Sigma Orionis: una historia de muchos

Llevamos ya dos años en este inhóspito planeta y seguimos sin recibir noticias de la nave de rescate. Tenemos suministros para otros dos años, así que espero recibir noticias pronto… Hemos dedicado este tiempo al estudio de Morfeo, el apodo que le hemos puesto a este planeta cuya noche dura tres veces más que el día. Curiosamente, este período no varía a grandes rasgos, lo cual nos ha permitido estudiar la Asociación Orión OB1 desde un lugar privilegiado. Durante el día brilla la estrella principal, que según nuestras cartas estelares es σ Orionis B. Su brillo no llega a eclipsar a las dos principales estrellas del sistema, dos llamativas estrellas que parecen tocarse en la distancia y que son las responsables de alargar el día. En estos dos años hemos podido comprobar que giran entre sí, completando una vuelta cada 143 días, y una de ellas, ligeramente más brillante, resplandece con cierta tonalidad azulada. De noche podemos ver la nebulosa de la Cabeza de Caballo, que desde este lugar adopta una forma totalmente distinta, apareciendo como una inmensa nube rojiza que ocupa una buena porción del cielo, con filamentos de luz que se expanden alrededor de la brillante Alnitak. Un débil punto luminoso atravesó el cielo el año pasado en el transcurso de pocos meses, a un ritmo lento pero estable, disminuyendo poco a poco su brillo a medida que se alejaba de Morfeo. No titilaba; probablemente sería un planeta sin estrella, uno de esos que, según se cuenta, pueblan esta zona. No puedo negar que Morfeo sería un bonito lugar para pasar en paz los últimos años de la vida…

σ Orionis (sigma Orionis) es una estrella que ha cautivado a los astrónomos desde hace siglos, siendo conocida también como 48 orionis o Struve 762. Pertenece a la famosa asociación Orion OB1, una enorme región formada por gas y jóvenes estrellas que se sitúa a poco más de 1000 años luz de distancia, y contiene en su interior verdaderas joyas del cielo como M42 y el Cinturón de Orión. σ orionis se formó hace unos 3 millones de años, y en su historia han participado muchos astrónomos a lo largo de los últimos siglos.

Conocida desde la antigüedad, fue Christian Mayer quien, en 1776, la catalogó como una estrella triple, y justo 100 años después se descubrió el cuarto componente de este interesante sistema. Pero las sorpresas continuaron con el descubrimiento de que su estrella principal era en realidad una doble extremadamente cerrada, logro obtenido por Sherburne Wesley Burnham en 1892. De esta manera, σ Orionis quedaba registrada como una estrella quíntuple, al menos hasta que, en 2011, un equipo internacional liderado por los españoles Sergio Simón-Díaz, Jose Antonio Caballero y Javier Lorenzo (puedes leer el interesante artículo en este enlace) descubrió que la estrella central era, a su vez, una binaria espectroscópica, con lo cual quedaron definidas sus 6 componentes. Hasta hoy no ha habido más cambios en cuanto al sistema principal, pero sabemos, además, que está acompañado de muchas otras estrellas, conformando lo que sus descubridores han venido a llamar Cúmulo de σ Orionis. Vamos a estudiar sus componentes con un poco más de detalle.

El centro del sistema está dominado por la binaria espectroscópica σ Orionis Aa y Ab, ambas tan juntas que completan una órbita en tan sólo 143 días. De magnitudes 4.2 y 5.1, sus tipos espectrales se han caracterizado como O9.5 y B0.5, respectivamente. La mayor tiene una masa similar a 19 veces la del Sol, mientras que σ Orionis Ab cuenta con 15 masas solares, masas que preconizan su destino: terminarán sus días en forma de supernova, y la explosión de la primera, que ocurrirá antes, será el motivo más probable de la disolución del cúmulo. Una estrella algo menor, de 9 masas solares, orbita a este par a una distancia mayor, rondando las 100 unidades astronómicas (el equivalente a 100 veces la distancia entre el Sol y la Tierra). Es el protagonista de la historia que abría esta entrada, y su lenta rotación hace que complete una vuelta alrededor de las dos principales en 157 años. Se denomina σ Orionis B y se encuentra separada de σ Orionis Aa/Ab por tan sólo 0.25 segundos de arco, siendo extremadamente difícil de separar con telescopios de aficionado. Sin embargo, su descubridor usó tan sólo un telescopio de 30 cm de apertura para intuirlo: su pericia y las condiciones atmosféricas debían rozar la perfección. Los rápidos vientos generados por este trío de estrellas son los responsables de haber “esculpido” la nebulosa IC 434, la famosa Cabeza de Caballo que, muy cerca de Alnitak, deslumbra en las fotografías de larga exposición.

El sistema principal lo terminan de conformar otras tres estrellas, más lejanas y débiles. σ Orionis C se sitúa a 3900 UA de las binarias centrales, y es una estrella de tipo espectral A2. σ Orionis D y E son estrellas de tipo espectral B, grandes estrellas con una masa 7 veces mayor que el Sol y una magnitud levemente superior a 6. Se encuentran a distancias mucho mayores, a 4.600 y 15.000 UA del centro, respectivamente, tardando en completar sus órbitas miles de años. σ Orionis E es una estrella rica en helio, una estrella en la que el hidrógeno superficial ha sido retirado, posiblemente debido a fuertes vientos estelares, poniendo de manifiesto su capa más interna rica en helio.

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Imagen en falso color. Crédito: Caballero et al. 2007

Alejándonos de este sistema podemos tomar conciencia del cúmulo de estrellas que acompañan a σ Orionis a través del espacio. Se han contado unos 400 cuerpos celestes formando parte de este cúmulo, encontrando una amplia variedad en cuanto a su naturaleza. Hasta un 33% de las estrellas de masa media han mostrado a ojos del Spitzer un disco protoplanetario, es decir, un disco de polvo y material que está en proceso de convertirse en un sistema solar, un paisaje similar al que presentaría nuestro sol hace 5.000 millones de años. También se han encontrado enanas marrones, cuerpos de una masa tan baja que son incapaces de iniciar la combustión de hidrógeno (podrían considerarse como estrellas fallidas). Otra muestra de este “bestiario galáctico de amplio espectro” recibe el nombre de σ Orionis IRS1, detectada inicialmente como una fuente de infrarrojo situada a 3.3 segundos del centro del sistema. Este objeto hace referencia a dos jovencísimas estrellas, una de ellas envuelta aún en la nebulosa que la formó, constituyendo lo que se conoce en inglés como Proplyd, (siglas de “Proto-Planetary Disc). Esa nube de gas se está disipando mediante un proceso conocido como fotoevaporación, en la que la estrella, que cada vez presenta una mayor emisión de energía UV, produce la disolución del disco de gas. Estamos asistiendo, por tanto, a los estadios más primigenios de una estrella, un “parto estelar” en toda regla.

Entre tantas estrellas también se han descubierto algunos planetas vagando sin rumbo, sin estar anclados a ninguna estrella. Generalmente tienen tamaños superiores a los de Júpiter y su composición también es primordialmente gaseosa. El núcleo de este cúmulo se dispone en unos 20 minutos de arco (centrado en σ Orionis), aunque algunos de sus miembros se extienden 30 minutos de arco más allá. Esto es algo que nos choca cuando ponemos el ojo en el ocular, ya que el campo parece extremadamente pobre, pero la causa es clara. Muchas de sus estrellas son tan tenues que escapan de nuestras posibilidades, mientras que otras tantas están escondidas tras una densa capa de gas. Si nuestros ojos pudieran captar detalles en el infrarrojo, un paisaje muy distinto aparecería ante nosotros, pero tendremos que conformarnos con disfrutar de sus principales componentes, que no es poco. A bajo aumento o con un telescopio de pequeña apertura son evidentes tres de sus componentes, siendo la estrella más brillante AB (en realidad, como ya sabemos, un trío de estrellas tan unidas que las apreciamos como una sola), y estando D y E a un lado de ella. Con un poco más de detenimiento aparecerá, al otro lado, la pequeña estrella C, de magnitud 8.79, que algunos observadores refieren ver con cierto color azulado. La separación entre sus componentes es muy cómoda, encontrándose C y D a 11 y 12 segundos de arco, respectivamente, mientras que E es la más lejana, a 42 segundos de arco.

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Podríamos quedarnos horas contemplando este sistema e imaginando a esos diminutos puntos girar entre sí como si fueran los satélites jovianos, pero antes de irnos aún tenemos otra sorpresa con la que disfrutar: encuadrada en el mismo campo del ocular, otra estrella múltiple añade vistosidad al paisaje. Se trata de Struve 761, otro sistema séxtuple en el que destacan sus tres estrellas principales formando un amplio triángulo. Rondan la octava magnitud y la principal se encuentra separada del resto por más de un minuto de arco de distancia, mientras que la pareja más brillante se encuentra más unida, a unos 6 segundos de arco. Dos de los restantes componentes son demasiado débiles, pero la cuarta estrella del sistema es fácilmente visible, con una magnitud de 12.4, a 35 segundos de arco de la principal. Este sistema pertenece también al cúmulo de σ Orionis, así como también lo harán, probablemente, algunas de las tímidas estrellas que aparecen en el campo del ocular. Resulta asombroso imaginarlas en su lejano periplo junto a la asociación Orión OB1, girando como el engranaje de un enorme reloj cuyos segundos, en principio infinitos, están contados y determinados por la gran estrella central, que marcará el final de esta fructuosa familia.

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De la mano de Pollux

Géminis se va ocultando estas noches antes cada vez, aunque todavía, si observamos a primera hora de la noche, estamos a tiempo de ver algunos de sus objetos. En este caso vamos a dar un paseo por la pierna del gemelo meridional, aquel cuya cabeza podría considerarse como la estrella Pollux. Podemos comenzar por NGC 2392 (la Nebulosa del Esquimal) o por la pareja que forman Abell 21 y NGC 2395. Nuestro primer objetivo es un cúmulo abierto llamado NGC 2355. Lo observé desde un cielo relativamente contaminado, al lado de Granada, pero cuando el hambre aprieta…

NGC 2355 es uno de esos cúmulos abiertos que podríamos definir como  maduros. Con una edad de más de mil millones de años, pertenece al 7% de cúmulos abiertos con más de 600 millones de años (tomando como referencia la edad de las Hyades). Al igual que muchos de estos cúmulos “ancianos”, NGC 2355 ocupa un lugar en el plano galáctico relativamente elevado, de manera que no sufre las inclemencias o procesos de marea típicos de lugares más centrados, que habrían dispersado, con casi total seguridad, sus componentes. Se encuentra a unos 5400 años luz de nosotros y, con una magnitud de 9.7, es fácilmente visible con instrumentos de aficionado. Tiene unas 140 componentes, aunque visualmente nos conformaremos con bastantes menos. Desde el cielo contaminado conseguí ver unas 30 o 40 estrellas dispersas por un espacio de 7 minutos de diámetro, con una curiosa neblina de fondo que no es más que la suma de las estrellas más débiles.

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El siguiente paso nos lleva mucho más lejos, a una galaxia lenticular que se encuentra a la respetable distancia de 90 millones de años luz. A pesar de estar, aparentemente, muy cerca del anterior cúmulo, NGC 2350 cae en los dominios del Can Mayor. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una galaxia lenticular es aquélla que comparte características con las espirales y con las elípticas. Poseen un disco galáctico, aunque sus estrellas no se disponen en forma de brazos en espiral, ya que han perdido todo el polvo y el gas interestelar. Mide 1.3 x 0.7 minutos de arco, lo cual corresponde a unos 35.000 años luz de diámetro. Estamos, pues, ante una galaxia pequeña y débil, con una magnitud 14, que hará casi imposible  distinguirla bajo cielos contaminados. En mi caso me resultó extremadamente difícil, aunque intuyo que bajo cielos oscuros no supondrá mayor problema. Necesité usar 300 aumentos para tener un mayor contraste con el cielo lechoso, y tras veinte minutos al ocular comencé a notar una tenue mancha difusa, de bordes poco definidos, como un fantasma con forma alargada.

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Por último, vamos a abordar un objeto mucho más agradecido bajo cielos suburbanos. Se trata de una bonita estrella doble que presenta un delicado contraste cromático. Es 38 Geminorum, una pareja de soles que se sitúan a 83 años luz de distancia y tardan casi 2000 años en dar una vuelta completa. La principal es de magnitud 4.7, mientras que la secundaria presenta una magnitud de 7.8, separadas ambas por 7 segundos de arco. Si hablamos del color, tendremos que hacerlo con reservas. Aunque ambas son de tipo espectral F, la mayor parte de la gente coincide en otorgar a la primaria un tono amarillento, mientras la secundaria posee un tono azulado. Sin embargo, no todo el mundo comparte esa opinión. Personalmente me sorprendió el tono amarillento y anaranjado de la secundaria, que contrastaba enormemente con el blanco pálido de la principal. Al parecer son varios los aficionados que afirman ver tonalidades rojizas en la pequeña estrella secundaria, muestra de la variabilidad que existe entre distintos ojos. Sea como sea, 38 Gem es una doble que bien merece nuestra atención, aunque sólo sea para comprobar de qué color vemos a la secundaria.

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Pueden parecer objetos poco interesantes, sobre todo después de las grandes galaxias de la primavera o los cúmulos de Invierno que ya hemos visto, pero después de muchas semanas de nubes, ver estas manchas en un cielo relativamente estrellado se agradece como agua de mayo.

Buscando el límite (PGC 16865)

El ser humano siempre ha intentado ir más allá de sus posibilidades, probando nuevos límites, saltando al océano para descubrir nuevas tierras o forzando su razonamiento para comprender el universo. De la misma manera nosotros, astrónomos, podemos conformarnos con el límite de visión que nos imponen teóricamente los instrumentos, o podemos intentar superarlo y llegar más allá. Como prueba de ello vamos a basarnos en un cúmulo abierto situado en la constelación de Tauro, denominado NGC 1807. Forma una pareja con otro cúmulo, NGC 1817, aunque dejaremos éste último para otra ocasión. NGC 1807, como decíamos, es una agrupación formada por una treintena de estrellas, cuyos principales componentes, de magnitud por encima de 8, adoptan la forma de un rectángulo achatado, con su arista superior prolongada hacia los extremos a modo de alas. Unas quince estrellas más débiles salpican un área de 15 minutos de arco. Estudios recientes han observado que, al parecer, no se trata de un verdadero cúmulo, sino que las estrellas parecen estar unidas por efecto de la perspectiva.

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Esa «estrella» difusa que hay en el cuadrante infero-izquierdo es la intrusa.

Sin embargo, no es el cúmulo, falso o verdadero, lo que nos interesa ahora, sino un intruso que esconde en su interior: una inmensa aglomeración de estrellas que se agolpan formando una galaxia elíptica de 80.000 años luz de diámetro. Sin embargo, de entrada no veremos nada, ya que se encuentra a la vertiginosa distancia de 246 millones de años luz. Si tenemos en cuenta que M31 está a 2.5 millones de años luz y la mayoría de galaxias del cúmulo de Virgo a 65 millones, no nos será difícil comprender la vastedad de este número: 246 millones. Pero hay un dato más interesante con respecto a esta galaxia elíptica. La primera vez que la observé no era consciente de su magnitud visual, simplemente la vi en una fotografía, brillante y redonda, y decidí probar suerte. PGC 16865 era su nombre de pila. Efectivamente, aunque al principio no pude verla, a los pocos minutos de mirar en el sitio exacto llegué a apreciarla sin ninguna dificultad, con visión lateral. No le di mayor importancia hasta que, al día siguiente, se me ocurrió buscar algo de información sobre este objeto. Comprobé su distancia, que ya de por sí me parecía elevada, pero lo que más me asombró fue conocer su magnitud, que la página de la NASA estimaba en 15.7. Nunca había visto un objeto tan débil, en teoría, e hice una amplia búsqueda para confirmar el hallazgo. Apenas pude encontrar nada, pero en algunos sitios web le estimaban una magnitud de entre 15.3 y 16, así que no parecía estar tan equivocado. Fue entonces cuando comprendí que no se puede establecer una magnitud límite generalizada para una abertura determinada. Hay tantos factores implicados en el proceso que no tiene sentido.

NGC 1807

En el caso de un telescopio de 30 cm, como el mío, muchas fuentes coinciden en otorgar una magnitud límite de 14.5, mientras que unas pocas dicen que es de 15.1. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por estos números, siempre cuando podamos disfrutar de un cielo en condiciones. La atmósfera, la humedad, la práctica, el brillo superficial del objeto… Son tantas variantes que es imposible acotar una magnitud límite generalizada. Y eso sin tener en cuenta el tiempo empleado para ver el objeto, una de nuestras principales armas y sobre la que hablaremos en otro capítulo más específico, pero a modo de resumen, nuestro ojo  es capaz de captar más detalles conforme más tiempo pasamos delante de un objeto, como si fuera una cámara que va recogiendo más y más luz. Por eso, nuestra paciencia es un potente amplificador de luz que nos podrá ser útil en cualquier momento, y con un poco de práctica superaremos sin ningún esfuerzo este hipotético límite. Ésta es una llamada al atrevimiento, a intentar siempre ir más allá. Si vemos un objeto que está por encima de nuestras posibilidades teóricas y tenemos la opción de ir a un cielo oscuro, intentémoslo. Que seamos nosotros mismos los que pongamos un límite a nuestra capacidad. Si no podemos ver el objeto en cuestión, ya tendremos ese dato como referencia para futuras observaciones, e incluso puede que tengamos más suerte meses después, tras haber acumulado horas y horas de práctica. Si no podemos ver algo, un objeto o un detalle en concreto, apuntémoslo en una libreta. Al cabo de tiempo, cuando disfrutemos de unas mejores condiciones, revisemos la lista de observaciones pendientes, y puede que nos sorprendamos a nosotros mismos rompiendo los límites establecidos.

Siguiendo migas de pan

La franja de la Vía Láctea es un hervidero de objetos que van apareciendo sucesivamente cuando navegamos a su través. Este hecho es más apreciable en la estación veraniega, cuando no hay lugar al que se mire en el que no se vea algún cúmulo o nebulosa. Sin embargo, la Vía Láctea invernal también está especialmente poblada de multitud de objetos que, en ocasiones, pasan desapercibidos. Hoy nos vamos a centrar en un objeto que se encuentra a mitad de camino entre M46 y M48, pero para llegar a él recorreremos un trayecto en el que podremos disfrutar de un agradable y variado paseo, viendo algunos objetos que ya comienzan a despedirse hasta la siguiente estación.

Comenzaremos por NGC 2610, una nebulosa planetaria ya conocida, pero que observé por segunda vez sin caer en la cuenta de que ya la había visto y dibujado unos meses antes. El error me sirvió para comprobar que el ojo va entrenándose y capta estrellas cada vez más débiles. Como recordatorio diremos que es una nebulosa planetaria de magnitud 12.8, situada a una distancia de entre 6.000 y 8.500 años luz, en la constelación de Hydra. Tiene una bonita estructura anular, sólo visible con potentes telescopios o en fotografías de larga exposición. Está formada por dos capas, a modo de cebolla, cada de las cuales ha sido expelida en distintas etapas, a modo de suspiros consecutivos que la estrella moribundo va lanzando al exterior. Dicha estrella tiene una magnitud 15.5, al alcance de un Dobson de 30 cm bajo unas condiciones ideales. Sin embargo, esa noche realicé la observación desde un pueblo cercano a Granada y, aunque el sur estaba relativamente oscuro, no tiene nada que hacer contra un lugar perdido en el monte. Aun así disfruté de su visión, así como del campo que la rodea. Una estrella está situada justo en su borde, dando la apariencia, como ya comentábamos con anterioridad, de un anillo con una pequeña gema engarzada. Una brillante estrella anaranjada la vigila a apenas 8 minutos de arco de distancia.

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Siguiendo hacia el oeste, entre una multitudinaria población estelar, daremos con el siguiente objeto, mucho más llamativo, que es NGC 2539, ya en la constelación de la Popa. También bajo la atenta mirada de una brillante estrella, 19 Puppis, es un cúmulo abierto situado a unos 4.000 años de distancia. Su edad es bastante avanzada, entre 600 y 700 millones de años, comparable a la de las Hyades. Como ya sabemos, las estrellas de los cúmulos se van esparciendo hasta que éstos desaparecen, por lo cual es difícil encontrar agrupaciones que superen los 500 millones de años. Hay excepciones, como M67 o Berkeley 17, pero NGC 2539 tiene una edad totalmente respetable. De hecho, si estuviera a la distancia del Pesebre, M44, sería uno de los objetos más llamativos del firmamento.

El cúmulo está formado por un número indeterminado de estrellas, refiriendo algunos autores una población de 60 componentes, mientras que otros le atribuyen más de 150. Tenga las estrellas que tenga, es un cúmulo muy atractivo si se observa desde un cielo oscuro. Una veinte de estrellas brillantes ocupan un área de unos 20 minutos de arco, con varias decenas más salpicando un área circular su alrededor. Cuento más de 50 estrellas, algunas tan débiles que aparecen en el límite de visibilidad del telescopio. La brillante estrella 19 Puppis, de tipo espectral K, domina el campo con una tonalidad amarillenta, dando un toque especial a esta interesante familia.

NGC 2539

El tercer objetivo es un objeto que difícilmente podríamos adivinar en esta región de la Vía Láctea: una galaxia espiral, denominada NGC 2525. Tiene una magnitud de 11.6 pero un brillo superficial bajo que nos hará sudar si las condiciones del cielo no son buenas. Es una galaxia espiral barrada situada a 73 millones de años luz de distancia. Cuenta con dos prominentes brazos en forma de letra “S” que se bifurcan en su camino al exterior, partiendo de una barra central amarillenta en la que se sitúan las estrellas más antiguas. Sus brazos, más azulados, no están al alcance de telescopios de aficionado. Con el Dobson de 30 cm se aprecia como una pequeña nubecilla redondeada, más brillante con visión periférica, que no muestra ningún otro detalle. Por la posición en la que se encuentra, probablemente haya una enorme cantidad de polvo y gas en su línea de visión, por lo que no debemos extrañarnos. El hecho de que podamos distinguir una galaxia a través de uno de los poblados brazos de la Vía Láctea debe ser suficiente motivo de asombro, más aún si esa mancha se encuentra a tan grande distancia.

NGC 2525

Y así, siguiendo migas de pan, llegamos a la casita de chocolate, que en este caso corresponde a un bonito cúmulo abierto denominado NGC 2506 o Caldwell 54, en la constelación del Unicornio. A 10.000 años luz de distancia, es un cúmulo bastante alejado del centro galáctico, lo cual ha servido para obtener datos interesantes. Normalmente se asocia la metalicidad de un objeto con su edad, de manera que se entiende que cuando un cúmulo se ha formado en un “universo temprano” su concentración de elementos pesados será menor, ya que en el ambiente predominaba el hidrógeno y el helio (se ha formado en una época en la que no ha habido todavía un número importante de novas, gracias a las cuales se forman los elementos más pesados). NGC 2506 tiene una edad de unos 2.000 millones de años, extremadamente elevada, pero superada por M67. Sin embargo, éste último cúmulo tiene más cantidad de elementos pesados que NGC 2506, lo cual va en contra de la asociación inversa metalicidad-edad. De este dato se puede concluir que la posición en la galaxia también es un determinante importante en la composición de las estrellas, siendo la metalicidad mayor cuanto más cerca del núcleo se encuentre el cúmulo abierto.

Después de este inciso teórico volvemos a mirar NGC 2506 como lo que es, una nube formada por 800 estrellas que nacieron y aún permanecen juntas, en un espacio de entre 25 y 35 años luz de diámetro. Nuestro sol, a su lado, es un triste lobo solitario. Lord Rosse y su hijo vieron en NGC 2506 una cierta estructura espiral, especialmente en cuanto a sus estrellas más brillantes, en una época en la que se pensaba que todas las nebulosas eran en realidad aglomerados de estrellas. Quizás pensaran que NGC 2506 era la primera “nebulosa espiral” que eran capaces de resolver. Personalmente no encontré una estructura espiral llamativa, aunque posteriormente, revisando el dibujo que hice, sí es cierto que se podría apreciar la forma, teniendo en cuenta las estrellas principales. Unas cuarenta estrellas quedan enmarcadas en un espacio de unos 10-15 minutos de arco, envueltas en un halo de nebulosidad que las arropa fantasmagóricamente. El campo está plagado de estrellas, como corresponde a esta zona inmersa en la Vía Láctea, y sólo por este detalle merece la pena echarle un vistazo desde un lugar oscuro.

NGC 2506

Medusa espacial (IC 443)

La constelación de Géminis contiene, curiosamente, dos medusas en su interior. Por un lado tenemos a la medusa mitológica, con su cabellera plagada de serpientes, representada por la nebulosa Abell 21. Por otro, tenemos a la verdadera medusa del reino animal, con tentáculos que se contornean a través de un espacio lleno de vida. Ésta última se denomina IC 443 o Sh2-248, situada a los pies de Géminis, a unos 5.000 años luz de nosotros.

Foto IC 443

Fotografía de Juan Antonio Sánchez JASP, Granada.

Es el resultado de una de las mayores catástrofes que podemos encontrar a nivel cósmico, el remanente de una supernova que explotó hace 30.000 años (aunque algunos estudios sugieren una edad más temprana, de hasta 3.000 años), en medio de una región HII llena de gas. La estrella original debía tener una masa 20 veces mayor que la del sol, y al quedarse sin combustible interno la gravedad ganó la partida y se produjo un colapso tan rápido que la mayor parte de la estrella salió despedida en todas direcciones, dispersándose en medio de una espectacular explosión. Todo el hidrógeno y helio que formaba las capas externas de la estrella se encuentran hoy flotando en el medio interestelar, componiendo bellas formas a medida que se alejan de la estrella, como ondas de agua al tirar una piedra a la charca. Su diámetro actual llega a alcanzar los 70 años luz, motivo por el cual su brillo superficial es tan bajo, ocupando en nuestro cielo unos 50 minutos de arco. Está compuesta por dos capas principales en forma de caparazón, y un vistazo rápido a cualquier fotografía deja entrever que hacia uno de sus lados la densidad es mucho mayor que en el extremo puesto. Esto es debido a la diferencia de densidad de la región HII que la rodea, que se opone de distinta manera a la expansión de IC 443.

La estrella que dio lugar a este espectáculo celeste no se encuentra en el punto más céntrico, sino un poco más al sur, y es una estrella de neutrones que gira a enorme velocidad, de manera similar a la estrella de M1, la Nebulosa del Cangrejo. Ésta última se clasifica como Plerión, una estrella de neutrones que produce inmensos vientos que son los responsables de moldear el gas circundante. Sin embargo, en IC 443 el principal elemento escultor es el calor generado por la supernova, aunque también produce corrientes de viento relativamente rápidas. La estrella de neutrones se denomina CXOU J061705.3+222127, y no es la única supernova que se ha dado a conocer en el barrio. De hecho, estudios recientes han puesto en evidencia la presencia de una tercera capa gaseosa, más débil y escondida entre las otras dos, que corresponde a la explosión de otra supernova que ocurrió hace unos 100.000 años. ¿Veremos alguna de estas maravillas en el lapso de tiempo que nos ha tocado vivir?

La brillante estrella roja que yace al lado de IC 443, de magnitud 3.2, es Eta Geminorum, conocida como Propus o Tejat Prior. Es una gigante roja de tipo espectral M3 situada a 350 años luz de nosotros. Su fría temperatura de 3.600 grados centígrados traduce esa tonalidad tan intensa que podemos contemplar con cualquier instrumento y que añade un toque de gracia a la observación de la nebulosa. Como complemento, Propus es una estrella doble con una componente de magnitud cercana a 9 situada a 1.4 segundos de arco, con lo cual necesitaremos una atmósfera estable si queremos separarlas.

IC 443

Para ver IC 443 a través de un telescopio necesitamos un cielo suficientemente oscuro, ya que su brillo superficial es extremadamente bajo. Su magnitud 12 se halla dispersa por un área demasiado extensa. Un filtro OIII será indispensable para poder saborear, aunque sea, una pequeña porción de la nebulosa. Llevaba un tiempo intentando ver esta nebulosa. Varias veces en el último invierno había apuntado a la zona con la esperanza de distinguir la más mínima anomalía en la negrura del cielo, pero no tuve suerte. Sin embargo, a principios de abril me encontré bajo un millar de estrellas en uno de los lugares más oscuros que he conocido hasta ahora, al sur de Granada. Géminis ya iba camino de acostarse dejando prioridad a la primavera, pero todavía estaba a tiro de piedra, así que apunté el telescopio a sus pies convencido de que esa noche sería distinto. Y no me equivoqué. Una vez en la zona, me fui directo al lugar donde se sitúa la porción más brillante, y miré a través del ocular de 44x. Un montón de estrellas poblaban el campo, pero no había rastro de IC 443. Sin embargo, tenía conmigo la herramienta principal, así que coloqué el filtro OIII y volví a mirar por el ocular. El número de estrellas disminuyó drásticamente, pero en seguida pude notar, con emoción, un jirón difuso, una débil nebulosidad alargada que siempre había permanecido invisible a mis ojos. “Ahí estás, por fin”, le dije sonriendo. Con el paso de los minutos, mientras disfrutaba de su visión, pude percibirlo de una forma más extensa, como un filamento ancho que ocupaba casi la mitad del campo. No pude cerrar el círculo como se aprecia en las fotos, pero quedé más que satisfecho. Todos tenemos nuestros “némesis”, objetos que se nos resisten una y otra vez, y cada vez que conseguimos cazar uno es motivo para sentirnos algo más llenos por dentro. No hay que desesperar, no hay prisa para verlo todo, esa es la suerte de la que goza la astronomía. Pero eso sí, tenemos que estar atentos y aprovechar los cielos verdaderamente oscuros para buscar esos esquivos objetos

Suspiros bajo el cielo hibernal (Sh2-308)

El cielo está plagado de objetos “oscuros”, interesantes y espectaculares pero muy poco conocidos, normalmente debido a su dificultad para ser vistos o a la necesidad de un cielo especialmente oscuro. Tal es el caso que nos ocupa hoy, una estrella Wolf-Rayet y el anillo cósmico que está formando a su alrededor, en la constelación del Can Mayor.

Una estrella Wolf-Rayet es, como recordamos, una estrella con gran masa (más de 20 veces la de nuestro sol, por lo general), que ha crecido a un ritmo vertiginoso desde su nacimiento, perdiendo masa a una velocidad mayor a la habitual. Esta pérdida de materia se debe a una característica muy peculiar que es la formación de inmensas corrientes de aire, que superan los 2.000 kilómetros por hora, dejando al descubierto el núcleo formado por elementos más pesados como helio, oxígeno y carbono. La envoltura de hidrógeno acaba siendo arrancada por los vientos estelares y forma una nebulosa alrededor de la estrella, como ocurre con NGC 7635 o la “Nebulosa de la Burbuja”, ionizando el gas por la radiación ultravioleta de la estrella.

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Sharpless 2-308 es la nebulosa que ha formado la estrella EZ CMa, también denominada WR 6, un astro 3 veces más pesado que nuestro sol y 380.000 veces más brillante. Su temperatura es de 85.000 grados centígrados, 17 veces más caliente que nuestra estrella. A 5.200 años luz de nosotros, ioniza la envoltura gaseosa que la rodea y nos permite apreciar desde nuestro planeta esos fantasmagóricos filamentos de luz. La estrella, además, es una de las pocas estrellas Wolf-Rayet que emiten radiación en Rayos X, además en el ultravioleta. La nebulosa mide unos 60 años luz de diámetro y se formó hace 70.000 años, apenas un suspiro en la cronología cósmica. En un poco más de tiempo la estrella colapsará y terminará su vida con una gran explosión en forma de supernova.

Para encontrar nada más fácil que buscar Omicron 1 Canis Majoris, una estrella de magnitud 3.8 que se encuentra cerca de la brillante Wezen (delta CMa). Omicron 1 CMa es una gigante roja de tipo espectral K, con un diámetro tan grande que, de estar en nuestro Sistema Solar, superaría con creces la órbita de Marte. Al ocular llama poderosamente la atención con su tonalidad de un rojo anaranjado intenso, en un campo tan rico en estrellas que son imposibles de contar. Allí, entre esa playa de puntitos, brilla la estrella que nos ocupa, EZ CMa, que al lado de la gigante roja parece más bien blanco-azulada. A simple vista, con el ocular de 44 aumentos, la vista es sobrecogedora, pero no hay ni rastro nebuloso, ni un débil jirón que delate su presencia. La primera vez que la vi no conocía sus dimensiones, así que me dediqué a usar una gran variedad de oculares, buscando algo parecido a una nebulosa. Finalmente, con el mismo ocular, a 44 aumentos, decidí usar el filtro OIII. Entonces noté rápidamente un débil filamento junto a Omicron 1 CMa, claramente visible sin embargo con visión lateral. Debía de ser, sin duda, parte de la gran burbuja, y entonces fui consciente de que debía tener un tamaño considerable, teniendo en cuenta su distancia a la estrella central. Otro trazo de nebulosidad hizo su aparición tímidamente al lado del anterior, formando una concavidad que iba tomando forma poco a poco, porque al otro lado de EZ CMa pude notar otra porción de este anillo cósmico. Al cabo de unos pocos minutos no me resultó difícil completar la circunferencia, tan sólo rota en dos o tres puntos donde desaparecía de la vista.

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Fue, sin duda, la sorpresa de esa fría noche bajo uno de los cielos más oscuros que he podido disfrutar, en el claro de un bosque de pinos al sur de Granada. Y así, con estos objetos tan apartados de la rutina habitual del astrónomo, uno se da cuenta de la inmensidad que tenemos sobre nuestras cabezas y de lo corta que es una vida para poder saborear todas y cada una de esas maravillas celestes.

En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

Espada de Orión.png

Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad «geográfica» cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha «nube estelar» ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.

El cúmulo de Lacaille (NGC 2477)

Todos conocemos, sin duda, los principales objetos de Puppis. M46 con su planetaria, M47, M93, el casco de Thor… Sin embargo, a los observadores del hemisferio norte se nos escapan algunas de las maravillas que la constelación guarda más hacia el sur. Ese es el caso, por ejemplo, de NGC 2477, una de las joyas que los cielos australes reservan para sí. Sin embargo, si la noche es clara y estable, podemos intentar disfrutarlo y perdernos entre sus innumerables estrellas.

Esta parte media de la Popa contiene algunas estrellas brillantes que pueden llamarnos la atención, sin saber muy bien cómo ubicarlas por no ser muy frecuentadas. Si la noche es oscura puede que nos llame la atención una zona que parece neblinosa, y que corresponde con el cúmulo abierto NGC 2451, una impresionante y amplia agrupación de estrellas brillantes dispuestas en un espacio de 50 minutos de arco, con la roja C Puppis presidiendo su centro. En otro momento le haremos la visita que merece, pero hoy nos vamos a ir un poco más abajo aún. La estrella que vemos con facilidad a simple vista es Zeta Puppis, que recibe el nombre Naos. Es una estrella de tipo espectral O4, una de las más luminosas y calientes visibles a simple vista, así como de las más cercanas. Su temperatura mayor a 40.000 grados centígrados es, en parte, responsable de los enormes vientos producidos a su alrededor. Con una masa entre 20 y 50 veces la de nuestro sol, su final como supernova está garantizado, y entonces será, durante un tiempo, la más brillante de todas las estrellas que podamos observar.

Foto NGC 2477 campo.jpg

A apenas 2 grados y medio de Naos encontramos, por fin, a NGC 2477, el cúmulo abierto que nos ocupa hoy (también conocido como Caldwell 71). Ha sido catalogado por muchos como uno de los diez mejores cúmulos del cielo y, con una magnitud de 5.8, es visible a simple vista desde lugares más meridionales. Fue descubierto por Abbé Lacaille en 1751, un sacerdote francés que dedicó gran parte de su vida a la astronomía. Un año antes de su descubrimiento viajó al Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, para intentar calcular la distancia a los planetas por trigonometría (los resultados le sirvieron para comprobar que el polo sur estaba más aplanado que el polo norte. Durante su estancia elaboró un catálogo con más de 10.000 estrellas y 42 objetos nebulosos entre los cuales figuraba NGC 2477. Es un cúmulo de edad avanzada, con aproximadamente un millón de años, de ahí el tono amarillento de sus estrellas. Su edad se ha podido calcular estudiando algunas de sus enanas blancas, cuya proporción respecto al resto de la población es un marcador de la edad total. Se encuentra a unos 4.000 años luz de distancia y la mayoría de sus estrellas se sitúan entre la magnitud 12 y 14. Unas 300 estrellas se disponen en un área de 27 minutos de arco, lo cual corresponde a un diámetro real de unos 30 años luz. La brillante estrella de magnitud 4.5 que comparte campo con NGC 2477, B Puppis, no pertenece al cúmulo, sino que se encuentra a poco más de 600 años luz, casi 7 veces más cerca. Es otra joven y masiva estrella de tipo espectral B que tiene “tan sólo” unos 27 millones de años de vida.

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Encontrar NGC 2477 con el telescopio es sencillo debido a que en regiones tan meridionales del cielo sólo podemos ver las estrellas brillantes, y Naos saltará a la vista sin ninguna dificultad como la estrella más representativa de la zona. Una vez en ella sólo tendremos que subir un poco hacia el noroeste y veremos, por el buscador, una pequeña nube redondeada. Cuando pongamos el ojo tras el ocular quedaremos maravillados por la gran riqueza de este cúmulo. A 125 aumentos se obtiene una imagen espectacular, con el grupo de estrellas ocupando dos terceras partes del campo. Inmediatamente podemos comprobar que, a pesar de tener forma redondeada, no posee un gradiente especialmente marcado como lo mayoría de los cúmulos globulares. De hecho, se parece bastante a M71, e incluso a M56, que ya de por sí son cúmulos globulares escasamente densos. Al intentar contar las componentes es fácil perderse, personalmente cuento alrededor de ciento cincuenta, y un fondo blanquecino hace suponer que el número es todavía mayor, dando la sensación de ser “un verdadero cúmulo”. Muchas de sus estrellas conforman líneas aleatorias de predominio radial, como si fueran prolongaciones que parten hacia la periferia. Sin duda, es uno de los cúmulos abiertos más espectaculares que he podido ver, y el desafío que supone su baja altura lo hace aún más interesante.

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La isla de las maravillas (IC 2177)

En el cielo hay grandes regiones prácticamente ignoradas por el astrónomo aficionado, capaces de ofrecer horas de disfrute en noches diáfanas. Una de ellas es, sin duda, la conocida como Nebulosa de la Gaviota o IC 2177. Stephen James O’Meara, en su libro «Deep-sky Companions: Hidden Treasures», lo describe como el «Paraíso Pirata», y verdaderamente podríamos decir que es una isla plagada de tesoros escondidos en cada uno de sus rincones. Se encuentra al este de Sirio, y estas noches invernales se muestra en todo su esplendor cuando alcanza su punto más alto. IC 2177 es un lugar tan rico en objetos más pequeños que será fácil perderse si uno no tiene conciencia de lo que está viendo. De la misma forma, la diversidad de nombres atribuidos a ellos hace algo difícil la navegación por estos lares sin llegar a la confusión. No obstante, trataremos de desgranarla paso a paso, disfrutando al máximo cada una de sus playas, bahías y bosques estelares.

Wide-field view of the entire Seagull Nebula (IC 2177)

Comenzaremos por el principio, como debe ser. Nos remontamos a un período relativamente reciente, hace apenas 1 millón de años, y a una distancia algo mayor de 3.000 años luz, en las cercanías de la enorme región Canis Major OB1 (una aglomeración de gases y estrellas recién nacidas unidas por la gravedad, formando una gran familia). En algún punto de esa zona una enorme estrella explotó en forma de supernova, uno de los eventos más violentos que conocemos en nuestro universo, de forma que la onda expansiva barrió a su paso una pequeña región gaseosa, haciendo que se expandiera y produciendo un brote de proliferación estelar a su paso, conformando lo que se conocería posteriormente como Canis Major R1. Esta región cuenta con estrellas especialmente jóvenes que se hallan inmersas en la nebulosa que las vio nacer, y una de estas nebulosas es IC 2177, la protagonista de estas líneas. Su forma alargada le ha hecho meritoria de conocerse con el sobrenombre de «la Gaviota», presentando dos prolongaciones que extienden curvándose y una región nebulosa más densa que ocupa el lugar de la cabeza. Todo el conjunto alcanza los 3 grados de diámetro, un tamaño aparente similar a 6 lunas llenas, aunque en la realidad es mucho. Su tamaño se estima en unos 250 años luz, y comparación basta decir que la gran Nebulosa de Orión, M42, cuenta con apenas 24 años luz, con lo cual no nos es difícil imaginar la inmensidad de lo que estamos viendo. Cualquier fotografía muestra IC 2177 en toda su extensión con un intenso color rojizo, debido al hidrógeno que las principales estrellas ionizan con su radiación ultravioleta. Son, en su mayoría, estrellas gigantes azules y blancas de tipo espectral O y B, que emiten una gran cantidad de energía.

Podemos dividir a la nebulosa en dos zonas claramente diferenciadas en cualquier fotografía. Por un lado, la cabeza de la gaviota; por otro, las enormes alas extendidas. La primera se denomina Gum 1 (primera entrada en el catálogo de nebulosas que publicó Colim Gum en 1955), y también recibe el nombre de vdB 93 (catálogo publicado por Sidney van den Bergh en 1966) y Sharpless 2-292. Es una nebulosa mixta, es decir, es de reflexión a la vez que de emisión, siendo la precursora de las estrellas que anidan en su interior. La más brillante que podemos apreciar al telescopio es HD 53367, la principal causante de hacer brillar al gas que la rodea. Es una estrella con una masa 20 veces mayor a la de nuestro sol que tiene una compañera secundaria, ambas de tipo espectral B. Al telescopio se aprecia como una nebulosidad de forma redondeada que rodea a la estrella, más definida con visión periférica. El filtro UHC realza su superficie, aunque no muestra mayor nivel de detalle.

eso1237a

Gum 1, la cabeza de la gaviota

Gum 1 es como un terreno independiente de la «isla pirata», y desde ella podemos saltar a la tierra de las maravillas que suponen las alas de la gaviota. El nombre IC 2177 designa de forma generalizada a estas últimas y a Gum 1, englobadas como una sola porción, si bien las alas también se conocen como Gum 2 o Sharpless 2-296. Su porción más brillante es la colindante con Gum 1, la región central de las alas. Necesitaremos un ocular de muy bajo aumento para poder apreciarlo en su conjunto. A 44 aumentos, bajo un cielo relativamente oscuro, sorprende la inmensa cantidad de estrellas que puebla la zona, y que se disponen de forma más densa formando una banda de norte a sur. Algo extraño hay en esa banda, y es el filtro UHC el que resalta definitivamente la nebulosidad concomitante, de forma que da la sensación de ser una versión en miniatura de la Vía Láctea veraniega que atraviesa el cielo de lado a lado. Es fácil dejarse perder en ese río de centenares de estrellas, algunas tan débiles que rozan el límite de la percepción. La nebulosa se aprecia mejor con visión indirecta, con una zona más brillante en su región superior, pero en ningún momento deja de tener esa apariencia etérea, casi fantasmal.

IC 2177

Una atenta mirada muestra que el campo del telescopio se encuentra poblado por pequeñas ciudades estelares. Los dos cúmulos abiertos más débiles del conjunto se encuentran justo en la zona central, y pertenecen al «alternativo» catálogo Collinder publicado en 1931. El más septentrional es Cr 465, mientras que al sur se sitúa Cr 466. Ambos son prácticamente indistinguibles, ya que están formados por estrellas muy débiles que se disimulan fácilmente contra el poblado fondo. Cr 465 es algo mayor, contando con unas 30 estrellas, la mitad de las cuales se aprecian sin mayor dificultad por el telescopio. Cr 466 es aún menos evidente, formado por unas 25 estrellas y con una magnitud conjunta de 11.1. En su conjunto, con visión periférica, ambos parecen formar un mismo cúmulo abierto, en una imagen bastante atractiva, ya que a menos de 20 minutos de arco se sitúa otra familia de estrellas, NGC 2343. Con una cincuentena de estrellas, es un cúmulo mucho más llamativo, de algo más de 5 minutos de arco de diámetro. Se encuentra a 3.400 años luz de distancia, inmerso en la nube circundante. Es interesante puntualizar que los dos cúmulos más débiles, Cr 465 y Cr 466, se encuentran a una distancia bastante mayor, a algo más de 6.000 años luz. Intentemos visualizarlos en un espacio tridimensional para ser conscientes del efecto de la distancia. Muy cerca de NGC 2343 encontramos una estrella especialmente brillante, denominada HD 54662, de magnitud 6.23. Es una estrella de tipo espectral O, extremadamente caliente, a 40.000ºC. Tiene un brillo 42.464 veces superior al de nuestro sol y es la responsable de iluminar en buena parte a la nebulosa Gum 2. Con un campo suficientemente amplio podemos contemplar estos últimos objetos formando una línea arqueada, desde la cabeza del águila, Gum 1, hasta este brillante estrella, pasando por las tres familias de estrellas que ya hemos visitado. De fondo, esa blanquecina banda que es tan sólo un reflejo de la inmensa Gum 2.

IC 2177 detalles

Esta región de la isla nos guarda otra sorpresa más, y es que frente a los objetos ya mencionados flota en el agua un bonito cúmulo abierto, NGC 2335, que complementa el paisaje dibujado. Es un cúmulo algo mayor que NGC 2343 y más lejano, situado a unos 4.100 años luz de distancia, motivo por el cual se nos muestra con sus estrellas algo más débiles. Se resuelven sin mayor problema unas treinta componentes dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco, con cierto matiz de neblina residual que es reflejo de las estrellas más débiles del fondo.

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NGC 2327

Dejamos de lado esta interesante zona para observar otra interesante agrupación de objetos. Al borde del ala más meridional residen tres nebulosas con nombre propio que adornan con su reflejo a IC 2177. Dos de ellas se encuentran fuera de su perímetro, rodeadas de negro mar. Son Sharpless 2-295 y Sharpless 2-293, siendo esta última la más brillante de ellas. Ambas se encuentran dispuestas rodeando a dos estrellas brillantes, causantes de la ionización de la masa de gas. Se aprecian como una nebulosidad redondeada de bordes difusos que se pierden en la negrura, más visibles con visión periférica. Realzan al colocar el filtro UHC, y entonces se puede distinguir también parte del ala de la gaviota, plagada como siempre de multitud de estrellas. Entre ellas, podemos apreciar una que se encuentra rodeada por un halo de nebulosidad, pequeño, pero llamativo con visión lateral. Se trata de NGC2327, una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a una débil estrella, con un diámetro de 2.3 minutos de arco. Es pequeña, por lo que es conveniente conocer con seguridad el terreno antes de buscarla. Sin duda, complementa perfectamente a las otras dos nebulosas que, como faros en medio del mar, llaman la atención desde cualquier posición.

IC 2177 zona 2 detalles

Seguimos navegando hacia el sur entre una miríada de luciérnagas luminosas, dejándonos llevar por el río nebuloso hasta la última parada de esta visita, el extremo meridional de IC 2177. Es la nebulosa más evidente de cuantas pueblan esta isla, y vigila el resto de la región como una brillante nube incandescente. Se trata de Gum 3, Sharpless 2-297, Cederblad 90 ó vdB 94 (sí, todos y cada uno de estos nombres sirve para designar a la misma pequeña nube), una bonita nebulosa de emisión que se encuentra flanqueada por una oscura nebulosa que en fotografías marca un importante contraste de bordes curvos. Al telescopio no podremos percibir la nebulosa oscura, pero la imagen no está exenta de interés. Lo primero que nos llama la atención es la brillante estrella central, HD 53623, una joven estrella de tipo espectral B y magnitud 8, que se encuentra flanqueada por dos hileras de estrellas brillantes, una a cada lado. Esta estrella central es la principal responsable de ionizar el hidrógeno que la rodea, una masa de gas que adquiere cierta forma ovalada, con débiles extensiones que parecen seguir a las estrellas circundantes. Con visión lateral su tamaño aumenta y, al igual que en las anteriores, el filtro UHC nos proporcionará un mayor contraste, aunque por contrapartida el número de estrellas del campo disminuye y pierde gran parte de su atractivo.

IC 2177 zona 3

Aquí termina este viaje a través de la isla de las maravillas, que seguro nos proporcionará grandes satisfacciones. Nada nos impide, de todas formas, seguir su recorrido por sus intrincadas bahías y golfos, sólo por la cantidad de estrellas que veremos merece la pena. Podremos ver algunas otras condensaciones e incluso un bonito cúmulo abierto, NGC 2353, fácilmente visible con prismáticos y parte también de esta gran familia. La visión de la Gaviota con el telescopio no será como en las fotografías de larga exposición, pero podremos disfrutar como niños viendo la enorme variedad de tesoros que nos ofrece, y el mero hecho de buscarlos ya hará que merezca la pena el esfuerzo.

A través del espejo (Abell 12 y NGC 2194)

Si alguien nos habla de una brillante estrella que deslumbra a una pequeña nube que hay a su lado pensaremos seguramente en Mirach y NGC 404, en Andrómeda. Sin embargo, hay otros ejemplos de dicho fenómeno, y uno de los más difíciles de ver es sin duda el formado por la estrella Mu orionis y la nebulosa planetaria Abell 12, en la constelación de Orión.

Mu orionis es un sistema estelar muy interesante, cuyas dimensiones podemos comprender atendiendo a nuestro propio sistema solar. Está formado por dos estrellas binarias. La principal, Mu orionis A, tiene una pequeña compañera a una distancia de 0.07 unidades astronómicas, bastante más cerca de lo que Mercurio se encuentra del sol. La secundaria, Mu orionis B, posee a su vez una compañera a idéntica distancia que la principal. Entre el sistema A y el B hay 12 unidades astronómicas, equivalente a algo más de la distancia que separa Saturno del sol. Son algo mayores que nuestra estrella, y juntas brillan con una magnitud conjunta de 4.12. Mu orionis es fácilmente reconocible justo por encima de Betelgeuse.

Para ver Abell 12 deberemos escoger una noche con la atmósfera estable y limpia, ya que será el seeing el factor determinante para poder distinguirla. Encontrar su situación no será difícil, ya que se encuentra a unos escasos 50 segundos de arco de Mu orionis, de ahí la gran dificultad para apreciarla. No es un objeto excesivamente débil. Con una magnitud de 12.39, no debería suponer un gran problema para telescopios de abertura media, pero el halo brillante de la estrella será nuestro principal enemigo. A pesar de verlas tan próximas entre sí, Mu orionis se encuentra a unos 150 años luz, mientras que a Abell 12 se le estima una distancia de casi 7.000 años luz. Impresiona darse cuenta del efecto de la distancia, así como imaginar el gran tamaño que debe tener, a pesar de que se vea eclipsada por una estrella de tamaño normal.

Foto Abell 12.jpg

En la observación de Abell 12 hay dos premisas fundamentales: el aumento y el uso de filtros. La primera vez que intenté verla, a 125 aumentos, el halo brillante de la estrella era todo cuanto podía ver. Sin saber muy bien en qué dirección se encontraba la nebulosa, usé la visión periférica para intentar localizarla, pero mis intentos eran en vano. Ni siquiera el filtro OIII servía para nada. Oscurecía el brillo de la estrella, pero seguía siendo un astro solitario. No me atreví a usar mayores aumentos en ese momento, ya que a 125 la estrella bailaba como si no hubiera un mañana, apreciándose las turbulencias de la atmósfera como pocas veces, y el viento hacía temblar el tubo del telescopio. Ya decidido a continuar intentándolo otro día, unos minutos después tuve la sensación de que las estrellas aparecían más puntuales, y decidí probar suerte de nuevo. Esta vez usé el ocular de 7 mm, con 214 aumentos, y coloqué directamente el filtro OIII. Ahogué una exclamación cuando Abell 12 apareció ante mis ojos, de la manera más evidente posible. Una esfera perfecta de medio minuto de arco de diámetro que parecía una imagen fantasma de la estrella, como si fuera un defecto del espejo. Homogénea y de bordes totalmente definidos, era visible directamente, aunque con visión periférica resultaba aún más evidente.

Abell 12.png

Podemos aprovechar la observación de Abell 12 para hacer una visita a un cúmulo abierto, NGC 2194, que podemos encontrar a apenas 4º al este de la nebulosa. Se sitúa a unos 10.000 años luz, y está formado por más de cien estrellas dispuestas esféricamente simulando un cúmulo globular disperso. Sus estrellas tienen una edad de unos 400 millones de años y su contenido en metal es bastante bajo, lo cual es indicativo de que se formó en una región alejada del núcleo galáctico. Observé NGC 2194 desde cielos semiurbanos, si bien la noche era especialmente limpia. Sin duda, un gran número de estrellas escaparon a mi vista, pero aun así resultó ser un cúmulo muy interesante.

NGC 2194.png

Una vez en la zona, NGC 2194 es evidente ya a bajo aumento. En primer lugar, a 125 aumentos, destaca una veintena de estrellas débiles, con cuatro o cinco más brillantes. Algunas se disponen agrupadas  formando hileras aleatorias. El campo del ocular está plagado de estrellas por doquier, destacando en el centro el cúmulo. Poco a poco, con la visión adaptada, comienza a notarse una débil neblina de fondo, la manifestación de decenas de estrellas que necesitan del trabajo en equipo para hacerse notar. Y bien que lo consiguen, otorgando al grupito de estrellas un aspecto neblinoso que lo hace merecedor de realizar una visita de vez en cuando.