Retorno a NGC 6888

Las vacaciones van llegando y con ello la falta de tiempo para publicar, de hecho ésta será la penúltima entrada antes de irme de viaje, ya volveré con las pilas cargadas. Hoy os comparto también una actualización, dibujando de nuevo un objeto apasionante como es NGC 6888.

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Imagen tomada por Miguel Barrero (Miguelyx) 

La vez anterior lo dibujé desde mi terraza en el Barrio de Monachil, mientras que hace un mes lo hice desde un cielo oscuro con un C11. Hoy le toca el turno a este objeto con el Dobson de 30 cm y desde un cielo ejemplar, con todo el tiempo del mundo para disfrutarlo. Es evidente lo necesario que se hace en esta afición ir a un lugar alejado de la contaminación para disfrutar plenamente. En el primer enlace podéis leer el anterior artículo sobre NGC 6888, y en el segundo la actualización con la observación con el C11. Os adjunto también, con un poco de vergüenza, el primer dibujo que realicé de la nebulosa, siendo también una de mis primeras incursiones en el dibujo astronómico:

-Entrada de NGC 6888 a través de un Dobson 12” en entorno suburbano.

-Entrada de NGC 6888 a través de un C11 en cielo rural.

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NGC 6888 es, recordemos, la nebulosa que ha formado una estrella Wolf-Rayet, situada en la constelación del Cisne. Es una estrella masiva que está perdiendo masa a gran velocidad, generando vientos del orden de miles de kilómetros por hora que producen la expansión del gas que la rodea. En el caso de NGC 6888 esta onda expansiva se ha encontrado, a su vez, con otras masas gaseosas, creando la curiosa forma que podemos apreciar al telescopio. Es un objeto que gana enormemente con un filtro, ya sea un OIII o un UHC. En mi caso, bajo un cielo oscuro, prefiero el UHC, ya que no “se come” tantas estrellas como el OIII. La característica forma de letra “M” ya nos tal, sino que se cierra con facilidad el círculo formado por la envoltura, con zonas más densas que otras. El interior aparecía relleno, a su vez, por más nebulosidad, débil, más evidente con visión periférica. Sin embargo, donde realmente noté la mejoría en cuanto al cielo y al tiempo empleado, fue al percibir una pequeña nube en la región izquierda, cerca del borde, tan débil que desaparecía rápidamente en cuestión de segundos. Dudé de mí mismo, pero tras cerciorarme de que podía distinguirla sin mayores problemas la plasmé en el dibujo para comprobar, a posteriori, que es realmente una zona más densa en la que el gas se arremolina. Ese detalle, junto con todas las estrellas que salpimentan el fondo de la nebulosa, hacen que una noche estrellada merezca la pena.

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Entre nubes y estrellas del escorpión

Hay zonas del cielo que transmiten la sensación de estar perdido en otra parte del universo, regiones amplias y llenas de estrellas en las que se reúnen varios objetos y a las que podríamos observar durante horas. Hoy vamos a llevar nuestra mirada al sur del escorpión, justo en la zona en la que su cola, alcanzando el punto más bajo, se desvía hacia el Este. Si observamos desde un cielo oscuro ya podremos adivinar una débil nebulosidad que imita la forma de un cometa, con la cola abriéndose hacia arriba. Ya la vieron en la antigüedad numerosos astrónomos, siendo Giovanni Batista Hodierna, en 1654, el primero en describirla e incluirla en su catálogo. Esta región queda inmersa en la asociación Scorpious OB1, una inmensa familia compuesta por gas y estrellas muy jóvenes y masivas que se sitúan a casi 7000 años luz de distancia. Su núcleo está situado en el llamativo cúmulo abierto NGC 6231, que se emplaza un poco más cerca, a 5200 años luz. Toda la zona, de más de 4º de diámetro, equivale a una extensión entre 200 y 300 años luz, y queda enmarcada por Gum 55, una débil nebulosidad con forma semicircular que se extiende de forma muy tenue, la nebulosa primigenia responsable de todas las estrellas que se han encendido en su interior. Otras masas nebulosas se continúan con Gum 55, destacando IC 4628, conocida como Gum 56 o, más popularmente, la Nebulosa de la Gamba.

Foto IC 4628 NGC 6231

Fotografía de Johannes Schedler

Vamos a comenzar la observación en el corazón de la asociación Scorpious OB1, en el magnífico NGC 6231, un cúmulo abierto formado por un centenar de estrellas cuya vida media se estima entre 2 y 5 millones de años. Sus componentes son, en su mayoría, enormes estrellas de tipo espectral O y B, de color blanco-azulado. Dos de ellas son grandes estrellas de tipo espectral O que conforman sendos sistemas binarios, dos estrellas tan cercanas que sus atmósferas interaccionan entre sí, prácticamente en contacto. Giran muy rápidamente, produciendo elevadas cantidades de Rayos X debido al intercambio de materia entre ellas. Podemos ver estas estrellas gracias a su considerable magnitud, si bien no podremos separarlas. Se denominan HD 152248 y V1034 Sco, y sus magnitudes son, respectivamente, 6.1 y 8.6. Es un cúmulo variopinto, destacando también la presencia en su seno de tres estrellas Wolf-Rayet, denominadas HD 151932, HD 152408 y HD 152270, destacando esta última con una magnitud de 6.6. No vemos a su alrededor grandes burbujas de gas en expansión, pero el tiempo va pasando y en un futuro no muy lejano podrían dejarnos un bonito estampado de color. El origen de NGC 6231 es especialmente interesante, ya que se ha sugerido que podría estar relacionado con el paso de un cúmulo globular que habría estimulado su formación. Este cúmulo globular es NGC 6397 y, aunque ahora está en la constelación de Ara, se calcula que hace 5 millones de años atravesó el disco galáctico justo en el lugar donde se encuentra ahora NGC 6231. Esta coincidencia en tiempo y espacio parece hablar a favor de esta interesante relación, y de ser cierto sería el único ejemplo constatado de un cúmulo abierto formado a partir de la estimulación de un globular.

NGC 6213, además de a simple vista, es tremendamente atractivo a la vista de unos prismáticos, que ofrecen un campo conjunto densamente poblado con el cúmulo en el centro, mostrando una decena de brillantes estrellas abotargadas. Al sur destaca un triángulo conformado por tres brillantes estrellas, siendo dos de ellas fácilmente visibles a simple vista. Ambas reciben la misma denominación Bayer, Zeta, pudiendo distinguir Zeta 1 y Zeta 2. Pueden parecer similares, diferenciadas tan sólo por su magnitud, de 4.8 y 3.6, respectivamente. Sin embargo, su distancia no podía ser más dispar. Mientras que Zeta 2 se encuentra a poco más de 150 años luz, Zeta 1 es una hipergigante azul que se encuentra a la increíble distancia de 5.700 años luz. Imaginemos por un momento lo que significa tener un tamaño 100 veces mayor que nuestro sol, así como una masa que alcanza las 36 masas solares. Zeta 1 Sco acabará por consumir rápidamente su combustible, y entonces explotará en forma de supernova. Se cree que forma parte de NGC 6231, convirtiéndose así entonces en su estrella más brillante. La “pequeña” Zeta 2 Sco es una gigante roja de tipo espectral K4 que muestra un intenso color rojizo al ocular. Zeta 1, a diferencia de lo que cabría esperar, no aparece azulada, sino más bien de una tonalidad anaranjada, debido a que todo el polvo que se interpone entre ella y nosotros hace que tienda más hacia ese color. Al telescopio, cuando observemos NGC 6231, podremos apreciar una bandada de estrellas que parecen adquirir una forma triangular. Destacan una decena de astros brillantes, entre los que podemos observar las binarias espectroscópicas y las estrellas Wolf-Rayet que ya hemos contemplado, aunque desde un cielo oscuro podemos ver que están acompañadas por otras 70 pequeñas estrellas que pueblan un área de entre 10 y 20 minutos de arco de diámetro. A bajo aumento, poco más de 60 aumentos en mi caso, se pueden vislumbrar junto a la pareja de estrellas que conforman Zeta Sco, mereciendo sin duda una observación a fondo.

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Vamos ahora a por la segunda parte de la observación, apenas un grado más hacia el norte, para intentar cazar parte de ese anillo nebuloso que enmarca la Asociación Scorpious OB1. IC 4628, la Nebulosa de la Gamba, es una región HII, la parte más brillante y llamativa de la gran Gum 55. Es una gran nebulosa de emisión de más de un grado de diámetro, de forma alargada y con algunas regiones más densas que le dan la curiosa silueta de una gamba. Para verla bien tendremos que buscar cielos despejados con un horizonte sur especialmente oscuro, ya que su situación tan meridional no favorece su observación. Un ocular de amplio campo y un filtro UHC, además de una buena dosis de paciencia, serán nuestras principales herramientas.

FOto IC 4628

Lo primero que veremos será el denso campo estelar, una miríada de estrellas que conforman el cúmulo abierto conocido como Trumpler 24. Es tan amplio que no nos dará sensación de cúmulo, sino de una zona más poblada de la Vía Láctea. Conforme nos habituemos a la oscuridad no nos será difícil contemplar la parte principal de la nebulosa, de unos 20 minutos de longitud y con cierta forma arqueada. Gracias al filtro UHC puede diferenciarse con mayor facilidad del resto del cielo, aunque tras varios minutos observando podremos ver que casi toda la región está inmersa en una débil nube que llega a ocupar el campo completo. Otra condensación alargada y más pequeña aparece muy cerca de la principal, como una pequeña gamba que acompaña a su madre. Si nos armamos de paciencia podremos intentar delimitar los bordes de la nebulosa de fondo, e incluso ver algunas otras pequeñas condensaciones, además de buscar otros objetos muy cercanos que forman parte de esta asociación, como los cúmulos NGC 6242, NGC 6268 o la nebulosa planetaria IC 4637. No son muchos los lugares del cielo que nos ofrecen tanta variedad en apenas 3 grados de espacio.

IC 4628

Una pequeña fábrica de estrellas (NGC 6857)

Si contemplamos una fotografía de gran campo y exposición suficiente de la constelación del Cisne podremos apreciar numerosas nebulosas rojizas dispersas entre sus estrellas, y es que estamos en una zona de enorme actividad estelar. En el caso de hoy vamos a observar una especialmente pequeña denominada NGC 6857, una nebulosa de emisión que se sitúa muy cerca de la más conocida NGC 6888. Se encuentra a una distancia bastante considerable, a unos 25.000 años luz, y forma parte de una región HII mayor denominada Sh 2-100, en pleno brazo de Perseo. Ésta última será invisible al telescopio, pero NGC 6857, rondando la onceava magnitud, es accesible a la mayoría de telescopios de aficionado bajo un cielo oscuro.

Fue considerado durante mucho tiempo como una nebulosa planetaria, y así  se identifica en el catálogo PK, como PK 070+01.2. Sin embargo, posteriormente se comprobó su verdadera naturaleza, una nebulosa de emisión que brilla ionizada por las estrellas que se están gestando en su interior. Con 19 años luz de diámetro, sería bastante más impresionante si no fuera por la gran distancia a la que se encuentra (se acerca bastante a las dimensiones de M42, que alcanza un diámetro de 24 años luz). Aun así, con sus 4 minutos de arco de extensión, no deja de ser un objeto interesante. A unos 5 grados de NGC 6888, es fácil de encontrar si partimos de la brillante Eta Cygni, visible en el cuello del cisne.

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A bajo aumento ya puede apreciarse sin necesidad de ningún filtro como una pequeña mancha redondeada, pudiendo entenderse ahora su errada identificación como nebulosa planetaria. Sin embargo, a mayores aumentos su estructura se a definiendo y podemos notar que estamos ante otro tipo de objeto. El filtro UHC aumenta el contraste levemente, a costa de disminuir el brillo de las estrellas circundantes, que en esta zona del firmamento son abundantes. A 214 aumentos se aprecia NGC 6857 con forma de cuadrilátero, con una estrella inmersa en su interior cuyo brillo queda disminuido por la densidad de la nebulosa. Otra estrella brillante permanece justo en el borde, y dos más, de menor brillo, la flanquean al otro lado. Por momentos, con visión lateral, da la sensación de que su superficie no es del todo homogénea, aunque no podría definirlo de forma precisa. No obstante, NGC 6857 es un interesante objeto que nos permite apreciar los importantes efectos de la distancia; si estuviera más cerca, nos brindaría un espectáculo bien distinto.

Medio caparazón (WR 134)

De vez en cuando nos gusta huir de los catálogos tradicionales, de los objetos que tantas veces hemos visto, en busca de objetos exóticos que alimenten nuestra imaginación. Ese es el caso de Wolf-Rayet 134, también abreviado WR 134, una estrella que se encuentra a 6000 años luz de distancia en la constelación del cisne, muy cerca de NGC 6888. Es una estrella Wolf-Rayet que, si recordamos de anteriores entradas, son estrellas muy masivas que han crecido rápidamente, comenzando a perder sus capas externas también a gran velocidad, debido principalmente a la presencia de enormes vientos generados por la estrella, que llegan a alcanzar millones de kilómetros por hora. Estos vientos, al apartar las capas externas, crean una envoltura gaseosa que podría confundirse con una nebulosa planetaria, si bien su naturaleza es bien distinta.

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WR 134, en concreto, tiene una masa casi 20 veces mayor que la de nuestro sol, con una luminosidad que supera en 400.000 veces la de nuestra estrella. Produce una importante cantidad de radiación ultravioleta, si bien en longitud de onda visual no es tan brillante, alcanzando una magnitud aparente de 8. Tiene, al parecer, una pequeña estrella orbitando a su alrededor, dando una vuelta completa en un período de unos 2 días. Sin duda, lo más interesante WR 134 es su envoltura gaseosa. A diferencia de Sh 2-308 o NGC 7635, grandes burbujas simétricas, la nebulosa de WR 134 aparece con forma de luna creciente, como si al otro extremo no hubiera sido expulsado gas alguno. Algunos jirones más desprendidos traducen la fuerza de los vientos de WR 134, aunque, debido a su forma, sería fácil confundirla con una sencilla nebulosa de emisión en la que se estén gestando estrellas.

Su localización no es muy complicada gracias al característico grupo de 4 estrellas en cuyo centro se encuentra WR 134. La nebulosa no llega a los 10 minutos de arco de longitud, así que será mejor usa aumentos medios. Una vez localizado el lugar, miré tras el Hyperion de 13 mm, a 115 aumentos, y vi claramente el grupito de estrellas, pero no había ni rastro de la nebulosa. Recordé entonces que el resto de nebulosas Wolf-Rayet que había visto respondían extremadamente bien al filtro OIII, y WR 134 no fue una excepción. Al volver a mirar tras el ocular apareció de la nada una fina nube, débil y delicada, como parte de una gran circunferencia. De forma curva y de unos 2 o 3 minutos de arco de grosor, se apreciaba mejor con visión periférica, siendo más gruesa en su lado occidental, estrechándose algo hacia el lado opuesto. Una estrella amarillenta, casi anaranjada, se encontraba arropada al abrigo de la nebulosa. Se denomina HD 228062 y es una gigante roja de tipo espectral K2, añadiendo con su viva tonalidad aún más atractivo a esta imagen celeste.

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A lomos del Escorpión (NGC 6334 y NGC 6302)

Los brazos de nuestra galaxia y, en concreto, el brazo de Sagitario, nos brindan una oportunidad estupenda para observar nebulosas y cúmulos estelares, algo que se echa en falta en primavera, cuando miramos al polo norte galáctico. Hoy continuamos el viaje que comenzamos en NGC 6357 para contemplar dos nuevas nebulosas.

La primera de ellas, a menos de 2 grados de la anterior, es NGC 6334, conocida como Sharpless-2 8 o, más comúnmente, como la Nebulosa de la Pata de Gato. Ya conocemos varias nebulosas en las que se están gestando estrellas, como M42 o M8. Sin embargo, NGC 6334 está sufriendo uno de los episodios de mayor proliferación estelar que se han observado. Decenas de miles de estrellas ocupan cada jirón de gas, la mayoría ocultas tras las nubes, estimándose que la masa total de la región es de 200.000 soles. A 5.500 años luz de distancia, es uno de los mejores lugares para estudiar la formación estelar. Se han visto más de 2.000 estrellas en su fase más primigenia de crecimiento, rodeadas aún del gas que, a modo de huevo, las mantiene y las alimenta. Poco a poco la estrella irá agotando dicho gas y será visible sin ningún obstáculo. A lo largo de un área de 50 años luz se extiende la nebulosa brillando en fuertes tonos rojizos, correspondientes al hidrógeno que las estrellas masivas ionizan con su radiación. Toda la zona sufre, además, los efectos del viento interestelar, de manera que asistimos a caprichosas formas, destacando cuatro masas gaseosas que, por su disposición, recuerdan a la huella de un felino. Normalmente la intensa actividad proliferativa se debe a explosiones de supernovas o a colisiones entre galaxias. En este caso ninguna causa parece cuadrar con la situación, por lo que aún se desconoce el origen de este “boom” estelar. No obstante, su cercanía es muy útil para estudiar el comportamiento de estas grandes masas de gas.

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Visualmente, NGC 6334 es una de las nebulosas difusas más interesantes que podemos observar, siempre y cuando dispongamos de un horizonte sur lo suficientemente oscuro. La nebulosa es grande, alcanzando los 40 minutos de arco de diámetro, si bien la región más brillante (la huella) puede encuadrarse en menos de 30 minutos de arco. La observé por ello con el Panoptic de 24 mm, a 62.5 aumentos, y con toda la paciencia del mundo. Desde un primer momento pude apreciar cierta nebulosidad poblando el ocular de forma difusa, concentrándose gradualmente a medida que mi vista se adaptaba al ocular. Pude distinguir en primer lugar los tres “dedos” de la huella, siendo el del medio el más brillante, alrededor de una estrella más destacada. Se adivinaban algunos bordes más rectilíneos, y la almohadilla de la pata hacía su aparición como una nebulosidad alargada y más apagada. El filtro UHC definió mucho mejor todos estos detalles, y una tenue nebulosidad inundó prácticamente la mitad del ocular hacia el norte de las zonas más densas, sin forma ni rasgos característicos, pero suponiendo un añadido más a este interesante paraje.

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El siguiente objeto es una de las nebulosas planetarias más espectaculares que podemos contemplar si disponemos de una atmósfera estable. Se trata de NGC 6302, también conocida como la Nebulosa del Insecto. Situada a 3.400 años luz de nosotros, es una planetaria bipolar, una estrella moribunda desprendiéndose de sus capas superficiales, que han adquirido increíbles formas que desafían a la física. La estrella central, una enana blanca, es además una de las estrellas más calientes que se conocen, alcanzando en su núcleo los 200.000 grados de temperatura. No podemos verla directamente, sin embargo, porque se encuentra oculta tras un disco de gas y polvo que la rodea a modo de torus o donut. Esta estructura anular será, probablemente, la causante de su flujo bipolar, al bloquear el paso del gas en su dirección.

Foto NGC 6302

NGC 6302 presenta dos lóbulos bien definidos y otros dos más tenues y difusos, formados en una etapa anterior. El lóbulo más prominente parece haberse formado hace menos de 2.000 años y llega a alcanzar velocidades de hasta 600 km/s. En su camino hacia el exterior, estas proyecciones de gas se han encontrado con regiones gaseosas de distinta densidad, motivo por el cual podemos apreciar tantas irregularidades. Estas “alas”, que también le han servido para obtener el sobrenombre de la Mariposa, llegan a medir 2 años luz de longitud, y seguirán aumentando paulatinamente hasta que se dispersen por completo, dejando atrás tan sólo la pequeña y caliente enana blanca.

Podemos ver esta nebulosa planetaria a dos grados de NGC 6334, por lo que podremos buscarla desplazando levemente el telescopio si disponemos de un ocular de bajo aumento. Desde un primer momento llama la atención NGC 6302 como “algo” que no es una estrella, una mancha difusa y poco definida. Sin embargo, conforme vayamos usando mayor aumento podremos comprobar que de difusa tiene poco. Habrá que buscar la noche más estable posible para poder usar elevados aumentos. En mi caso, conseguí una imagen bastante aceptable con el ocular de 5 mm, a unos respetables 300 aumentos, y quedé sorprendido por el grado de detalle que mostró. Los dos lóbulos partían de una zona central y alargada muy brillante, como las alas de una mariposa que se van extendiendo conforme se alejan. Por supuesto, no se apreciaba la estrella central, pero uno podía imaginársela escondida tras la banda oscura de polvo, exhalando gargantuescos suspiros. Tras varios minutos noté, asombrado, que las alas no eran ni mucho menos homogéneas. La vertiente izquierda, una vez que se iba apagando, mostraba un nódulo brillante, fácilmente visible con visión lateral. El lado derecho presentaba una zona horadada, como si alguien le hubiera dado un mordisco, para luego continuar su camino hacia el exterior. Estos dos “accidentes geográficos” no son más que volutas e irregularidades como las que hemos comentado, y a medida que dispongamos de una mayor abertura y mejores cielos podremos ver más detalles de este tipo. Terminé de observar NGC 6302 con la sensación de haber conocido a una de las grandes reinas de la noche, y con las ganas de buscar un cielo aún más oscuro para poder perfilar aún más esos enormes chorros de gas. Pasarán varios miles de años hasta que desaparezcan, así que no tenemos prisa…

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A lomos del Escorpión (NGC 6357)

Sabemos que ha entrado el verano, lo dice la temperatura y lo dicen las estrellas. La constelación de Escorpio aparece coronando el horizonte sur a primera hora de la noche y no tenemos que esperar mucho para disfrutar de la ingente cantidad de objetos que guarda. Hoy vamos a explorar una zona fascinante que se sitúa entre su cuerpo y la cola, una secuencia de tres objetos que, bajo un cielo oscuro, se convertirán en favoritos de cualquiera.

El primero de ellos, más al norte, es quizás uno de los parajes estelares más bellos que se pueden apreciar en fotografías, destacando la realizada por el Telescopio Espacial Hubble, en la que se aprecia una pequeña porción de NGC 6357. Es una nebulosa de emisión que se sitúa a 8000 años luz de distancia, un lugar de formación de estrellas que guarda algunos de los astros más masivos que se conocen. La nebulosa, también conocida como Sharpless-2 11, se expande por un área mayor de 1 grado, si bien su región más interesante está concentrada en apenas 5 minutos de arco. Podemos ver una hilera formada por cuatro brillantes estrellas que atraviesan NGC 6357 de un lado a otro, y al lado de la última veremos otra pequeña estrella, que en fotografías aparece ante un marco nebuloso más brillante y alargado. Aquí es donde se centra la imagen del Hubble y donde vamos a prestar más atención.

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La fotografía nos lleva a un mundo onírico con altas montañas formadas por jirones de nubes y enormes estrellas que parecen tocar el suelo. Algunas regiones de la nebulosa, menos iluminadas que el resto, parecen formar un imponente arco en cuyo interior brilla una azulada estrella. Ese pico en la zona más alta apunta a una pequeña aglomeración de brillantes estrellas, el cúmulo conocido como Pismis 24. La estrella más destacada fue considerada durante mucho tiempo la estrella más masiva del cosmos, estimándose unas 300 masas solares, algo que, en teoría, supera con creces el límite de masa máxima estelar. Sin embargo, posteriormente se ha podido comprobar que Pismis 24-1, como se conoce a dicha estrella, está formada realmente por tres componentes distintas. Dos de las estrellas forman un par visual, mientras que la tercera es una doble espectroscópica, demasiado cercana para poder distinguirse. Sin embargo, se conoce que giran una alrededor de la otra con un período de 2.36 días y tienen, cada una, una masa de 64 M­. El otro miembro, mayor aún, parece tener 96 masas solares. Estos valores, junto con las masas también elevadas del resto de estrellas de Pismis 24, convierten a este cúmulo en una de las zonas de mayor densidad de estrellas masivas en nuestro universo cercano, si bien quedan disimuladas por esconderse tras la enorme nube que las ha creado. Las fotografías de larga exposición realizadas en cualquier zona de NGC 6357 muestran una gran variedad de formas y colores, destacando el rojo del hidrógeno ionizado. Esta ionización es debida, en su mayor parte, a la acción de Pismis 24-1 que, a más de 42.000 grados de temperatura, emite gran cantidad de radiación ultravioleta. Esta zona también es rica en Rayos X, producidos por el choque de diferentes frentes de viento que las grandes estrellas remueven. Veremos también columnas de gas, de manera similar a los “Pilares de la Creación”, en cuyo interior aguardan las estrellas envueltas en su nebulosa primigenia, que poco a poco será erosionada por la radiación hasta diseminarse por completo.

Hay más aún, y es que muy cerca de Pismis 24 se encuentra una estrella Wolf-Rayet. Como vimos en esta entrada, estas estrellas son enormemente masivas y van perdiendo materia a pasos agigantados, formando rápidas corrientes de aire a su alrededor. Esta estrella se denomina WR 93 y se encuentra a poco más de 10.000 años luz de distancia. Posee una masa relativamente pequeña, 10 veces mayor que nuestro Sol, pero distribuida por un volumen que es apenas la mitad del de nuestra estrella, con lo cual podemos imaginar la gran densidad que presenta. Los vientos que genera llegan a alcanzar los 5.000 km por segundo: imaginemos una ola de viento que diera la vuelta a la Tierra en apenas 8 segundos…

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Aproveché una noche en Sierra Nevada para observar este paisaje celeste, con cielos oscuros aunque el seeing no era precisamente de los mejores. Encontré fácilmente la hilera de estrellas que marcan la posición de la nebulosa, visibles sin problema en el buscador. Una vez ahí moví el telescopio hacia una débil estrella que se sitúa al noroeste del extremo norte de la hilera. Allí, al observar a bajo aumento, pude notar una débil nebulosidad, pequeña y alargada, al lado de la estrella que, sin duda, correspondía a Pismis 24-1. Comencé a poner mayores aumentos hasta llegar a los 214, con el ocular Kronus de 7 mm. El cúmulo era más visible, con dos estrellas destacando en el centro (Pismis 24-1 y Pismis 24-17, otra estrella que se acerca a las 100 masas solares) y otras tantas a su alrededor, contando unas 18 en total. Muy cerca se veía la región brillante de NGC 6357, esas tierras de fantasía con montañas y arcos nebulosos. Sin embargo, al telescopio nos tenemos que conformar con observar la nebulosa sin formas tan definidas. Usando el UHC pude definir mejor sus bordes, destacando la zona más cercana al cúmulo, muy alargada y brillante, haciéndose más tenue y pequeña conforme se acercaba a la estrella que ocupa el centro del “arco” que vemos en fotografías. No pude distinguir el entrante oscuro con forma de montaña, aunque tengo constancia de que con un telescopio de 50 cm y un cielo oscuro se puede distinguir. Por lo tanto, NGC 6357 pasa a engrosar la pequeña lista de objetos que intentaré observar el día que tenga acceso a un telescopio de mayor abertura. No obstante, su observación con el Dobson de 30 cm tiene su encanto, más aun conociendo los detalles y la naturaleza de esta inmensa nube de gas.

No tres, sino cuatro (M20)

Una de las cosas más fascinantes del verano es el retorno de esas grandes nebulosas que pueblan el cosmos y que añaden un colorido incomparable a cualquier rincón. Si miramos a la zona de Sagitario, Escorpio… estamos buceando directamente en pleno centro galáctico, una zona en la que el brazo de Sagitario se despliega en todo su esplendor, con el fondo imponente del núcleo de la Vía Láctea. Una de estas nubes es la que nos ocupa hoy, o, concretando un poco, un conjunto de nubes.

La nebulosa Trífida, también denominada M20 o NGC 6514, es una de las nebulosas más conocidas, apareciendo su fotografía en la mayoría de libros de astronomía y asombrando con sus perfiladas formas. El nombre fue acuñado por John Herschel, aunque fue previamente descubierta por Messier y William Herschel. Éste último catalogó por separado cada parte de la nebulosa, que denominó H V.10, H V.11 y H V12. Sin embargo, dos años después, en 1786, volvió a “redescubrirla”, catalogándola como H IV.41 y pensando que era una nebulosa planetaria.

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Dejamos ahora a los grandes astrónomos del pasado para viajar a un lugar situado a unos 5.000 años luz y hace apenas un millón de años, cuando en la Tierra el Homo Erectus ya producía instrumentos de piedra y controlaba el fuego a su antojo. En esa época dos grandes nubes moleculares, que flotaban a la deriva en el brazo interno de nuestra galaxia, se encontraron, arremetiendo una contra la otra, uniendo sus moléculas en partículas cada vez más pesadas, produciendo finalmente estrellas con vida propia, masivas y calientes. Estas estrellas tan brillantes producían tal cantidad de radiación ultravioleta que eran capaces de ionizar el gas que tenían alrededor, iluminándolo como una fogata en la oscuridad y sorprendiendo, un millón de años después, a una especie de un lejano planeta que la observa con primitivos instrumentos.

Las dos nubes que dieron lugar a la formación de esta asociación fueron descubiertas gracias a que presentan una mayor temperatura que el resto del gas, apenas 30 grados más, pero que permite delimitarlas y confirmar su existencia muy cerca del centro de la nebulosa. Las nubes se llaman “Nube 2 km.s1” y “Nube C”, siendo la primera responsable de las franjas negras que delimitan las partes de la Trífida. Estos oscuros filamentos no son más que gases a los que la radiación de las estrellas centrales no ha llegado aún, por lo que permanecen oscurecidos. Tradicionalmente se han catalogado como Barnard 85, y presenta realmente cuatro líneas con ciertas irregularidades provocadas por los vientos imperantes en la zona. En esta “Nube 2 km.s1” se ha encontrado uno de los objetos más interesantes de M20. Al sur de esta línea, hacia la periferia, hay una nebulosa oscura denominada TC2, de forma triangular y bajo contraste, en cuyo vértice podemos ver una línea gaseosa que parece salir despedida de la nebulosa. Esa línea se denomina HH 399 que, si recordamos, hace referencia al término “Herbig-Haro”, aquéllas estrellas que se están gestando y son rodeadas por la masa gaseosa primitiva, presentando en ocasiones largos jets o chorros de gas que salen despedidos a grandes velocidades. El jet de HH 399 va recorriendo el espacio a unos 400 km por segundo y se aprecia perfectamente en la siguiente fotografía del Hubble.

Foto M20 jet

La imagen puede resultarnos familiar, y es que comparte muchas características con otras nebulosas como M8 o M16, presentando también esos “dedos” o yemas nebulosas en cuyo interior residen las estrellas en formación. La radiación ultravioleta de las propias estrellas del cúmulo es la encargada de ir tallando el gas, de manera que finalmente la estrella recién nacida se mostrará en todo su esplendor. Hay en M20 una estrella que es, sin duda, la protagonista, miembro primigenio de la cohorte,  que se llama HD 164492. Es una enorme estrella de tipo espectral O7.5, extremadamente caliente y azul, y la principal responsable de la ionización de la parte de emisión de M20. Y mencionamos esto último porque en M20 también encontramos una región compuesta por nebulosas de reflexión, zonas a las que la radiación de HD 164492 no llega y, por tanto, no están ionizadas. Reflejan, sin embargo, la luz de las estrellas que engloba, por lo cual adquiere en fotografías un color azulado que contrasta enormemente con el rojo del hidrógeno ionizado. La Trífida, como tal, hace referencia a la parte de emisión, la que muestra las características formas, si bien todo forma parte del mismo conjunto. El cúmulo estelar que guarda cuenta con unas 150 estrellas recién nacidas, descubiertas por el Sptizer en los últimos años, muchas de las cuales están envueltas en su placenta de gas. La mayor parte de las estrellas del cúmulo está ocultas tras las franjas oscuras y los jirones traslúcidos de gas, aunque las más brillantes pueden distinguirse a su través.

Hemos comentado que M20 se formó por la colisión de dos nubes moleculares, a diferencia de la mayoría de nebulosas, aunque recientes observaciones han revelado la presencia de un remanente de supernova que se encuentra excepcionalmente cerca, llamado SNR W28. Es una nebulosidad formada por los restos de la explosión de una estrella que bien podría haber estimulado la proliferación estelar, o promovido la colisión de ambas nubes. Sea como fuere, el resultado ha sido una innegable obra de arte.

Foto M20 SNR.jpg

Podremos observar M20 desde cualquier lugar, pero tenemos que buscar cielos muy oscuros si queremos aprovechar todo lo que nos puede ofrecer. Telescopios modestos o sitios contaminados nos impedirán apreciar cómodamente las franjas que dividen a la nebulosa, uno de sus principales atractivos. Personalmente, siempre pensé que la Trífida, como indica su nombre, estaba formada por tres franjas oscuras. La había observado desde sitios relativamente contaminados y nunca había visto más allá. Por eso, cuando pude observarla desde los limpios cielos de Sierra Nevada, quedé atónito al comprobar cómo la cuarta línea oscura saltaba a la vista, débil y más pequeña, pero clara y definida. La nebulosa en su conjunto adquiría un brillo importante, y la estabilidad de la atmósfera me empujó a usar el ocular de 7 mm, que me proporcionaba 214 aumentos. Entonces la nebulosa de emisión, el cuerpo principal, ocupaba prácticamente todo el ocular, con el brillante centro rasgado por esos filamentos oscuros que nunca antes había apreciado con tanta claridad. HD 164492 brillaba con fuerza en el centro, acompañada por otras 3 estrellas que, en línea recta, forman parte del mismo sistema estelar (hay más estrellas compañeras pero necesitan de mayor aumento para distinguirlas). Con paciencia pasaron los minutos, aprovechando cada fotón que entraba en el tubo, y fui siendo consciente de la irregularidad de las franjas oscuras. Algunas presentaban entrantes y salientes que rompían la monotonía, dando el aspecto de estar contemplando una fotografía. Probé a usar los filtros UHC y OIII y, aunque resaltaban un poco la nebulosa, escogí observar al natural para poder apreciar mayor número de estrellas en el campo. La vista era sobrecogedora, entendiendo entonces por qué la Trífida es una de las nebulosas más espectaculares que podemos observar.

M20

Pilares de la Creación

El cosmos es un lugar fascinante, capaz de mostrarnos imágenes que desafían a la imaginación y traen a nuestra mente la sensación de vivir en un mundo de ciencia ficción. Una de las fotografías que más veces nos ha hecho soñar ha sido, sin duda, la obtenida por el Hubble en 1995 de M16, que recibió el onírico nombre de “Los Pilares de la Creación”.

Foto M16 pilares.jpg

Nadie puede permanecer indiferente ante esta imagen, que no es sino una pequeña parte de una región HII, un lugar donde el gas interestelar se está condensando a medida que se enfría, dando lugar a la formación de estrellas. La intensa radiación emitida por las jóvenes estrellas, a su vez, crea intensos vientos que van moldeando el gas que las circunda. Son, en su mayoría, enormes estrellas de tipo espectral O y B, azules gigantes que alcanzan en su superficie temperaturas mayores a 20.000 grados centígrados. Su radiación erosiona las estructuras gaseosas, produciendo un fenómeno conocido como fotoevaporación, al igual que el escultor va cincelando su obra de arte.

M16, como tal, hace referencia al cúmulo de estrellas y a la nebulosa que le rodea, habiendo sido Messier el primero en captar la nebulosidad. Por el motivo que sea, pasó desapercibida a grandes astrónomos como Willian Herschel, y el almirante Smith cuenta que es extremadamente débil. Sea como sea, la nebulosa recibió posteriormente su propio nombre, catalogada como IC 4703, Sharpless 2-49 o Gum 83. El cúmulo abierto, por otra parte, se denomina NGC 6611. Ambos, cúmulo y nebulosa, forman un complejo situado a unos 7000 años luz, ocupando parte del Brazo de Sagitario, el primer brazo espiral que nos encontramos cuando miramos al interior de la Vía Láctea. El cúmulo está formado por más de 400 estrellas con una vida extremadamente corta, de apenas 1 ó 2 millones de años (aunque se estima una edad de 50.000 años a algunas de ellas). La naturaleza de M16 es, por tanto, comparable a la de M8 o M42: una verdadera guardería estelar. En su interior, como no podía ser de otra manera, guarda maravillosos secretos que la fotografía ha ido desvelando poco a poco.

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Sus estructuras más llamativas son, sin lugar a dudas, esas grandes columnas de gas que se han ganado un hueco en el corazón de todos los aficionados. Esculpidas por la radiación de jóvenes estrellas, las columnas están formadas por masas de hidrógeno especialmente densas, de manera que no dejan pasar adecuadamente la luz. Hay tres pilares principales en la región interna, siendo el mayor el de la izquierda y más pequeño el de la derecha. Vemos el de la izquierda algo más brillante que el resto, debido a que a su superficie llega más cantidad de radiación, capaz de ionizar el hidrógeno. En el interior de estas columnas se están gestando las estrellas de forma activa, y en fotografías de alta definición podemos ver estructuras en forma de yemas que sobresalen de los grandes pilares, y en cuyo interior las protoestrellas seguirán creciendo hasta que su propia radiación las despoje del gas y se dejen ver sin tapujos. Estas estructuras se denominan EGGs (“Evaporating Gaseous Globules”) y son una muestra primigenia en el proceso de creación de estrellas. No en vano estas columnas se conocen como “Los Pilares de la Creación”. Las tres protuberancias, que bien parecen estalagmitas, no son colindantes entre sí. La de la izquierda, de unos 4 años luz de longitud, se sitúa atrás, mientras que la de la derecha, de menor tamaño, es la más cercana a nosotros.

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Si bien las columnas son los elementos más famosos de M16, hay otras estructuras llamativas en su entorno, destacando quizás la denominada “Aguja Estelar”, Foto M16 filamentootra densa nube de frío gas que contrasta enormemente con la nebulosa de fondo. Es más alargada y fina que sus congéneres y alcanza los 9.5 años luz de longitud, más del doble de la distancia que nos separa de la estrella más cercana, Próxima Centauri. Dispersos a lo largo de la región podemos encontrar numerosos Glóbulos de Bok, pequeñas “gotas” de gas que flotan solitarias en el espacio y en cuyo seno reside una joven estrella en formación.

Observaciones recientes con el telescopio Chandra han puesto en evidencia la existencia de una masa de gas muy caliente que avanza hacia M16, pudiendo corresponder a la gigantesca onda de choque producida por una supernova. De ser así, y teniendo en cuenta que M16 está a 7000 años luz de distancia, sería bastante probable que la delicada estructura de la nebulosa, incluyendo sus magníficos pilares, se haya desecho como el castillo de arena que se viene abajo con el agua. En teoría, dicha colisión tuvo lugar hace 6000 años, por lo cual no veríamos la “destrucción” del gas hasta dentro de otros 1000 años. Podemos alegrarnos, por tanto, de haber nacido en esta época.

Ver M16 es un espectáculo a través de cualquier instrumento. La mejor manera de encontrarlo es a simple vista, ya que aparece como una pequeña nebulosidad engarzada en la Vía Láctea, siguiendo el camino de condensaciones por encima de M8 y M17. Si no somos capaces de verla a simple vista, seguramente no podamos obtener gran detalle tras el ocular. El cúmulo se aprecia sin ninguna dificultad, pudiendo contar un centenar de estrellas de distintas magnitudes. Destacan, en el centro, dos estrellas más brillantes, así como una decena de ellas que se arremolinan a unos 5 minutos de distancia. Alrededor de esta zona se dispone una enorme zona neblinosa que ocupa todo el ocular al usar 125 aumentos. En el centro es brillante, más aún si usamos visión periférica, y se abre como dos enormes alas hacia los lados, continuando hacia arriba de forma triangular. El filtro UHC potencia el brillo de la nebulosa, apareciendo mucho más definida, y podemos ir moviendo el telescopio para seguir su silueta, que en algunos puntos se pierde de forma difusa.

M16

Una vez obtenida una visión general decidí proseguir con la observación para sacar detalles más recónditos. Lo primero que noté fue un entrante oscuro a la derecha de las dos brillantes estrellas centrales, como si la homogeneidad de la nebulosa se rompiera por la entrada de otra masa más densa, aunque de una forma extremadamente difusa. Lo dibujé tal cual lo vi, y posteriormente comprobé que coincide exactamente con la localización de la mencionada ”Aguja Estelar”, la masa de gas fina y oscura que también es testigo de la formación de estrellas. Motivado por la inmensa oscuridad de la noche y la estabilidad atmosférica decidí probar suerte con los famosos pilares. Para encontrarlos es imprescindible conocer con exactitud su lugar, ya que son objetos extremadamente débiles y poco contrastados con el resto de la nebulosa. Tenemos que buscarlos justo a la izquierda de una de las estrellas centrales que presiden el cúmulo, y además tenemos que saber lo que buscamos. A pesar de sus interesantes colores fotográficos, lo que buscamos es una sombra, unos finos y pequeños filamentos oscuros que apenas se diferencian del fondo. La primera que vi fue la columna del centro, y casi me dio un vuelco el corazón al conseguirlo, ya que esperaba tener que esforzarme mucho más. Justo antes de distinguirla noté una zona oscura por encima de la estrella, fácilmente visible con visión lateral, y entonces, de repente, vi cómo esa oscuridad se prolongaba hacia la izquierda, mínimamente distinguible del fondo, pero claramente existente. Tendría unos 2 minutos de arco de longitud y unos 20 segundos de anchura aproximadamente. Posteriores intentos volvieron a mostrarme la columna, e inmediatamente apareció el segundo pilar, el más pequeño de ellos, aunque el más contrastado. Pequeño y más fino aún que su compañera, la visión de esas dos columnas me transportó a la famosa fotografía instantáneamente. Primero las observé a 214 aumentos y con el filtro UHC, y una vez familiarizado con ellos no tuve problemas para percibirlos con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. Satisfecho con lo conseguido (era uno de mis objetivos para este verano), no pude dar crédito a mi vista cuando noté una pequeña zona oscura y redondeada entre las dos estrellas centrales, algo más grande que el grosor del pilar del centro. Atónito, comprobé rápidamente que era el pilar más alto que, en la retaguardia, se presenta con un menor contraste. Ahora sí, la familia estaba al completo y yo, tras una hora de observación, me sentí totalmente realizado.

Suspiros bajo el cielo hibernal (Sh2-308)

El cielo está plagado de objetos “oscuros”, interesantes y espectaculares pero muy poco conocidos, normalmente debido a su dificultad para ser vistos o a la necesidad de un cielo especialmente oscuro. Tal es el caso que nos ocupa hoy, una estrella Wolf-Rayet y el anillo cósmico que está formando a su alrededor, en la constelación del Can Mayor.

Una estrella Wolf-Rayet es, como recordamos, una estrella con gran masa (más de 20 veces la de nuestro sol, por lo general), que ha crecido a un ritmo vertiginoso desde su nacimiento, perdiendo masa a una velocidad mayor a la habitual. Esta pérdida de materia se debe a una característica muy peculiar que es la formación de inmensas corrientes de aire, que superan los 2.000 kilómetros por hora, dejando al descubierto el núcleo formado por elementos más pesados como helio, oxígeno y carbono. La envoltura de hidrógeno acaba siendo arrancada por los vientos estelares y forma una nebulosa alrededor de la estrella, como ocurre con NGC 7635 o la “Nebulosa de la Burbuja”, ionizando el gas por la radiación ultravioleta de la estrella.

Foto SH2-308.jpg

Sharpless 2-308 es la nebulosa que ha formado la estrella EZ CMa, también denominada WR 6, un astro 3 veces más pesado que nuestro sol y 380.000 veces más brillante. Su temperatura es de 85.000 grados centígrados, 17 veces más caliente que nuestra estrella. A 5.200 años luz de nosotros, ioniza la envoltura gaseosa que la rodea y nos permite apreciar desde nuestro planeta esos fantasmagóricos filamentos de luz. La estrella, además, es una de las pocas estrellas Wolf-Rayet que emiten radiación en Rayos X, además en el ultravioleta. La nebulosa mide unos 60 años luz de diámetro y se formó hace 70.000 años, apenas un suspiro en la cronología cósmica. En un poco más de tiempo la estrella colapsará y terminará su vida con una gran explosión en forma de supernova.

Para encontrar nada más fácil que buscar Omicron 1 Canis Majoris, una estrella de magnitud 3.8 que se encuentra cerca de la brillante Wezen (delta CMa). Omicron 1 CMa es una gigante roja de tipo espectral K, con un diámetro tan grande que, de estar en nuestro Sistema Solar, superaría con creces la órbita de Marte. Al ocular llama poderosamente la atención con su tonalidad de un rojo anaranjado intenso, en un campo tan rico en estrellas que son imposibles de contar. Allí, entre esa playa de puntitos, brilla la estrella que nos ocupa, EZ CMa, que al lado de la gigante roja parece más bien blanco-azulada. A simple vista, con el ocular de 44 aumentos, la vista es sobrecogedora, pero no hay ni rastro nebuloso, ni un débil jirón que delate su presencia. La primera vez que la vi no conocía sus dimensiones, así que me dediqué a usar una gran variedad de oculares, buscando algo parecido a una nebulosa. Finalmente, con el mismo ocular, a 44 aumentos, decidí usar el filtro OIII. Entonces noté rápidamente un débil filamento junto a Omicron 1 CMa, claramente visible sin embargo con visión lateral. Debía de ser, sin duda, parte de la gran burbuja, y entonces fui consciente de que debía tener un tamaño considerable, teniendo en cuenta su distancia a la estrella central. Otro trazo de nebulosidad hizo su aparición tímidamente al lado del anterior, formando una concavidad que iba tomando forma poco a poco, porque al otro lado de EZ CMa pude notar otra porción de este anillo cósmico. Al cabo de unos pocos minutos no me resultó difícil completar la circunferencia, tan sólo rota en dos o tres puntos donde desaparecía de la vista.

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Fue, sin duda, la sorpresa de esa fría noche bajo uno de los cielos más oscuros que he podido disfrutar, en el claro de un bosque de pinos al sur de Granada. Y así, con estos objetos tan apartados de la rutina habitual del astrónomo, uno se da cuenta de la inmensidad que tenemos sobre nuestras cabezas y de lo corta que es una vida para poder saborear todas y cada una de esas maravillas celestes.

En el corazón de la Catedral (la Espada de Orión)

Si el cielo fuera una gran ciudad Orión sería, como muchos la han denominado, su Catedral, el lugar que más tesoros resplandecientes alberga y la meca de todo astrónomo aficionado, ya sea novel o veterano, y es que alberga en la constelación una inmensa variedad de objetos de todo tipo, para todos los gustos y colores. Pero si Orión es la catedral, sin duda su zona central sería el retablo de las maravillas, la región conocida como el Tahalí de Orión o la espada. No es difícil imaginarla, pues se ve a simple vista como si colgase del llamativo cinturón, y si la noche es oscura podemos apreciar que no es una simple hilera de estrellas. Pocas regiones del cielo muestran tanto esplendor en un espacio tan reducido, de apenas 3 grados de diámetro, en los cuales encontramos una importante variedad de objetos que bien merecen un libro aparte.

Espada de Orión.png

Comenzaremos con una vista global para situarnos en este océano cósmico. Cuando miramos a la constelación de Orión estamos viendo una inmensa familia de estrellas y gases que conforman lo que se conoce como Asociación Orión OB1, situada en torno a los 1450 años luz. Ésta, a su vez, se puede dividir en cuatro regiones:

  • Orión OB1a: situada al oeste del Cinturón de Orión, es la región más antigua, con 10 millones de años de edad y a una distancia de 1.100 años luz. Al parecer fue la responsable de engendrar a Betelgeuse, que es una estrella de tipo espectral M que ha crecido asombrosamente rápido hasta adquirir su intenso color rojizo.
  • Orión OB1b: engloba a las estrellas del Cinturón, grupo conocido como Collinder 70, con una edad de 2-5 millones de años y algo más lejos que el anterior, a unos 1.500 años luz.
  • Orión OB1c: la zona del Tahalí de Orión que ocupa este capítulo.
  • Orión OB1d: formada por M42 y M43, la nebulosa de Orión propiamente dicha, aunque se encuentre abarcado por Orión OB1c.

Estas dos últimas zonas son las más jóvenes, especialmente Orión OB1d, contando sus estrellas con menos de un millón de años. Teniendo en cuenta que nuestro Sol tiene una de edad de 4.500 millones de años, no es difícil ser conscientes de su efímera vida.

Como curiosidad “geográfica” cabe decir que Orión OB1 y nosotros, junto con otras estrellas y nebulosas de distintas zonas del cielo, pertenecemos a la misma estructura galáctica, conocida como el Cinturón de Gould, descubierta en 1870. Dicha “nube estelar” ocupa un área curvilínea de unos 3.000 años luz de diámetro, y las últimas hipótesis apuntan a que fue formada por la colisión contra nuestra galaxia de una nube de gas hace 50 ó 60 millones de años. Dicha teoría estuvo en entredicho hasta que hace poco se descubrió la existencia de la Nube de Smith, un cúmulo de gas de gran masa que está en vías de colisionar con la Vía Láctea. El sol, que ya tenía una edad respetable por aquélla época, pudo contemplar un espectáculo variopinto. El gas de procedencia extragaláctica colisionó con las estrellas del brazo de Perseo, provocando una onda de choque que desestabilizó las grandes nebulosas que allí residían, produciendo un inmenso brote de formación estelar. Algunas supernovas, fruto de esta gran proliferación, terminaron de esculpir la región tal y como la conocemos hoy. Dedicaremos un capítulo completo a hablar, a grandes rasgos, de la geografía de nuestra galaxia, aunque demos algunas pinceladas mientras tanto.

Retomamos nuestra atención sobre el Tahalí de Orión, la espada, el altar de la Catedral celeste. La siguiente fotografía, realizada por Leonardo Fernández de Alarcón Web con un refractor de 110 mm y F/7, nos muestra la región en cuestión, con el norte arriba:

Foto M42 espada

Vamos a recorrerlo de norte a sur, metódicamente, para poder disfrutar cada una de sus estrellas. Lo primero que nos encontramos es un curioso cúmulo abierto denominado NGC 1981, que pasa desapercibido debido a su cercanía con M42, pero situado en un lugar más solitario sería un objeto muy llamativo. Está formado por una veintena de estrellas brillantes, de magnitud entre 7 y 10, dispuestas a lo largo de un espacio de 20 minutos de arco. Sus estrellas más brillantes se disponen en forma de dos hileras de tres componentes, siendo flanqueadas por dos astros algo más débiles. Entre ellas podemos ver dos interesantes estrellas dobles. La primera, la más sencilla de separar, es Struve 750, la estrella situada más al norte. Su componente principal es de magnitud 6.40 y su secundaria dos magnitudes más oscura, separadas por 4.1 minutos de arco. Son de color blanco-azulado, jóvenes como la mayoría de las estrellas de la zona, y algunos observadores encuentran a la más débil una tonalidad más azulada que a la primaria. La otra estrella doble de interés es Struve 743, de magnitudes 7.7 y 8.2, esta vez más unidas entre sí, a una distancia de 1.8 minutos de arco. Para desdoblarlas necesitaremos mayores aumentos, aunque no supondrá gran problema si la noche es serena, viendo entonces dos pequeñas perlas casi en contacto. El cúmulo puede ser considerado relativamente pobre, pero si la noche es oscura llaman la atención un grupito de estrellas muy débiles dispersas al norte de Struve 743, que dan la sensación de ser, de por sí, otro cúmulo abierto más lejano.

NGC 1977

Nuestra siguiente parada nos sumerge en la niebla de una interesante región HII en la que se están gestando estrellas continuamente, una zona situada a 1.500 años luz de distancia que se compone, a grandes rasgos, de tres grandes masas gaseosas. El color rojo denota su naturaleza de emisión, excitadas por las estrellas que residen en su interior, pero podemos comprobar, en cualquier fotografía, que los tonos azules llegan a predominar, muestra de que son también nebulosas de reflexión que reflejan la luz de sus astros. La mayor de ellas, situada al sur, es NGC 1977, una gran nebulosa de unos 15 años luz de diámetro. En su interior reside c orionis, una estrella de magnitud 4.8 visible a simple vista, compañera de una estrella más tenue a tan sólo 1 minuto de arco de distancia. Esta estrella, junto con otras dos brillantes, se sitúa en el centro de la nebulosa, que tiene forma alargada, con nebulosas oscuras delimitando su forma en algunos de sus bordes. 42 orionis, de magnitud 4.7, es la responsable de ionizar la mayor parte del hidrógeno que conforma la nebulosa. NGC 1975 rodea a la estrella HD 36958, de magnitud 7.34, y es la segunda en extensión y brillo de este grupo. Tiene una forma ligeramente alargada y poco definida, perdiéndose sus bordes hacia el exterior. Muy cerca, y rodeando a la estrella que hay justo al norte de NGC 1975, encontramos la tercera nebulosa, NGC 1973, una pequeña nubecilla que se aprecia mejor con visión indirecta. El conjunto de estas tres nebulosas es especialmente llamativo y constituye una de las nebulosas difusas más brillantes que podemos ver. Sin embargo, siempre será un segundo plato por el delicado lugar que ocupa, al lado de la nebulosa principal  que ya, por fin, vamos a abordar.

Hay mucho que decir sobre M42 y M43 y no hay un espacio ilimitado para ello, así que tendremos que centrarnos en sus principales detalles. Para empezar, imaginemos a una inmensa región llena de gas que poco a poco se ha ido enfriando, con el paso de los años, de forma que sus partículas se van uniendo entre sí, haciéndose cada vez más densas. Así, en un área de más de 100 años luz de diámetro, se fueron formando nuevas estrellas desde hace unos escasos 3 millones de años, apenas un suspiro en la escala cósmica. Ahora FOto m42 trapecio (1)centremos nuestra atención en el centro de esta masa gaseosa, lugar de residencia de cuatro brillantes estrellas que todo astrónomo conoce. Galileo descubrió 3 de ellas, y en el siglo XVII varios astrónomos se dieron cuenta de que eran realmente 4 estrellas, dispuestas en forma de trapecio, nombre con el cual se conoce al grupo. En conjunto, reciben el nombre Theta Orionis, y son estrellas muy jóvenes de tipo espectral O y B, con una edad de apenas un millón de años. Tienen una masa de entre 15 y 30 veces la masa de nuestro sol, y emiten una inmensa cantidad de radiación ultravioleta. Theta Orionis C, la más brillante de ellas, es la principal responsable de ionizar el hidrógeno de la masa de gas circundante y, por tanto, tenemos que agradecerle que podamos disfrutar de este espectáculo. Es la estrella más caliente de todas las que podemos ver a simple vista, con 40.000 grados en su superficie. El Trapecio se encuentra formado, realmente, por once componentes, siendo 6 de ellas accesibles a instrumentos de aficionado. Las componentes E y F, de magnitud 11, requieren de una noche estable para poder verlas, ya que el brillo de la nebulosa juega en nuestra contra a la hora de distinguirlas.

Pero estas estrellas no están solas en el centro de la nebulosa. Invisibles a nuestros ojos, más de 2.000 estrellas se esconden tras el gas de la región, visibles sin embargo con instrumentos específicos como el Chandra X. En la siguiente imagen podemos comparar la zona más céntrica en longitud de onda visible y en el infrarrojo, sobrando las palabras para describirla: la vida se esconde tras esas densas nubes. Los últimos estudios sugieren que en el centro hay un agujero negro de unas 100 masas solares, de manera que podría explicar los anárquicos movimientos observados en las estrellas. De hecho, como ya comentábamos al hablar de IC 405, la estrella AE Aurigae parece tener su origen en el centro de M42, habiendo sido despedida al interactuar con otras estrellas.

Foto m42 centro

Estas grandes estrellas, además de iluminar la nebulosidad a su alrededor, generan fuertes vientos que van moldeando las estructuras a su paso, de manera que la Nebulosa de Orión muestra centenares de arcos y ondas, reflejo de los rápidos movimientos a los que se ve sometido el gas. De esta forma, la nebulosa Foto m42 vientose va expandiendo a pasos agigantados, calentando el espacio a su paso y estimulando la formación, en un futuro cercano, de miles de estrellas nuevas. De hecho, M42 cuenta en su interior con una gran cantidad de discos protoplanetarios y estructuras típicas de estrellas en formación, desde Glóbulos de Bok hasta cuerpos Herbig-Haro. El Telescopio Espacial Hubble ha encontrado hasta 13 planetas gaseosos, similares a Júpiter, vagando a la deriva sin estar ligados a ninguna estrella. Lo cierto es que no son planetas, sino “estrellas fallidas”. Comenzaron a formarse como cualquier otro astro, condensando sus átomos, pero el núcleo no fue capaz de llegar a fusionar el hidrógeno y el helio, de manera que no llegan a brillar con luz propia. Son una especie más de la abigarrada fauna que compone este increíble hábitat espacial.

FOto m42 protoplat

Discos protoplanetarios en Orión

M42 tiene forma esférica, con una gran concavidad en su interior que se ha generado mediante un proceso llamado fotoevaporación en el que las estrellas centrales más masivas alejan el gas y el polvo. Debido a esta dispersión, en cuestión de 100.000 años apenas quedarán restos gaseosos, y el resultado será un gran cúmulo estelar. Sus estrellas más masivas, en un período relativamente corto de tiempo, explotarán en forma de supernovas, volviendo a generar el caos a su alrededor. Hay un gradiente importante de temperatura, de forma que en las regiones más internas se alcanzan los 10.000º K, enfriándose a medida que se aleja del centro.

M43 es en realidad parte de la misma Nebulosa de Orión, aunque fue considerada en el siglo XVIII como un objeto distinto. Un filamento de polvo oscuro separa ambas nebulosas, dando esa sensación. También se la conoce como NGC 1982 o Nebulosa de Mairan, debido a su descubridor Jean-Jacques Dortous de Mairan, y se encuentra ionizada por la estrella HD 37061, justo en su zona central. Fue inmortalizada por Messier a finales del siglo XVIII, en un dibujo junto a M42.

Foto M42 messier

Visualmente, M42 y M43 suponen un espectáculo a través de cualquier instrumento. Con unos simples prismáticos bien firmes y una noche oscura se puede apreciar la nebulosa en el mismo campo que NGC 1981 y el complejo de nebulosas de NGC 1977. M42, si el cielo es favorable, mostrará incluso la porción opuesta al trapecio, ese lazo que la rodea de forma tenue. Las estrellas del trapecio pueden empezar a resolverse con pequeños prismáticos, pero para distinguir sus 4 estrellas será mejor recurrir a grandes prismáticos o a pequeños telescopios

A través del Dobson de 30 cm y un filtro la vista es, sencillamente, superponible a la mayoría de fotografías de M42, e incluso mejor, ya que la zona central no aparece velada y podemos disfrutar de todos sus detalles a la vez. Usando bajos aumentos podemos encuadrarla en el mismo campo, mostrando nebulosidad y filamentos donde quiera que pongamos la vista. La zona central es muy brillante, contrastando enormemente la denominada Boca de Pez, un entrante oscuro que avanza hacia el trapecio, una región rectangular llamada Regio Huygheniana. En este último distinguimos las cuatro estrellas principales, y basta con usar 125 o 214 aumentos para poder ver, si la atmósfera no es turbulenta, las componentes E y F, brillando débilmente a muy poca distancia del resto. Al sur del Trapecio aparece otra bahía oscurecida, más estrecha, que separa Regio Huygheniana de Regio gentili, llamada Sinus gentili.

M42 interna

Las alas se abren en direcciones opuestas, y la occidental (proboscis maior) se divide en dos arcos claramente diferenciados, abiertos en un ángulo de 50º. Uno de ellos se dirige hacia Iota Orionis y se une a la otra ala cerrando un círculo casi perfecto. En esta zona posterior, bastante más débil, se pueden apreciar entrantes de nebulosidad hacia el centro, creando pequeños arcos que se aprecian mejor con visión lateral. Volutas de humo aparecen flotando en el interior de la nebulosa y multitud de estrellas pueblan cada uno de sus rincones. M43, al lado del trapecio, despliega una elegante forma redondeada que se extiende acabando en una curvada punta hacia el norte. Sin duda, cualquier descripción se queda corta ante este monumento estelar. Lo mejor es verlo por uno mismo, no de pasada, sino deteniéndose en cada detalle. Conforme pasen los minutos vislumbraremos zonas hasta entonces invisibles, estrellas que antes parecían no existir, y tras media hora estaremos contemplando una verdadera y “viva” fotografía.

M42

Por último, terminamos este recorrido echando un vistazo a NGC 1980, nebulosa descubierta por William Herschel en torno a Iota Orionis. Dicha estrella, denominada Hatysa, tiene una magnitud aparente de 2.75 y es una gigante azul de tipo espectral O9, con una temperatura mayor a 31.000º K. Es una interesante estrella triple, con dos componentes más débiles a 10 y a 40 segundos de arco. La más alejada, según algunos observadores, tiene un tono rojizo que contrasta con el blanco azulado de sus compañeras. Además, la primaria es a su vez binaria espectroscópica, con una estrella orbitando a su alrededor cada 29 días en una órbita muy excéntrica, que podría haber sido causante de la fuga de AE Aurigae. La naturaleza de NGC 1980 es algo incierta, con cierta controversia acerca de si se trata de una porción de M42 o si es una nebulosa con entidad propia situada más cerca de nosotros. Hay incluso quien dice que es un cúmulo abierto formado por Hatysa y una quincena de estrellas, si bien Herschel describió sin ninguna duda su naturaleza gaseosa.

Espada de Orión - detalles

Sea como sea, la imagen que podemos ver a través de un ocular de gran campo es inolvidable, con tantas formas y sombras que tardaríamos una eternidad en estudiarla a fondo. No en vano es el objeto más visitado del firmamento.