La Galaxia del Pingüino (Arp 142)

La mayoría de objetos que tengo en mi lista de observación los encuentro a partir de libros o fotos de astronomía, pero el objeto de hoy lo incluí por culta de una fotografía. No sabía si conseguiría ver la forma de la galaxia, ni siquiera si podría adivinarlas, pero me lancé en su búsqueda.

NGC 2936 es una galaxia apodada “la Galaxia del Pingüino” que se encuentra en la constelación de Hydra, en una posición bastante baja desde el hemisferio norte pero asequible si disponemos de un buen horizonte. NGC 2936 fue antaño una típica galaxia espiral, pero su encuentro con la cercana NGC 2937 la ha transformado en una de las siete maravillas celestes. La interacción gravitatoria  ha deformado sus brazos espirales y ha moldeado una peculiar forma que asemeja, para mí, un colibrí con su largo pico y las alas en movimiento hacia abajo. Presenta una asimetría total, con los bordes más cercanos a NGC 2937 plagados de condensaciones azuladas que son el reflejo lejano de millones de estrellas jóvenes que acaban de formarse. Podemos ver, incluso, algunas zonas de gas rojizo que se han salido, literalmente, de la galaxia por el influjo gravitatorio de su compañera. Gran parte del gas y polvo usados para formar estrellas también ha sido removido y podemos verlo en forma de densos filamentos oscuros que se perfilan contra  el brillo posterior de la galaxia. La estoica NGC 2937 aparece, sin embargo, firme y sólida, como si el encuentro intergaláctico no fuera con ella. Es una galaxia elíptica con el tono amarillento que le dan las estrellas de avanzada edad. En apenas mil millones de años ambas galaxias se habrán fusionado formando una sola galaxia elíptica, más grande y brillante aún que NGC  2937.

Ambas galaxias fueron descubiertas en 1864 por el astrónomo alemán Albert Marth (descubridor de, entre otros, NGC 6052 o NGC 6956). NGC 2936 tiene una magnitud de 12.9, mientras que su elíptica compañera alcanza las magnitud 13.6, si bien es quizás más fácil de distinguir porque su brillo está recluido en un espacio más reducido. Su bajo brillo se debe a su gran distancia, que se ha estimado en unos 320 millones de años luz. Pero la pareja cuenta, además, con otro importante atractivo, UGC 5130, una galaxia irregular o espiral vista de perfil que parece el trazo azulado que un enorme pincel ha dibujado junto a NGC 2936. Se encuentra, a pesar de ser más tenue, algo más cerca, a 230 millones de años luz de distancia, y, personalmente, fui incapaz de distinguirla con mi Dobson de 30 cm. Quizás necesite cielos más oscuros para ello. NGC 2936 y NGC 2937, catalogadas también como Arp 142, sí resultaron fácilmente detectables desde un primer momento, si bien tuve que hacer un esfuerzo para distinguir algún detalle más. NGC 2937 brillaba con mayor intensidad, con unos marcados bordes redondeados. NGC 2936, por el contrario era mucho más difusa. Su región más brillante era relativamente circular, y desde ahí se abría como un abanico a medio cerrar y torcido, como si NGC 2937 tirase de ella. La vista era, sin duda, un vago reflejo de la espectacular fotografía que me había motivado a su búsqueda, pero superó con creces mis expectativas y me hizo prometer que volvería a verlas dentro de poco, en compañía de algún telescopio de mayor apertura, para poder apreciar a  al azulada UGC 5130, completando así el exótico cuadro que la Hidra nos ofrece.

NGC 2936.png

Geografía galáctica (Abell 1060, el Cúmulo de Hidra)

Hoy vamos a provechar para hablar sobre el entorno de nuestra galaxia a gran escala, indagando sobre los supercúmulos que nos rodean y sus movimientos relativos. El universo no es un conjunto de galaxias dispuestas de forma caótica: se ordenan formando una red, una estructura de filamentos en cuyos nodos se aglomeran numerosas galaxias formando cúmulos, cuya población puede abarcar desde decenas hasta miles de galaxias unidas gravitacionalmente. Nuestro Grupo Local rinde pleitesía al Cúmulo de Virgo, a 65 millones de años luz de distancia, y formamos parte, junto con otros grupos, del Supercúmulo de Virgo.

Supercúmulo de Virgo.jpg

Pues bien, el Supercúmulo de Virgo se une estructuralmente a otros supercúmulos para formar una estructura más grande aún, conocida desde hace unos pocos años como Laniakea. Laniakea es una agrupación que engloba hasta 500 cúmulos y grupos de galaxias (probablemente más) y que mide más de 500 millones de años luz en su eje mayor. Otros supercúmulos que forman parte de Laniakea son el de Centaurus-Hydra, Pavus-Indus y el Supercúmulo Meridional, que engloba algunos cúmulos ya estudiados como el interesante Cúmulo de Fórnax. El centro de masas de Laniake reside en el Cúmulo de Norma (Abell 3627), en una zona especialmente masiva que se conoce como el Gran Atractor. Como su nombre indica, nuestro Grupo Local, así como todos los cúmulos cercanos, se mueven en torno a esta zona de gran atracción gravitatoria. Pero en el universo siempre encontramos estructuras más grandes y lejanas, de manera que el Gran Atractor es atraído, paradójicamente, por el denominado Supercúmulo de Shapley, que se encuentra a 650 millones de años luz y supera en masa a todos los anteriores.

Resultado de imagen de shapley laniakea

Pues bien, tras esta dosis de geografía extragaláctica vamos a centrarnos en uno de los bloques que conforman Laniakea. Se trata del Supercúmulo de Hidra, una gran familia de galaxias que a menudo se han asociado con las del Supercúmulo de Centauro. Sin embargo, estudios recientes separan ambos supercúmulos como entidades bien diferenciadas entre sí. El Supercúmulo de Hidra mide unos 100 millones de años luz en su eje mayor y se encuentra presidido por Abell 1060, el cúmulo que nos ocupa hoy. Este cúmulo, conocido simplemente como el Cúmulo de Hidra, tiene un diámetro de unos 10 millones de años luz y cuenta con 157 galaxias brillantes, aunque un número mucho mayor de galaxias menores orbitan, con seguridad, a las anteriores. En el conjunto se ha detectado, así mismo, una importante cantidad de materia oscura, debido principalmente a que la materia visible, por sí sola, no es capaz de explicar los movimientos que se observan en sus galaxias.

El centro del Cúmulo de Hidra lo ocupan dos galaxias elípticas destacadas, NGC 3309 y NGC 3311, ambas descubiertas por William Herschel en 1835. Con una magnitud de 11.6, son fácilmente visibles con pequeños telescopios bajo cielos oscuros. NGC 3311 cuenta con el honor de ser una de las galaxias conocidas con mayor número de cúmulos globulares, superando incluso a M87: cuenta con 16.000 globulares orbitando a su alrededor. NGC 3312, cercana a ellas, es una espiral de considerable tamaño y brillante al telescopio: resulta espectacular si ampliamos la fotografía inicial sobre esta galaxia, pudiendo apreciar sus brazos irregulares y llenos de oscuro polvo con una periferia difusa, probablemente a raíz de interacciones intergalácticas. Estas tres galaxias superan los 150.000 años luz de diámetro, comparables, por tanto, a nuestra propia galaxia. Para ver más galaxias hay que buscar con ahínco, pero un buen número de ellas están al alcance de un telescopio de apertura media. PGC 31422, NGC 3307 y NGC 3308, en orden  reciente de brillo, se encuentran alrededor de la pareja de elípticas. La última es una elíptica de magnitud 12, mientras que NGC 3307, una galaxia espiral, se acerca a la 13,5. PGC 31422, con una magnitud de 15.3, supondrá un desafío para la mayoría de telescopios.

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NGC 3314, cerca de NGC 3312, es una verdadera curiosidad cósmica. Es el resultado de la superposición de dos galaxias totalmente independientes. LEDA 31531, a 117 millones de años luz, es una espiral que la perspectiva ha situado justo encima de LEDA 31532, que se encuentra a más de 140 millones de años luz, otra espiral inclinada que pertenece al Cúmulo de Hidra. Galactic Silhouettes.jpgEsta casualidad ha permitido estudiar con gran nivel de detalle el polvo disperso por la primera galaxia, pues su color oscuro contrasta enormemente con la brillante galaxia de fondo. Con telescopios normales no podremos apreciar más que un borrón de magnitud superior a 13, pero aun así no deja de ser un objeto interesante. No muy lejos, PGC 31542 es otra pequeña y débil galaxia de magnitud 15.3, otro buen reto para nuestra vista. NGC 3316, una lenticular de magnitud, casi parece un foco luminoso a su lado. Por último, PGC 31537 es otra galaxia elíptica cuya magnitud, lejos de lo que podría hacernos temer el catálogo al que pertenece, es de 13.8, aunque su brillo superficial es bajo y no será tarea fácil. Por último, aunque con una magnitud de 18 es totalmente invisible con telescopios normales, me gustaría llamar la atención sobre un objeto que se encuentra al lado de PGC 31542, a la izquierda de NNGC 3312 en la fotografía. Si ampliáis la imagen podréis ver “algo” azulado y con cierta forma ovalada, con los bordes más brillantes. Al buscar su identidad me he encontrado con que está formado, en realidad, por dos lejanas galaxias que parecen unirse por sus extremos, dando esa apariencia de lazo.

Abell 1060 - detalles.png

No podría terminar este artículo sin hacer mención a las dos estrellas protagonistas que componen este cuadro, mucho más cercanas que todas las nubecillas que hemos visto. HR 4162 es la más brillante, con una magnitud de 4.8. Es una supergigagnte roja de tipo espectral M que se sitúa a 490 años luz de distancia. Tiene un color que llama poderosamente la atención, que la primera vez que la observé describí como ámbar. Su compañera, HD 91964, tiene una magnitud de 6.7, pero se encuentra a 1.000 años luz de distancia, con lo cual es de entender su menor brillo. No obstante, hace frente a HR 4162 con un interesante color nacarado, como si fuera un grano de arena que se ha quedado en el cielo. Estas dos estrellas no hacen más que añadir una nota de color y de interés a una familia tremendamente interesante, cuya única pega es su baja situación sobre el horizonte desde el hemisferio norte.

Detalles en NGC 3432

NGC 3432, en la constelación de Leo Minor, es otra de esas peculiares galaxias que Halton Arp se encargó de seleccionar, y es realmente un objeto que puede sorprender a cualquier persona, observe con el instrumento que observe.

NGC 3432, también conocida como Arp 206, es una galaxia espiral enana con una barra central que no se aprecia con claridad debido a que nos muestra su perfil. Un perfil, por cierto, totalmente irregular, plagado de claroscuros que recuerda a otras galaxias como M82 o NGC 4631.Fue descubierta, como tantos otros objetos, por William Herschel en 1786. NGC 3432, situada a una distancia de entre 40 y 45 millones de años luz, pertenece a la corriente de galaxias denominada Ramal de Leo, un filamento de galaxias que comunica el Cúmulo de Virgo con el Grupo Local, y al que pertenecen algunas de las galaxias que hemos visto, como NGC 3521 o NGC 2841. Arp 206 presenta extensiones dispersas en ambos extremos a modo de plumas difusas de material galáctico, que nos ponen sobre la pista de un encuentro entre galaxias. Efectivamente, a su lado podemos apreciar una nubecilla difusa, casi en contacto con NGC 3432, que no es sino la causante de estas disrupciones morfológicas, la galaxia enana UGC 5983, visible sin dificultad con telescopio de gran apertura,

Foto NGC 3432

Sin embargo, llama la atención la ausencia de un marcado brote estelar, tan típico de estas galaxias, como ocurría en NGC 2146. Algunos estudios afirman que, desde que un encuentro intergaláctico tiene lugar, pasan alrededor de 400 millones de años hasta que el brote estelar se manifiesta, por lo que no sería descabellado que NGC 3432 se encontrara en esa franja de tiempo.

Con una magnitud de 11.7, no es difícil distinguir a NGC 3432 con cualquier telescopio, por pequeño que sea, si observamos desde cielos oscuros. Con el Dobson de 30 cm se muestra a bajo aumento como una nube alargada con una longitud de entre 6 y 7 minutos de arco y una anchura que no llega a los 2 minutos de arco. En el centro presenta un realce del brillo en forma de barra, y conforme pasan los minutos comienzan a adivinarse algunos grupos en toda su extensión. MAC 1052-3640 es el nombre de una tenue condensación que ha separado de la galaxia en el extremo nordeste, el motivo por el que Halton Arp incluyó a esta galaxia en su catálogo (spirals with detached segments o, en castellano, espiral con segmentos separados). En mi caso no pude apreciar esa pequeña nube, probablemente por falta de oscuridad, pero con un poco de perseverancia y buena transparencia no debe suponer un problema. Lo que sí pude ver fueron dos zonas de mayor densidad, pequeñas y bien definidas, regiones con una destacada proliferación estelar que se muestran más fácilmente por poseer un mayor brillo superficial.

NGC 3432.png

 

De su padre y de su madre (Arp 143)

Hoy vamos a añadir un nuevo destino en la constelación del Lince, ese grupo de estrellas débiles, sin una forma llamativa, entre las cuales se esconden verdaderas maravillas al alcance de un telescopio de aficionado. Le toca el turno a una pareja de galaxias en interacción que han entrado a formar parte del catálogo Arp de galaxias peculiares como Arp 143:

Las estrellas de NGC 2444 y NGC 2445 están siendo testigos de un encuentro cósmico entre sus dos galaxias, situadas a unos 180 millones de años luz de nuestra Vía Láctea. Fueron descubiertas por Édouard Stephan en 1877 (el mismo que observó por primera vez el famoso Quinteto de Stephan). NGC 2444 es una galaxia lenticular, la más afectada de las dos componentes. Su halo difuso deja ver restos de lo que pudo haber sido un magnífico brazo espiral, hoy relegado a brillar tenuemente como una sombra del pasado.  NGC 2445, en contacto con ella, es una galaxia irregular que también ha perdido su forma anterior. Sin embargo, su superficie se ha visto adornada con una miríada de puntos azules, regiones densas formadas por miles de estrellas recién formadas. ¿Por qué una galaxia se anemiza de esa manera mientras que la otra reluce como si hubiera fuegos artificiales? Hay muchos motivos que pueden propiciar esa diferencia, pero NGC 2445 tenga, probablemente, mayores reservas de gas que, al sufrir un aumento de densidad tras el choque entre nubes moleculares, produce un prolífico brote esetelar. Sin embargo, curiosamente, NGC 2444 tenía antes de la colisión el doble de masa que su compañera, por lo que debería haber sido la menos afectada por el encuentro. ¿Quizás había perdido ya gran parte de su gas? Por ahora lo único que podemos hacer es lanzar hipótesis y fantasear. Si observamos con detenimiento la fotografía anterior veremos que, arriba a la izquierda del núcleo de NGC 2444, justo antes de que su halo se funda con el cielo, brilla una fina estrella. Pues bien, no es una estrella, sino un quásar cuya luz se emite desde una distancia mayor de 10.000 millones de años luz. Su magnitud es de 17.5 así que su observación está reservada a telescopios gigantes o a la astrofotografía.

Cuando observé Arp 143 por primera vez me llevé una grata sorpresa: antes de tener la visión adaptada a la oscuridad ya pude intuir una imagen irregular que me hizo soltar una risa nerviosa. Últimamente estoy comprobando que, en muchas ocasiones, los primeros segundos que observamos un objeto nos pueden adelantar si habrá detalles interesantes. En el caso de Arp 143 no me cabía duda. Conforme pasaron los minutos pude distinguir sin problema los dos núcleos de las galaxias, siendo el más brillante el de NGC 2444.  Esta última se acompañaba de un halo ovalado e inclinado con respecto a NGC 2445, algo asimétrico. NGC 2445 tenía una forma triangular, fruto de uno de los arcos más destacado de la galaxia, según pude comprobar después con una fotografía. El otro arco no conseguí distinguirlo, puede que me faltara tiempo de observación o, simplemente, mayor apertura. Una estrella se situaba al lado de las galaxias conformando una hilera con sus brillantes núcleos, pudiendo haber pasado por una supernova de NGC 2445. No sería raro, pues esta galaxia, gracias a su brote estelar, alberga supernovas cada poco tiempo, siendo la última registrada en el año 2016. Con telescopios de mayor apertura podremos hacer una exploración minuciosa de muchas de sus regiones de formación estelar, pero con los de menor apertura también podemos disfrutar largamente de esta peculiar pareja.

Arp 143.png

Sumergidas en el mar ardiente (NGC 2276 y NGC 2300)

Hoy vamos a viajar muy lejos con rumbo al norte, tan al norte que sólo nos desplazaremos 4 grados desde la estrella polar, en la constelación de Cefeo. Allí reside una peculiar pareja de galaxias que podemos disfrutar sin dificultad desde cielos oscuros. Se trata de NGC 2276 y NGC 2300, las principales componentes de una familia de cinco galaxias que se conoce como el Grupo de NGC 2300, situado a una distancia que oscila entre los 100 y los 150 millones de años luz. NGC 2300, una galaxia elíptica, es la más brillante de las dos, y por ello fue la primera en ser descubierta por Alphonse Borrelly en 1871. Cinco años después el astrónomo Friedrich August Theodor Winnecke vería por primera vez a su exótica compañera NGC 2276. Hoy en día la astrofotografía nos permite maravillarnos con imágenes como ésta:

NGC 2276 es, sin duda, la galaxia más especial del grupo. Es una espiral cuya asimetría le ha valido para entrar en el catálogo Arp de Galaxias Peculiares con la denominación de Arp 25. Además, es uno de los pocos objetos que puede presumir de aparecer en dos entradas de este catálogo: Arp 114 hace referencia a la pareja que forma junto con NGC 2300, en el apartado de galaxias elípticas en interacción con galaxias espirales. NGC  2276 presenta un prominente brazo plagado de regiones HII y brillantes condensaciones, además de otros más pequeños y discretos que se arremolinan en una espiral blanco-azulada. Su cercanía a NGC 2300, que se encuentra a tan sólo 250.000 años luz de ella, podría parecer la clara causante de tal asimetría y de su elevada proliferación estelar, pero parece ser que no es el caso. NGC 2276 está sufriendo un proceso que se conoce como “Ram-pressure stripping”, que en inglés viene a significar “pelar o desnudar”. Lo que ocurre con esta galaxia es que se está desplazando a gran velocidad a través del medio intergaláctico, que es especialmente denso y caliente. De esta manera, NGC 2276 está viéndose influenciada por una especie de viento intergaláctico que alcanza millones de grados centígrados, como un fragmento de asteroide que se “enciende” al penetrar en nuestra atmósfera. La región de NGC 2276 que avanza contra este medio intergaláctico, la proa de la galaxia, sufre entonces un intenso brote estelar. En la siguiente imagen podemos apreciar la gran burbuja de rayos X que se encuentra entre las dos galaxias protagonistas, que alcanza un diámetro de más de un millón de años luz:

X-ray image of the NGC 2300 group of galaxies

Podemos añadir aún más detalles en esta galaxia. En uno de los brazos de NGC 2276 se ha encontrado un peculiar objeto que brilla con intensidad en ondas de radio. Todo parece apuntar a que se trata de un agujero negro de masa intermedia, con una masa equivalente a 50.000 soles. Al igual que otros agujeros negros, NGC 2276-3C, como se ha catalogado este objeto, emite dos intensos jets de radiación, teniendo uno de ellos la considerable longitud de 2.000 años  luz.

A la hora de observarlas la galaxia que más llamará nuestra atención es, paradójicamente, NGC 2300, sobre todo por ser la más brillante. Tiene una magnitud 12.1 y presenta un núcleo muy concentrado y de apariencia estelar. El halo se extiende formando un óvalo ligeramente excéntrico, perdiéndose sus bordes difusos con el cielo. NGC 2276, acompañada de dos brillantes estrellas, cuenta con una magnitud de 11.8, y sin embargo es más difícil de ver: un mayor tamaño y un menor brillo superficial contribuyen a ello. No conseguí distinguir sus brazos ni su estructura asimétrica, tan sólo una débil nebulosidad con visión periférica, una fantasmagórica reminiscencia de lo que es en realidad. Sin embargo, no deja de ser fascinante observar esas nubes tan lejanas e imaginarlas nadando en un mar de rayos X, camino a un futuro encuentro que terminará por unirlas en una misma galaxia. Cuando observemos a NGC 2276 no olvidemos prestar atención por si distinguimos alguna débil estrella en su superficie: es una de las galaxias en la que más supernovas se han descubierto, contando con unas seis de ellas en los últimos 70 años. La última, en 2016, tan sólo llegó a alcanzar la decimosexta magnitud.

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Algodón en Casiopea (NGC 278)

Si por algo es famosa Casiopea es por sus cúmulos abiertos, así que siempre es de agradecer la presencia de una galaxia brillante como NGC 278:

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Cuando la apunté en la lista no pensé que sería tan interesante de observar. NGC 278 es una galaxia de tipo SAB, a pesar de lo cual la mayoría de los autores coinciden en que no presenta ninguna barra interna. Es una espiral que vemos completamente de frente, descubierta por William Herschel en 1786. Sin embargo, cuenta entre sus méritos con uno más destacado, y es que fue una de las espirales de Lord Rosse: en una época en la que no se conocía la existencia de galaxias, Lord Rosse, armado con su Leviatán de 72 pulgadas de diámetro, describió la presencia de algunas nebulosas con una estructura en espiral. M51 o M101 son algunas de las más conocidas, pero también registró otras más débiles como es el caso de NGC 278. Su distancia se estima en unos 38 millones de años y su tamaño es pequeño, alcanzando apenas un diámetro de 23.000 años luz. Otra de las peculiaridades de esta galaxia es que presenta una importante tasa de proliferación estelar que se dispone formando un anillo de unos 5.000 años luz de diámetro. Esta estructura suele verse en espirales barradas, por lo que su presencia en NGC 278 es algo difícil de explicar. La proliferación estelar se disparó hace pocos millones de años, probablemente debido a la fusión con una pequeña galaxia rica en gas. Esa fue probablemente una de las últimas “comidas” de la galaxia, pues se encuentra en una región del espacio especialmente vacía, siendo su vecina más cercana UGC 672, distando de ella unos 2 millones de años luz.

NGC 278 es una galaxia brillante, con una magnitud de 11.5, visible por tanto con la mayoría de telescopios. Se encuentra lindando con Andrómeda, al lado de las conocidas NGC 147 y NGC 185. El aspecto de NGC 278, nada más asomarnos al ocular, es el de una esfera de unos 2 minutos de arco y núcleo brillante de aspecto casi estelar. Cuando la observé por primera vez me pareció estar contemplando un lejano cúmulo globular, porque ante mi sorpresa su superficie no  parecía perfectamente homogénea. Escribí al lado del dibujo “a veces se ven pequeñas condensaciones que parecen estrellas borrosas”, y efectivamente es algo que muchos observadores destacan de esta galaxia. Una de estas condensaciones ocupaba el borde septentrional de la galaxia, mientras que otra de las más destacadas se situaba hacia el noroeste, ambas correspondiendo a brillantes regiones HII que en fotografías se aprecian sin ningún problema (especialmente la primera de ellas). No pude observar su estructura espiral, así que habrá que hacerle una nueva visita cuando las condiciones sean mejores.

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M81 y M82 a través del Celestron Astro Fi 5

Debo confesar que cuando vi el telescopio que traía mi amigo Leo no pude evitar soltar una carcajada: no me podía imaginar que sería capaz de mantenerme entretenido durante horas y horas. Estoy hablando del Astro Fi 5 de la marca Celestron, un telescopio portátil de 125 mm de apertura y una focal de 1250 mm: sin embargo, es un Schmidt-Cassegrain, por lo que la longitud de su tubo es de apenas 24 cm, casi lo mismo que un folio de papel…

Astro fi 5.jpg

No obstante, me guardé mis prejuicios mientras introducíamos en su mando Goto «M81» y el telescopio, con un leve sonido, se desplazada a través del cielo buscando su objetivo. Entonces me asomé y no pude más que proferir un «¡Anda ya!». Me alejé del ocular para volver a mirar el tubo, intentando comprender cómo algo tan pequeño podía dar una imagen tan conseguida de M81 y M82, las dos conocidas galaxias de las que ya hemos hablado en esta entrada.

Con el ocular Televeue Panoptic de 24 mm el campo era bastante amplio y las estrellas, perfectamente puntuales, poblaban todo el campo. A esos 52 aumentos las dos galaxias entraban perfectamente de manera simultánea y se podían apreciar con visión directa sin mayor problema. M81 desplegaba una bonita forma ovalada en cuyo centro destacaba un núcleo estelar y brillante. La zona interna, el bulbo, resplandecía más que la periferia, que se extendía a ambos lados en un intento de parecerse a M31 cuando la observamos a través de un par de prismáticos (salvando las distancias, claro). M82 aparece algo más débil pero fácilmente visible como un trazo alargado y fantasma de brillo homogéneo. Un vistazo más atento, así como varios minutos de adaptación a la oscuridad, permiten apreciar, incluso a tan bajo aumento, la débil línea oscura que atraviesa su región central y que es un reflejo del inmenso brote estelar que ha tenido lugar recientemente en esta galaxia. Terminé la observación de esta pareja de objetos con una sonrisa en la cara, y no pude evitar seguir usando esta «pequeña» herramienta que mostraba cosas tan lejanas y débiles.

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La solitaria NGC 1156

Aries no es precisamente una constelación rica en objetos de cielo profundo, aunque si ahondamos un poco podemos desenterrar algunos verdaderamente interesantes. NGC 1156 es uno de estos objetos, fácilmente visible desde cielos oscuros y con algunas características que la hacen especial:

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NGC 1156 es una galaxia enana magallánica cuya distancia varía según el estudio que se utilice: desde los 6 millones a los 20 millones de años, lo que sí está claro es que se encuentra relativamente cerca. Es, además, una de las galaxias más aisladas que podemos encontrar en nuestra vecindad, con millones de años luz a su alrededor en los que no flota ni la más pequeña galaxia. Sí se ha encontrado, sin embargo, una masa de hidrógeno neutro que se encuentra justo al lado: se ve muy bien en radiotelescopios, pero no guarda en su interior ninguna estrella visible, por lo ha sido considerada una galaxia oscura. Además, NGC 1156 presenta zonas donde el gas interno gira en sentido contrario al resto de la galaxia (lo que en inglés se conoce como countner-rotating gas), un comportamiento  fruto de la colisión, en el pasado, con otra  pequeña galaxia. Presenta también un núcleo HII, con inmensas cantidades de gas, una muestra más de que, aunque NGC 1156 es una galaxia solitaria, hace millones de años tuvo que tener una vida social más activa.

Con una magnitud de 12.3, NGC 1156 es fácil de distinguir con pequeños telescopios si observamos alejados de la ciudad. Su tamaño es de unos 3.3 x 2.5 minutos de arco, y soporta bastante bien los aumentos elevados, que serán imprescindibles si queremos distinguir algún detalle. Aparece como una nube ovalada situada entre dos estrellas, una de ellas más brillante, con un brillo relativamente uniforme. Los bordes se pierden difusos en el fondo celeste, y tras varios minutos podemos comenzar a comprobar que el centro no es homogéneo. A 214 aumentos pude ver dos puntos más destacados que coinciden con regiones HII, así como algunos lejanos y débiles grumos nebulosos que añadían aún más interés a esta infravalorada galaxia.

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Arcos sobre NGCG 474 (Arp 227)

Hoy viajaremos a 100 millones de años luz para contemplar un verdadero espectáculo, de nuevo en la extensa constelación de Piscis. Visualmente obtendremos una imagen más discreta, pero no por ello podemos dejar de sorprendernos con la siguiente fotografía:

arp-227

Se trata de NGC 474, una galaxia que, junto a NGC 470, es conocida como Arp 227. Ésta última es una espiral pequeña, brillante y ovalada, que no llamaría especialmente la atención si no fuera porque se encuentra a 160.000 años luz de su exótica compañera. NGC 474 es una galaxia difícil de definir (incluso en fotografías no es fácil apreciar su naturaleza galácttica): es una lenticular o elíptica con una región central muy brillante y definida que despliega a su alrededor enormes arcos de materia que conforman un variopinto cuadro cósmico. Varias capas de diferente densidad se aglomeran a su alrededor, extendiéndose hasta, prácticamente, rozar a NGC 470. Entre ambas galaxias discurre un puente de gas formado principalmente por hidrógeno neutro. La identificación de este gas ha permitido descubrir, también, la presencia de dos pequeñas y difusas galaxias, de manera que podemos considerar el conjunto como un grupo galáctico formado por cuatro componentes. Sin duda, el elemento más característico es ese entramado de filamentos que se disponen rodeando a NGC 474. ¿Cómo han podido formarse? La causa no está nada clara: uno podría pensar en el fruto de una interacción intergaláctica que produjera un tirón gravitatorio, arrastrando consigo estrellas y gas… De hecho, hay pruebas de que NGC 474 y NGC 470 han interaccionado no hace mucho, pero si el encuentro hubiera sido lo suficientemente intenso como para producir tal destrozo en NGC 474, ¿por qué su compañera, más pequeña, conserva su estructura relativamente intacta? Otra posibilidad apunta a una fusión entre galaxias, un violento encuentro que hubiese truncado la paz de NGC 474. Sin embargo, tras una fusión intergaláctica se pueden apreciar, al menos, dos poblaciones de estrellas con distinto movimiento, cada una llevando la inercia de su galaxia progenitora: en NGC 474 todas sus estrellas bailan al unísono, con lo cual podemos desechar este hipotético escenario. Resumiendo, no sabemos todavía a qué se debe tal despliegue de estrellas y gas, ni si quisiera si su causa ha sido interna o externa… Pero no por ello vamos a dejar de disfrutarlo.

Apuntemos nuestros telescopios al centro de la constelación de Piscis, no muy lejos de la peculiar galaxia NGC 520. Si la noche es oscura no tendremos ningún problema en apreciar a NGC 470 como una pequeña y brillante mancha ovalada, brillando con una magnitud de 12.53. A poco más de 5 minutos de arco de distancia, NGC 474, de magnitud conjunta 12.37, puede parecer algo más débil, debido principalmente a que la luz debe repartirse por un área mayor. Su tamaño supera los 6 minutos de arco si tenemos en cuenta el sistema de capas que la rodea, aunque visualmente no veremos más que la región central, una esfera tenue y bien delimitada de núcleo puntiforme. Los arcos circundantes quedan lejos del alcance de los telescopios, si bien a partir de cierta apertura podemos aspirar a distinguir un débil y extenso halo que rodea a la galaxia. No muy lejos de esta pareja y cerca de una brillante estrella,  podemos aprovechar para observar en el mismo campo de visión a NGC 467, una lenticular de magnitud 13 que se encuentra a más del doble de distancia que las anteriores, a unos respetables 250 millones de años luz.

NGC 470

La galaxia del anillo (NGC 660)

Una verdadera sorpresa nos aguarda en Piscis si conseguimos escaparnos a cielos especialmente oscuros, un objeto único en su especie que, sin duda, se encuentra infravalorado por su relativa debilidad. Se trata de la galaxia NGC 660, y con la siguiente imagen obtenida por Adam Block podemos empezar a conocerla por todo lo alto:

n660s

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/Arizona

A priori podría parecernos una galaxia de brazos deformados, de manera similar a lo que ocurría con NGC 4088, pero una mirada más atenta nos revelará su exótico secreto: esos “brazos deformados” son realmente un anillo de material que rodea a la galaxia central, algo que podría recordarnos al famoso Objeto de Hoag. Sin embargo, a diferencia de aquel, NGC 660 se encuentra a tan sólo 45 millones de años luz, con lo cual nos permite observar con mayor detalle: la única pega es su orientación, ya que si estuviera de frente el espectáculo sería aún mayor. NGC 660 es una galaxia lenticular en estadio evolucionado, de una intensa atonalidad amarillenta que viene dada por la presencia de estrellas de avanzada edad. Una de las hipótesis para explicar la formación de la estructura anular se basa en el robo de material, de manera que, hace unos mil millones de años, una pequeña galaxia habría pasado cerca de NGC 660, cuya fuerza de gravedad habría arrastrado gran parte de sus estrellas hacia ella, quedando éstas flotando a su alrededor tal y como podemos ver hoy. Otra teoría habla en favor de una colisión entre dos galaxias, siendo parte del material expelido al exterior y atrapado nuevamente formando el anillo.

El anillo, que posee un diámetro de unos 50.000 años luz, no sólo contiene estrellas, sino una gran cantidad de gas. De hecho, podemos ver que está poblado por multitud de condensaciones y nubecillas rojas, fruto de una intensa proliferación estelar: el último episodio masivo de formación de estrellas ocurrió hace apenas 7 millones de años. Además, cerca del centro de la galaxia se ha detectado una importante emisión de ondas de radio proveniente de un objeto extremadamente masivo que parece corresponder a un supercúmulo estelar de unos 21 años luz de diámetro. En 2012 el núcleo de NGC 660 sufrió un aumento repentino de su emisión, multiplicando su brillo diez veces más de lo que cabría esperar si hubiera sido causado por una supernova. Tras estudiar el evento con múltiples instrumentos se llegó a la conclusión de que el aumento de brillo se debía a la emisión de jets por un supuesto agujero negro desconocido hasta el momento. Material de la galaxia habría terminado por caer en las garras de este agujero negro, girando a gran velocidad y, al acercarse lo suficiente, parte del material sería emitido en forma de potentes chorros polares.

NGC 660 no es un objeto especialmente brillante, con una magnitud 12, aunque no nos supondrá gran dificultad discernirlo contra el cielo oscuro, al menos en lo que se refiere a la galaxia central, que aparece como una nube difusa y algo alargada. El campo circundante es bastante pobre, lo cual nos ayudará a no distraer nuestra mirada, pues nuestros esfuerzos irán encaminados a atisbar ese inmenso anillo que abraza la galaxia. Para conseguirlo es primordial conocer su orientación, de manera que nuestros ojos espíen directamente el lugar correcto, haciendo uso de visión periférica y de la mejor adaptación posible a la oscuridad. Aproveché la oportunidad para verlo el verano pasado, desde los limpios cielos de Postero Alto, con una magnitud límite a simple vista en torno a 6.5. Estuve más de  media hora observando esa mancha alargada, escudriñando sus bordes en busca de alguna desviación que señalara al anillo, y finalmente, tras un enorme esfuerzo, comenzó a dejarse ver. Aparecía por segundos, desapareciendo acto seguido hasta que volvía a mirar con la vista más descansada. La estructura anular se manifestaba como una marcada desviación del eje de la galaxia, como si sus extremos giraran a 45 grados y se alejaran del centro, fantasmales, casi invisibles pero extrañamente definidos. Con instrumentos por encima de los 40 cm de apertura su observación debe ser bastante más sencilla, por lo que, si tenemos la oportunidad de observar a través de ellos, no perdamos la oportunidad de deleitarnos con un objeto tan exótico. El esfuerzo valdrá, sin duda, la pena.

NGC 660