios miles de años tienen que pasar seguramente para que completen una vuelta. Tras el ocular presentan una separación de tan sólo 3.1 segundos de arco, y la secundaria no parece especialmente azul, sino que brilla con cierta tonalidad amarillenta, efecto de la diferencia de brillo entre ambas. La magnitud de 7 de la secundaria hace que no quede eclipsada por la principal, aunque si la atmósfera se encuentra turbulenta o la observamos cuando Casiopea se encuentra bajo la estrella polar, como fue mi caso, parecerá algo más difícil de lo que es. La mejor etapa para observarla es en verano y otoño, cuando la constelación se alza y alcanza su punto más elevado.

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El otro objeto que acompaña a NGC 7789, algo más alejado, es una nebulosa planetaria que pertenece al catálogo Abell, con lo cual podemos tachar otra de esta peculiar lista de decesos estelares. Se trata de Abell 84, una planetaria de magnitud superior a 13 y brillo superficial muy bajo, que complica su observación para aberturas pequeñas. En fotografías de larga exposición puede apreciarse una interesante esfera con los bordes más engrosados, destacando una estrella que parece insertada en un extremo a modo de perla de un anillo. Recuerda a una versión más pequeña y difusa de Abell 33, que veremos en breve.

Foto Abell 84

Abell 84 no es un objeto sencillo de observar. Se puede encontrar sin problemas a partir de NGC 7789, a medio camino hacia la constelación de Pegaso. Si la noche es oscura y observamos a aumentos moderados, podremos percibir, una vez que nuestra vista se adapte a la oscuridad, cierta nebulosidad junto a nuestra estrella objetivo. Dedicándole más tiempo su forma redondeada se manifiesta algo más, aunque sigue siendo apenas un fantasma difuso. Es el filtro OIII el que finalmente permite captarla con mayor nitidez, y a pesar de ello necesitaremos hacer uso de visión lateral para contemplarla sin problemas. Su estrella central es completamente invisible a nuestros instrumentos, pero podemos imaginarla en algún lugar en medio de esa burbuja cósmica que tan tenue se nos muestra. La mayor parte de las 86 nebulosas del catálogo Abell son tan débiles que nuestra principal prioridad debería ser poder atisbar algunos de sus fotones.

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Los mundos de Caroline (NGC 7789)

Ya hemos hablado en alguna ocasión de Caroline Herschel, sin entrar en detalles, como descubridora de algunos objetos celestes (por ejemplo, NGC 2360, que recibe el sobrenombre de Cúmulo de Caroline). Caroline nació en Hanover (Alemania) en 1750 y fue hermana del prestigioso astrónomo William Herschel. En un principio ambos se dedicaban a la música, tocando el órgano y cantando, respectivamente, llegando a alcanzar una relación muy estrecha. Cuando William empezó a interesarse por la astronomía su hermana le siguió, trabajando como ayudante, pero enfrascándose poco a poco en este mundo hasta obrar con entidad propia. De hecho, fue la primera mujer en recibir un salario (de 50 libras anuales) por trabajar como científica, y fue galardonada numerosas veces por sus logros. Falleció a la edad de 97 años, y en su larga vida realizó importantes aportes al mundo de la astronomía. Sin ir más lejos, descubrió 8 cometas, así como varios objetos de cielo profundo, la mayoría cúmulos estelares, ayudando además a su hermano con su creciente catálogo de objetos estelares.

Hoy presentamos a uno de los más maravillosos cúmulos abiertos que podemos observar en estos fríos meses, cuyo descubrimiento debemos también a esta entregada astrónoma. Es un cúmulo situado en la constelación de Casiopea, cerca de Caph o Beta cassiopeaie, una gigante de tipo espectral F. Unos 2 grados al sur se encuentra NGC 7899, esta increíble aglomeración que fue descubierta por Caroline Herschel en 1783. Es un cúmulo que se encuentra a unos 7.600 años luz de nosotros y cuenta con más de 500 estrellas que van desde la magnitud 10 hasta la 18. Todas estas estrellas, brillando juntas, otorgan una magnitud conjunta de 6.7, situándolo al bordo de la visión a simple vista en lugares especialmente oscuros. Denominado “la Rosa de Caroline”, supone una vista impresionante a cualquier aumento.

Merece la pena observarlo con unos buenos prismáticos, apareciendo entonces como una pequeña nube y redondeada, difusa, en la que pequeñas estrellas parecen bullir sobre el fondo más oscuro. Con el Dobson 305 mm la visión resulta abrumadora. El ocular queda invadido por tantas estrellas que se hace imposible contarlas, aglomeradas especialmente en una zona de unos 15 minutos de arco, de forma redondeada, apreciándola mejor a 125 aumentos.

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Desde el primer momento llama la atención que la disposición de las estrellas en el cúmulo no es uniforme, sino que parece como si bandas negras se ubicaran por toda su superficie, impidiendo la visión de las estrellas que hay detrás. La primera vez que lo vi, sin saber lo que estaba viendo, ya mi mente quiso ver una flor perfectamente formada, con dichas bandas oscuras perfilando los pétalos, una rosa tal vez. Cuando leí sobre ella que le llaman la Rosa de Caroline o la Rosa Banca, no me cupo duda de que cualquier persona compartiría ese nombre. Ninguna estrella se lleva el protagonismo, sino que todas ellas se apoyan y es el conjunto el que transmite un mar de sensaciones. Si bien me resultó imposible contar todas sus componentes, calculé que unas 200 estrellas se mostraban visibles con el ocular de 13 mm. A mayores aumentos se veían incluso más, aunque en detrimento de su forma y de esas bandas oscuras tan llamativas.

Me pregunto cómo objetos de este calibre pudieron pasar desapercibidos a Messier que, sin embargo, captó muchos otros bastante más débiles. En cualquier caso, gracias a ello hemos podido conocer mejor el trabajo de otros astrónomos que, como Caroline Herschel, supieron hacerse camino y brillar con luz propia.

El placer de un viaje improvisado en Casiopea

Ésta es la historia de un viaje en el que, como suele pasar, el camino es más interesante que el final, un viaje en el que, a medida que se va recorriendo la ruta, aparecen pequeñas gemas escondidas que al final tienen un efecto mayor que el destino propiamente dicho. Este destino, la noche  del 2 de Diciembre, no era otro que una pareja de galaxias que pertenecen a nuestro Grupo Local, NGC 147 y NGC 185. Cogí el atlas para poder encontrarlas, y vi que sería fácil hacerlo desde una brillante estrella de Casiopea. A partir de ahí fue cuando comencé un viaje totalmente improvisado y lleno de sorpresas.

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La brillante estrella no era otra que eta cassiopeiae o Achird, una de las esquinas de la “W” que forma la constelación de Casiopea, junto a la brillante alfa cassiopeiae. Es una estrella que se encuentra a unos 19 años luz de nosotros, de clase espectral G y una magnitud de 3,5. Es una enana amarilla muy similar a nuestro sol tanto en tamaño como en brillo, con la peculiaridad de que cuenta con una estrella compañera orbitando junto a ella, una enana naranja de magnitud 7,5 a una distancia de 12.9 segundos de arco, lo cual la hace fácil de desdoblar con cualquier telescopio. De hecho como más disfruté de esta estrella fue a 65 aumentos, apreciándola perfectamente separada. La primaria, brillante y amarilla; la secundaria, con un tono rojizo que contrastaba de forma espectacular con su compañera. Fue un buen comienzo en el camino.

Al mirar el atlas pude comprobar que había una nebulosa planetaria muy cerca, Abell 2. “No pierdo nada por echar un vistazo”, pensé. Al fin y al cabo si no la veía ese día acabaría buscándola en cualquier otro momento. Seguí las tres estrellas tangentes a Achird me ubiqué en la zona. De entrada no pude ver nada, así que pensé que quizás estaría fuera de mi alcance. Sin embargo decidí tener un poco de paciente. Probé colocando el ocular de 7 mm, y a 214 aumentos, con visión periférica, alcancé a notar algo en la región donde debería estar. Miré entonces a través del filtro OIII y ahí estaba la planetaria, con una forma perfectamente circular y etérea como un fantasma, como si estuviera a punto de evaporarse. Al mirarla fijamente desaparecía rápidamente, volviendo a aparecer con visión lateral. Esta nebulosa también recibe el difícil nombre de PK 122-4.1, y fue descubierta en los años cincuenta por George O. Abell (su lista de nebulosas planetarias cuenta con 86 componentes de brillo relativamente débil). Aunque en algunos sitios Abell 2 aparece con una magnitud de 16.4, en otros refieren una magnitud de 14.1, lo cual me parece bastante más en consonancia con lo que pude ver.

Abell 2.png

(Desde aquí aconsejo, a todo aquel que no la conozca, una visita a NGC 281, la nebulosa Pacman. En esta entrada podéis leer sobre ella y, por su cercanía, bien merece la pena echarle un ojo)

Ya decidido a llegar a NGC 147 y NGC 185, miré nuevamente el atlas y fui saltando de estrella en estrella, de triángulos a cuadrados, guiándome por las formas que mi mente se encargaba de dibujar. Una de las que vi, a mitad del recorrido, vi que era doble. No tenía ninguna designación en el papel, pero me entró la curiosidad y me asomé al ocular. ¡Guau! No tenía nada que envidiar a eta cassiopeiae, si bien era completamente su antítesis. Dos estrellas de brillo medio, de color azulado, tan cerca que parecían tocarse y tan iguales entre sí que parecían dos perlas en el fondo del océano. De hecho, la visión más cómoda la obtuve con el ocular de 214 aumentos, en el cual quedaban perfectamente separadas pero extremadamente cercanas, y con razón, ya que se encuentran separadas por tan sólo 2,1 segundos de arco. La primera es de magnitud 7 y la secundaria de magnitud 8, y su visión me hizo preguntarme la inmensidad de estrellas tan increíbles que pasarán desapercibidas por nuestros telescopios. La estrella en cuestión se llama STF 59 ó HIP 3736 y ha pasado, sin duda, a ocupar un puesto privilegiado en mi (escueta) lista de estrellas dobles.

STG 59.png

Todavía maravillado por la azulada estrella doble y, viendo que estaba a punto de llegar a mi objetivo, decidí desviarme levemente y echar un vistazo a un cúmulo abierto cercano, no porque lo conociera, la verdad, sino por su curioso nombre, que captó inmediatamente mi atención: Alessi 1. Es un cúmulo abierto recientemente descubierto que fue pasado por alto por los grandes descubridores de los siglos pasados, algo que me parece extraño, ya que, sin ser uno de los más brillantes, es una agrupación que llama la atención. De hecho ya se apreciaba en el buscador como un manchurrón salpicado de estrellas débiles. Al telescopio tuve que usar 65 aumentos para que entrara en el campo de visión, ya que mide cerca de un grado de diámetro. Se encuentra a unos 2.500 años luz de nosotros, y el motivo por el que me pareció tan interesante fue su forma, que me recordó instantáneamente a un pájaro volando en el cielo, con las alas desplegadas a modo de dibujo infantil. Con una brillante estrella formando su cabeza, no pude menos que sonreír ante la curiosa silueta. Unas 40 estrellas, al menos, conforman este cúmulo, con algunas más débiles al borde del límite del telescopio.

Alessi 1.png

Todos los viajes llegan, de una u otra forma, a su final, y definitivamente me situé en los dominios de estas dos galaxias que orbitan a M31, la gran Galaxia de Andrómeda. NGC 147 es, sin duda, la más débil de las dos, ya que se encuentra más alejada de nosotros. Se encuentra situada a unos 2,53 millones de años luz, y es una galaxia enana esferoidal elíptica que se formó hace unos 10.000 millones de años, muy cerca de su compañera NGC 185. Esta última se encuentra a poco más de 2 millones de años luz, y comparte el mismo tipo de estructura. De hecho se ha podido comprobar que ambas galaxias están gravitacionalmente unidas y, además, comparten muchas de sus características. Las dos únicas parejas de galaxias conocidas en nuestro Grupo Local son las Galaxias de Magallanes y las que ahora nos ocupan. Las de Magallanes son, ambas, de tipo irregular, mientras que NGC 147 y NGC 185 son elípticas, lo cual hace pensar que el ambiente en el que se forma una galaxia es uno de los principales determinantes de su estructura final, como se ha descrito en recientes estudios al respecto.

Foto 147 185

NGC 147, sin embargo, es muy pobre en estrellas jóvenes. Su última oleada de formación se estima hace 3.000 millones de años, por lo que hoy queda en ella una población predominante de estrellas tipo 2, estrellas de edad avanzada y con baja concentración de metales, que se encuentran típicamente en cúmulos globulares, en el núcleo de las galaxias y, como acabamos de comprobar, en las galaxias elípticas, lugares “ancianos” por definición. NGC 185, sin embargo, cuenta con una población mucho más joven, rica en estrellas de tipo espectral O y B, haciendo gala, por tanto, de una población estelar tipo 1. Nuestro sol, sin ir más lejos, pertenece a esta subdivisión, que se caracteriza por edades más joviales y una alta metalicidad (esta abundancia en metales proviene de las explosiones de supernovas que predominan a estos niveles). Para perfilar este tema de las poblaciones estelares hay que mencionar un tercer e hipotético grupo, la población III. Teorizada hace apenas una década, sugiere la presencia de una población excepcionalmente joven de estrellas que habrían surgido poco después del Big Bang, siendo, por tanto, las primogénitas del resto de estrellas posteriores. En teoría serían estrellas compuestas por hidrógeno, helio y trazas de litio, enormemente masivas y brillantes, así como una vida excepcionalmente corta (de unos 2 millones de años). Su gran masa les llevaría a colapsar y explotar rápidamente en forma de supernovas que darían lugar a elementos más pesados y siguientes generaciones de estrellas. Hace unos meses un equipo, usando grandes telescopios, visualizó una galaxia tal y como era 800 millones de años después del Big Bang. No pudieron resolver sus estrellas debido a la gran distancia, pero sí pudieron detectar su abundancia en los gases descritos, sobre todo en hidrógeno, con una ausencia absoluta de metales. En los próximos años podremos conocer mucho más de estos antepasados primigenios.

Vuelvo a dar un salto en el tiempo a la noche del 2 de Diciembre de 2015, visualizando a NGC147 y NGC 185 tal y como eran hace 2 millones de años, una época en la que el Homo Rudolfensis poblaba las llanuras de África y descubría que si afilaba una piedra podía despedazar con más facilidad a sus presas. NGC 147 es grande, ocupando un área de unos 10 minutos de arco, pero extremadamente difusa. A 125 aumentos se aprecia como una mancha redondeada, algo ovalada, muy tenue, aumentando el brillo de forma gradual hacia el centro, hasta terminar en un núcleo más brillante y de aspecto puntiforme. Varias estrellas es adentraban en el halo de la galaxia, como si quisieran engañarnos y hacerse pasar por astros lejanos de ese mundo. Ningún detalle más se puede apreciar, pero eso es algo a lo que las galaxias elípticas nos tienen acostumbrados.

NGC 147

NGC 185 tiene una apariencia más “galáctica” que su compañera, si bien tampoco tiene gran cosa que ofrecer. Es más brillante, con un gradiente bien definido del centro a los bordes, perdiéndose por un área similar a NGC 147, de unos 10 minutos de arco. Se encuentra salpimentada por una decena de estrellas débiles que se superponen en su halo, con tres de ellas excepcionalmente cerca del intenso núcleo.

NGC 185

Tras disfrutarla durante unos momentos pude comprobar, en el atlas, que una débil galaxia se encontraba muy cerca, casi en contacto con NGC 147, llamada UGC 378. Decidí probar suerte, aprovechando que tenía la vista bastante adaptada a la oscuridad. En un primer instante no vi absolutamente nada, tan sólo una débil hilera de 4 estrellas junto a las que debería aparecer la galaxia. No obstante, intenté exprimir la vista hasta más no poder. Tras varios minutos usando diferentes oculares, durante un segundo, conseguí ver algo, una mancha alargada apenas perceptible. Fue su forma alargada la que me hizo confirmar que era lo que estaba buscando, y luego pude confirmarlo con imágenes en Internet. Su imagen impregnaba mi retina durante pocos segundos antes de desaparecer y fue, sin duda, uno de los objetos más débiles que he conseguido “adivinar” con el telescopio. Sin embargo, no he conseguido encontrar información sobre ella, así que, como dice alguna canción, sólo sé su nombre. La he incluido en el dibujo a 125 aumentos, como una mínima mancha en la región inferior derecha, aunque para verla fue imprescindible aumentar a 214.

Tras este último descubrimiento di por finalizada la travesía por esta zona de Casiopea, replanteándome lo útil y sugestivo que puede ser explorar el cielo con la única ayuda de un buen atlas impreso en papel. Habrá objetos que estén fuera del alcance de nuestro instrumento, pero con un cielo bien oscuro y paciencia las posibilidades de verlos serán mucho más altas. Galaxias, nebulosas, cúmulos, estrellas dobles… El cielo está plagado de la mayor variedad posible de formas y colores, y tenemos implementado el instrumental más interesante para abordarlo, dos buenos ojos. Y nos basta con uno.

En el brazo de Perseo (NGC 7538 y NGC 7510)

Hay zonas del cielo que derrochan luces y formas, lugares a los que apuntamos nuestros instrumentos y no podemos dejar de sorprendernos, aunque vayamos a ciegas sin saber lo que vamos a encontrarnos. Cúmulos, nebulosas, saltan a la vista conforme el ocular va avanzando y descubriéndonos un cielo que puede presumir de todo salvo de aburrido. Una de estas zonas es la que rodea a M52, a medio camino entre Casiopea y Cefeo, compartiendo los límites de sendas constelaciones que ya en la mitología aparecían unidas por el matrimonio, siendo ambos reyes de Etiopía y padres de la conocida Andrómeda (pero esa historia nos ocupará otro capítulo). La mayor parte de los objetos celestes que encontramos en este lugar pertenecen a la región Cassiopeia OB2, un enorme complejo de gases en continua evolución, con regiones HII y cúmulos abiertos recién formados que pueblan el brazo de Perseo de nuestra galaxia.

Una de esas regiones HII, visible con instrumentos de aficionado, suele pasar desapercibida porque comparte barrio con el imponente M52 y la delicada NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Estamos hablando de NGC 7538, también conocida como la «Nebulosa de la Laguna del Norte», por su similitud con M8. Es una nebulosa de emisión, una región HII en la cual se están gestando estrellas a partir del gas que se condensa por la gravedad y las corrientes dinámicas que, al igual que en el cielo azul, van moldeando las nubes dando lugar a caprichosas formas. NGC 7538 es un objeto rico en Hidrógeno ionizado, de ahí su color rojizo en fotografías, y brilla gracias que las jóvenes estrellas formadas en su interior impregnan sus átomos con radiación ultravioleta, haciendo, literalmente, que salten chispas y un aluvión de fotones salgan disparados en todas las direcciones. Se encuentra a unos 9.100 años luz de nosotros y en su seno acoge a la protoestrella más masiva que conocemos, NGC 7538S. Es una estrella de tipo espectral O, con una masa de entre 20-40 masas solares y un disco de materia y restos que la rodea con un diámetro de hasta 1.000 veces el de nuestro Sistema solar. En su región más interna este disco alcanza altas velocidades, produciendo un jet o chorro de materia que es lanzado en perpendicular hacia el espacio. Este chorro, según los últimos estudios, tiene una vida muy corta, habiendo aparecido hace tan sólo unos 2.000 años. En términos astronómicos es comparable a unos pocos segundos.

Foto 7538.jpg

La primera vez que vi a NGC 7538 fue a propósito. La segunda, sin querer, después de estar viendo M52 y NGC 7635, y al mover levemente el telescopio me encontré con él, sin saber que estaba tan cerca de los anteriores, casi rozándolos. De hecho, sin saber lo que estaba viendo, iba a dibujarlo de nuevo, y entonces me di cuenta de lo parecido que era a NGC 7538. Es una nebulosa de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro que se dispone alrededor de dos brillantes estrellas que llaman la atención por su similitud, como dos ojos que miran desde el cielo. A bajos aumentos es fácil apreciar algo de neblina que las rodea, más concentrada en el centro y difuminándose hacia el exterior. Hay que subir algunos aumentos para apreciar su silueta más claramente. A 125x el cielo se oscureció lo suficiente como para poder verla con comodidad. Casi instantáneamente apareció a la vista una especie de cuerno, una prolongación acaba en punta en uno de los lados de la nebulosa. Fácil de ver, más evidente con visión periférica, me dispuse a dibujarla. A los pocos minutos noté que, al otro lado, otra prolongación aparecía de forma más tímida, más difusa, pero con una forma similar. Tras plasmarla en el papel otra porción más engrosada acompañó a esta última en el ocular, quedando la imagen final como muestra el dibujo, una región central más brillante y tres prolongaciones que se pierden en el cielo oscuro. Las dos estrellas presiden la bonita imagen y ayudan a orientarse. NGC 7538 me sirvió para reforzar la importancia que tiene el tiempo dedicado, ya que conforme pasan los minutos los detalles van apareciendo como por arte de magia.

NGC 7538

Muy cerca de esta nebulosa encontramos otro curioso objeto, una agrupación de estrellas que llaman la atención cuando el ocular pasa por encima, ya que presentan una disposición abigarrada y largada, como si fuera una pirámide aplastada, y su magnitud aparente de 7.9 lo hace resaltar rápidamente de las estrellas de fondo. Previamente había contemplado este cúmulo abierto, pero hasta esa noche de Noviembre no le puse nombre. Se trata de NGC 7510, un llamativo cúmulo de apenas 4 minutos de arco de longitud que se encuentran a casi 10.000 años luz de nosotros. Comparte con NGC 7538 su lugar en ese inmenso complejo que es Cassiopeia OB2, y es uno de los innumerables cúmulos que podemos ver echando un rápido vistazo entre Cefeo y Casiopea (se encuentra dentro de los límites de Cefeo). La mayoría de sus estrellas son de tipo espectral B, como corresponde a estrellas jóvenes de apenas 10 millones de años de antigüedad. Poco a poco irán transformándose en estrellas rojizas y separándose como una bandada de aves que se dispersan, desligándose finalmente en su madurez. Ya visible con prismáticos, muestra su verdadera magnificencia con el telescopio a aumentos medios. A 125x se aprecian dos brillantes hileras de 5 ó 6 estrellas, con otras más tenues dispersas por su interior. El cúmulo a simple vista transmite la sensación de ser un triángulo con un vértice algo achatado, con la base formada por las estrellas más brillantes, en una disposición rectilínea que llama la atención y le da un carácter geométrico al conjunto.

NGC 7510

Merece la pena vagar por toda esta zona sin rumbo, con unos prismáticos o con un ocular de gran campo, dejándose llevar por la inmensidad y la variedad de formas que podemos llegar a encontrar. Ya habrá tiempo de ponerles nombre, pero de vez en cuando gusta observar despojándonos de tecnicismos, dispuestos simplemente a disfrutar con la vista, sin mayores pretensiones. Un grupo de estrellas minúsculas, un jirón de nube, ahí otro, esas estrellas tan brillantes que aparecen rodeadas por otras más tenues, una estrella doble, una esfera difusa flotando en el vacío… La región Cassiopeia OB2 bien merece un paseo.

Burbujas en el espacio (NGC 7635)

«El viaje fue movido. Atravesar un agujero de gusano no es precisamente agradable, y menos el que conecta nuestro sistema solar con la región 2 del brazo de Perseo. Eso sí, al llegar la vista es espectacular, con enormes nubes de gas rodean a las estrellas. Estamos en la región Cassiopeia OB, una zona en la que se están formando nuevas estrellas a
partir del  hidrógeno que flota y brilla con un tono rojizo. Ponemos rumbo al territorio marcado en el sistema Sh2-162de navegación, una nube HII que alcanzamos a ver a lo lejos, llena de distintas condensaciones, con largos filamentos de humo que se deshacen en el espacio. Según la pantalla es Sh2-162, os envío una imagen que acabo de sacar. Algo llama poderosamente mi atención, algo esférico… Parpadeo varias veces para cerciorarme de que lo que estoy viendo es real. ¿Una burbuja? Marcus, mi ayudante de a bordo, me mira estupefacto. Efectivamente, frente a nosotros se halla, flotando en el vacío, una inmensa burbuja de gas, una maldita pompa de jabón. He visto esferas en mis viajes, he visto estrellas que al morir expelen nubes redondas, pero esto… esto es distinto. Nos acercamos bajando la velocidad, siendo conscientes de lo verdaderamente grande que es esa esfera, perdiéndose sus bordes en la vastedad del abismo. En su interior brilla una  enorme estrella que parece invitarnos a pasar. Haciéndole caso, nos disponemos a cruzar el borde  de la esfera, tras el cual nos recibe una inmensa corriente de aire que desvía la trayectoria de la nave y la zarandea como si fuera una mariposa volando en un huracán. En medio del ajetreo y las turbulencias decidimos detener los motores y dejarnos llevar, a la espera de que amaine un poco y podamos retomar el control. Y navegamos sin rumbo…»

NGC7635

Si me preguntaran cuál es mi objeto favorito no sabría contestar, pero lo que sí tendría claro es que NGC 7635 estaría en mi lista más selecta. En la constelación de Casiopea, lindando con Cefeo, y a una distancia entre 7.000 y 11.000 años luz, se encuentra esta región HII en la que destaca, en fotografías de larga exposición, una curiosa formación. Es una burbuja de gas que se ha formado a partir de una estrella Wolf-Rayet (en esta otra entrada hablábamos de NGC 6888 y su estrella Wolf-Rayet). Estas estrellas, a grosso modo, son estrellas muy masivas y de vida muy corta que pierden de forma rápida la envoltura de gases que las compone, promoviendo la formación de fuertes vientos que empujan la nebulosa hacia el exterior, provocando la aparición de caprichosas formas. Este gas se ioniza por la radiación ultravioleta de la estrella en cuestión, BD+60 2522, y ya tenemos el espectáculo servido. Es sólo cuestión de tiempo que esta estrella llegue al final de su vida, colapsándose y estallando en forma de supernova, destrozando entonces cualquier atisbo de burbuja que pueda quedar aún.

NGC 7635

Es una nebulosa difícil de observar, que requiere instrumentos grandes para distinguir los detalles más finos. Sin embargo, algo podremos ver… Con mi Dobson 305 mm he necesitado dos noches para conseguir ver lo que plasmo en el dibujo. A bajo aumento destaca la nebulosidad asociada a BD+60 2522, con la forma de una hoja de árbol. Esa zona de gas es, en realidad, uno de los extremos de la circunferencia (una circunferencia no tiene extremos, pero entendemos la intención). Detrás de ella brillan reminiscencias de la región HII que rodea a toda la región, fácilmente visibles también. A diferencia del UHC, el filtro OIII me sirvió para ver estos detalles más definidos, obteniendo la mejor imagen a 125x (a mayores aumentos la nebulosa es más débil). Tras un buen rato adaptando la visión y sabiendo dónde mirar comenzó a hacerse patente la parte más oriental y brillante de la burbuja, de la circunferencia propiamente dicha.

Emociona poder ver atisbos de esta esfera, aunque no pudiera «cerrar» el círculo por completo. No obstante, la apunto a la lista de objetos para ver una y otra vez bajo todos los cielos. Estoy seguro de que al final, a base de práctica y hábito, una noche la burbuja aparecerá como por arte de magia.

PD: muy cerca de NGC 7635 está el famoso cúmulo Messier 52. Le dedicaremos otra entrada exclusiva, pero mientras tanto no estaría de más echarle un vistazo, sorprende con cualquier instrumento que se vea (en buenas noches se ve fácilmente a simple vista como una pequeña mancha entre Casiopea y Cefeo).