La isla de las maravillas (IC 2177)

En el cielo hay grandes regiones prácticamente ignoradas por el astrónomo aficionado, capaces de ofrecer horas de disfrute en noches diáfanas. Una de ellas es, sin duda, la conocida como Nebulosa de la Gaviota o IC 2177. Stephen James O’Meara, en su libro «Deep-sky Companions: Hidden Treasures», lo describe como el «Paraíso Pirata», y verdaderamente podríamos decir que es una isla plagada de tesoros escondidos en cada uno de sus rincones. Se encuentra al este de Sirio, y estas noches invernales se muestra en todo su esplendor cuando alcanza su punto más alto. IC 2177 es un lugar tan rico en objetos más pequeños que será fácil perderse si uno no tiene conciencia de lo que está viendo. De la misma forma, la diversidad de nombres atribuidos a ellos hace algo difícil la navegación por estos lares sin llegar a la confusión. No obstante, trataremos de desgranarla paso a paso, disfrutando al máximo cada una de sus playas, bahías y bosques estelares.

Wide-field view of the entire Seagull Nebula (IC 2177)

Comenzaremos por el principio, como debe ser. Nos remontamos a un período relativamente reciente, hace apenas 1 millón de años, y a una distancia algo mayor de 3.000 años luz, en las cercanías de la enorme región Canis Major OB1 (una aglomeración de gases y estrellas recién nacidas unidas por la gravedad, formando una gran familia). En algún punto de esa zona una enorme estrella explotó en forma de supernova, uno de los eventos más violentos que conocemos en nuestro universo, de forma que la onda expansiva barrió a su paso una pequeña región gaseosa, haciendo que se expandiera y produciendo un brote de proliferación estelar a su paso, conformando lo que se conocería posteriormente como Canis Major R1. Esta región cuenta con estrellas especialmente jóvenes que se hallan inmersas en la nebulosa que las vio nacer, y una de estas nebulosas es IC 2177, la protagonista de estas líneas. Su forma alargada le ha hecho meritoria de conocerse con el sobrenombre de «la Gaviota», presentando dos prolongaciones que extienden curvándose y una región nebulosa más densa que ocupa el lugar de la cabeza. Todo el conjunto alcanza los 3 grados de diámetro, un tamaño aparente similar a 6 lunas llenas, aunque en la realidad es mucho. Su tamaño se estima en unos 250 años luz, y comparación basta decir que la gran Nebulosa de Orión, M42, cuenta con apenas 24 años luz, con lo cual no nos es difícil imaginar la inmensidad de lo que estamos viendo. Cualquier fotografía muestra IC 2177 en toda su extensión con un intenso color rojizo, debido al hidrógeno que las principales estrellas ionizan con su radiación ultravioleta. Son, en su mayoría, estrellas gigantes azules y blancas de tipo espectral O y B, que emiten una gran cantidad de energía.

Podemos dividir a la nebulosa en dos zonas claramente diferenciadas en cualquier fotografía. Por un lado, la cabeza de la gaviota; por otro, las enormes alas extendidas. La primera se denomina Gum 1 (primera entrada en el catálogo de nebulosas que publicó Colim Gum en 1955), y también recibe el nombre de vdB 93 (catálogo publicado por Sidney van den Bergh en 1966) y Sharpless 2-292. Es una nebulosa mixta, es decir, es de reflexión a la vez que de emisión, siendo la precursora de las estrellas que anidan en su interior. La más brillante que podemos apreciar al telescopio es HD 53367, la principal causante de hacer brillar al gas que la rodea. Es una estrella con una masa 20 veces mayor a la de nuestro sol que tiene una compañera secundaria, ambas de tipo espectral B. Al telescopio se aprecia como una nebulosidad de forma redondeada que rodea a la estrella, más definida con visión periférica. El filtro UHC realza su superficie, aunque no muestra mayor nivel de detalle.

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Gum 1, la cabeza de la gaviota

Gum 1 es como un terreno independiente de la «isla pirata», y desde ella podemos saltar a la tierra de las maravillas que suponen las alas de la gaviota. El nombre IC 2177 designa de forma generalizada a estas últimas y a Gum 1, englobadas como una sola porción, si bien las alas también se conocen como Gum 2 o Sharpless 2-296. Su porción más brillante es la colindante con Gum 1, la región central de las alas. Necesitaremos un ocular de muy bajo aumento para poder apreciarlo en su conjunto. A 44 aumentos, bajo un cielo relativamente oscuro, sorprende la inmensa cantidad de estrellas que puebla la zona, y que se disponen de forma más densa formando una banda de norte a sur. Algo extraño hay en esa banda, y es el filtro UHC el que resalta definitivamente la nebulosidad concomitante, de forma que da la sensación de ser una versión en miniatura de la Vía Láctea veraniega que atraviesa el cielo de lado a lado. Es fácil dejarse perder en ese río de centenares de estrellas, algunas tan débiles que rozan el límite de la percepción. La nebulosa se aprecia mejor con visión indirecta, con una zona más brillante en su región superior, pero en ningún momento deja de tener esa apariencia etérea, casi fantasmal.

IC 2177

Una atenta mirada muestra que el campo del telescopio se encuentra poblado por pequeñas ciudades estelares. Los dos cúmulos abiertos más débiles del conjunto se encuentran justo en la zona central, y pertenecen al «alternativo» catálogo Collinder publicado en 1931. El más septentrional es Cr 465, mientras que al sur se sitúa Cr 466. Ambos son prácticamente indistinguibles, ya que están formados por estrellas muy débiles que se disimulan fácilmente contra el poblado fondo. Cr 465 es algo mayor, contando con unas 30 estrellas, la mitad de las cuales se aprecian sin mayor dificultad por el telescopio. Cr 466 es aún menos evidente, formado por unas 25 estrellas y con una magnitud conjunta de 11.1. En su conjunto, con visión periférica, ambos parecen formar un mismo cúmulo abierto, en una imagen bastante atractiva, ya que a menos de 20 minutos de arco se sitúa otra familia de estrellas, NGC 2343. Con una cincuentena de estrellas, es un cúmulo mucho más llamativo, de algo más de 5 minutos de arco de diámetro. Se encuentra a 3.400 años luz de distancia, inmerso en la nube circundante. Es interesante puntualizar que los dos cúmulos más débiles, Cr 465 y Cr 466, se encuentran a una distancia bastante mayor, a algo más de 6.000 años luz. Intentemos visualizarlos en un espacio tridimensional para ser conscientes del efecto de la distancia. Muy cerca de NGC 2343 encontramos una estrella especialmente brillante, denominada HD 54662, de magnitud 6.23. Es una estrella de tipo espectral O, extremadamente caliente, a 40.000ºC. Tiene un brillo 42.464 veces superior al de nuestro sol y es la responsable de iluminar en buena parte a la nebulosa Gum 2. Con un campo suficientemente amplio podemos contemplar estos últimos objetos formando una línea arqueada, desde la cabeza del águila, Gum 1, hasta este brillante estrella, pasando por las tres familias de estrellas que ya hemos visitado. De fondo, esa blanquecina banda que es tan sólo un reflejo de la inmensa Gum 2.

IC 2177 detalles

Esta región de la isla nos guarda otra sorpresa más, y es que frente a los objetos ya mencionados flota en el agua un bonito cúmulo abierto, NGC 2335, que complementa el paisaje dibujado. Es un cúmulo algo mayor que NGC 2343 y más lejano, situado a unos 4.100 años luz de distancia, motivo por el cual se nos muestra con sus estrellas algo más débiles. Se resuelven sin mayor problema unas treinta componentes dispersas sobre un área de unos 6 minutos de arco, con cierto matiz de neblina residual que es reflejo de las estrellas más débiles del fondo.

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NGC 2327

Dejamos de lado esta interesante zona para observar otra interesante agrupación de objetos. Al borde del ala más meridional residen tres nebulosas con nombre propio que adornan con su reflejo a IC 2177. Dos de ellas se encuentran fuera de su perímetro, rodeadas de negro mar. Son Sharpless 2-295 y Sharpless 2-293, siendo esta última la más brillante de ellas. Ambas se encuentran dispuestas rodeando a dos estrellas brillantes, causantes de la ionización de la masa de gas. Se aprecian como una nebulosidad redondeada de bordes difusos que se pierden en la negrura, más visibles con visión periférica. Realzan al colocar el filtro UHC, y entonces se puede distinguir también parte del ala de la gaviota, plagada como siempre de multitud de estrellas. Entre ellas, podemos apreciar una que se encuentra rodeada por un halo de nebulosidad, pequeño, pero llamativo con visión lateral. Se trata de NGC2327, una pequeña nebulosa de reflexión que rodea a una débil estrella, con un diámetro de 2.3 minutos de arco. Es pequeña, por lo que es conveniente conocer con seguridad el terreno antes de buscarla. Sin duda, complementa perfectamente a las otras dos nebulosas que, como faros en medio del mar, llaman la atención desde cualquier posición.

IC 2177 zona 2 detalles

Seguimos navegando hacia el sur entre una miríada de luciérnagas luminosas, dejándonos llevar por el río nebuloso hasta la última parada de esta visita, el extremo meridional de IC 2177. Es la nebulosa más evidente de cuantas pueblan esta isla, y vigila el resto de la región como una brillante nube incandescente. Se trata de Gum 3, Sharpless 2-297, Cederblad 90 ó vdB 94 (sí, todos y cada uno de estos nombres sirve para designar a la misma pequeña nube), una bonita nebulosa de emisión que se encuentra flanqueada por una oscura nebulosa que en fotografías marca un importante contraste de bordes curvos. Al telescopio no podremos percibir la nebulosa oscura, pero la imagen no está exenta de interés. Lo primero que nos llama la atención es la brillante estrella central, HD 53623, una joven estrella de tipo espectral B y magnitud 8, que se encuentra flanqueada por dos hileras de estrellas brillantes, una a cada lado. Esta estrella central es la principal responsable de ionizar el hidrógeno que la rodea, una masa de gas que adquiere cierta forma ovalada, con débiles extensiones que parecen seguir a las estrellas circundantes. Con visión lateral su tamaño aumenta y, al igual que en las anteriores, el filtro UHC nos proporcionará un mayor contraste, aunque por contrapartida el número de estrellas del campo disminuye y pierde gran parte de su atractivo.

IC 2177 zona 3

Aquí termina este viaje a través de la isla de las maravillas, que seguro nos proporcionará grandes satisfacciones. Nada nos impide, de todas formas, seguir su recorrido por sus intrincadas bahías y golfos, sólo por la cantidad de estrellas que veremos merece la pena. Podremos ver algunas otras condensaciones e incluso un bonito cúmulo abierto, NGC 2353, fácilmente visible con prismáticos y parte también de esta gran familia. La visión de la Gaviota con el telescopio no será como en las fotografías de larga exposición, pero podremos disfrutar como niños viendo la enorme variedad de tesoros que nos ofrece, y el mero hecho de buscarlos ya hará que merezca la pena el esfuerzo.

La charca de los renacuajos (IC 410)

Ya hemos podido comprobar el gran potencial de Auriga, la gran cantidad de diferentes objetos que tiene para mostrar en estos meses invernales. Pero uno de ellos yace escondido en su región más céntrica, prácticamente desconocido y mucho menos disfrutado. Es IC 410, una enorme masa gaseosa que rodea a un bonito cúmulo abierto, NGC 1893. Pero vayamos por partes…

Si miramos desde un cielo oscuro a la constelación del Cochero, como también se llama a Auriga, nos llamará la atención una débil hilera de estrellas que parecen apuntar su centro desde uno de los bordes. Una visión con prismáticos nos revelará un bonito paisaje estelar, con varias estrellas brillantes y salpicado de un miríada de puntos más débiles. La hilera de estrellas brillantes, como podemos ver en fotografías de larga exposición, es la barrera que separa dos imponentes regiones nebulosas: a un lado, IC 405, una bonita nebulosa de reflexión que ya vimos con anterioridad. Al otro lado, el tesoro que nos aguarda hoy.

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NGC 1893 es un cúmulo de más de una cincuentena de estrellas jóvenes que todavía se hallan bajo el amparo de la nebulosa que les ha dado a luz, una nebulosa que comparte zonas de emisión y de reflexión, sombreada parcialmente por zonas oscuras correspondientes a nebulosas oscuras. Su forma en Y, o como un águila con las alas abiertas, no es su característica más llamativa. Es posible que la nebulosa nos suene por haber aparecido en más de una ocasión como APOD de la NASA, y un vistazo rápido pone en evidencia el motivo por el que se conoce como la Nebulosa de los Renacuajos (“Tadpoles Nebula”). Esas dos pequeñas nebulosas llaman la atención en cualquier imagen, con esos dos núcleos brillantes que parecen mirar al centro de IC 410, como dos cabezas redondeadas, con sendas colas serpenteando tras de sí. La realidad supera en algunos casos el poder de la imaginación. El mayor recibe la denominación Simeis 130, mientras que el menor es Simeis 129. Foto IC 410 renacuajosEn el interior de estos renacuajos está teniendo lugar la gestación de estrellas, que poco a poco irán consumiendo el gas que las rodea hasta que termine por desaparecer. Estamos asistiendo, por tanto, al parto natural de unas jóvenes estrellas a unos 12.000 años luz de nosotros. Y eso no es lo más increíble, sino el hecho de que, en contra de lo que se podría pensar, está al alcance de un telescopio de 30 cm de diámetro.

La primera vez que vi IC 410 fue un accidente, navegando a la deriva por la región central de Auriga, buscando embelesado algunas estrellas dobles. De repente vi en el buscador una región nebulosa, débil, compuesta por finísimas estrellas apenas perceptibles. Miré entonces por el telescopio y quedé sorprendido por la riqueza del campo. Una tenue neblina se mostraba tras las estrellas, y no supe hasta que lo busqué en el atlas que era realmente una nebulosa y no estrellas irresolubles. Coloqué por curiosidad el filtro UHC y, de forma drástica, IC 410 revivió ante mis pupilas. La nebulosa, a 65 aumentos, muestra una forma de letra “Y”, con dos alas que se despliegan claramente hacia los lados, con forma redondeada y engrosada. En el centro de la nebulosa se dispone una estrella doble, y otras parejas estelares se pueden apreciar por toda la superficie, que engloba más de 20 minutos de arco de diámetro.

IC 410

Lo que nunca llegué a pensar es que sería capaz de ver con mis propios ojos a los famosos renacuajos, y unos días después leí acerca de algunos aficionados que los habían visto fácilmente con aberturas de 40 cm. Por tanto, la siguiente noche que tuve oportunidad me lancé a su búsqueda, esta vez conociendo la zona perfectamente. Una vez con la visión  adaptada a la oscuridad no tardé más de 30 segundos en captar al renacuajo más grande. Formando un triángulo rectángulo con la pareja central y otra estrella brillante hacia el noreste conseguí atisbar una pequeña nebulosidad redondeada que resaltaba sobre el fondo algo más oscuro, justo en el punto donde se localizaba Simeis 130. Comprobé varias veces, atónito, lo sencillo que me resultó, a pesar de las grandes turbulencias que azotaban la atmósfera. A 125 aumentos me resultó más sencillo aún, aunque a 214 el viento hacía totalmente incómoda la visita. Simeis 129 fue un poco más difícil, debido a su menor brillo y a que necesité 214 aumentos para verla con más claridad, haciéndose difícil la lucha contra el viento. Se encuentra formando parte de un débil hilera de 4 estrellas, disimulada entre ellas, pero visible con mirada periférica una vez la vista está descansada y bien adaptada. Conforme más tiempo pasaba ante el ocular más sencillo me parecía verlos, y la sensación de ver una fotografía aumentaba también progresivamente. ¿Cuántos objetos habrá tan exóticos como Simeis 129 y 130 al alcance de telescopios de aficionado? Probablemente muchos más de los que pensamos…

Hacia el corazón de Auriga (2ª parte)

La segunda parte de este viaje por la constelación de Auriga nos lleva por algunos de sus más famosos cúmulos abiertos, cada uno con distinta personalidad, así como una interesante nebulosa que guarda un secreto en su interior. Nos daremos cuenta de que los cuatro cúmulos que mencionamos en este artículo tienen una distancia similar a nosotros, de poco más de 4.000 años luz, indicio de que forman parte de «algo» más grande. Ese algo es una inmensa nube molecular, llamada Auriga OB1, un gran área del espacio repleta de vida, entendiendo como tal grandes cantidades de gas que se enfrían y forman estrellas por doquier. Próximamente nos dedicaremos con mayor ahínco a entender con mayor globalidad estas regiones del cielo.

El otro día nos despedíamos con Berkeley 17, uno de los cúmulos más antiguos que conocemos en nuestra galaxia. No tenemos más que elevar el telescopio unos 3 grados al norte para que entre en el ocular otra joya, ésta mucho más evidente. Se trata de M36, uno de los grandes cúmulos del Cochero, que no fue descubierto por Messier, sino por Giovan Battista Hodierna (arquitecto, astrónomo y sacerdote italiano) a mediados del siglo XVII. M36 es, en cuanto a edad y componentes, muy similar a las Pléyades, y de hecho brillaría igual que ellas si no fuera porque se encuentra mucho más lejos, a unos 4.100 años luz, ocupando un espacio de unos 14 años luz, justo en el centro Foto M36 IRASde la asociación Auriga OB1. Sus 60 estrellas tienen una edad estimada de 25 millones de años, destacando entre ellas las de tipo espectral O y B. En concreto, destaca una llamativa estrella que posee un brillo 360 veces superior al del sol, una estrella tipo B2 con una magnitud de 9, la madre de esta interesante familia. Hay otro objeto curioso inmerso en M36, aunque quede fuera de nuestras posibilidades visuales. Se denomina IRAS 05327+3404, y es una joven y débil estrella, caliente, que emite un flujo de gas bipolar, probablemente en el transcurso de la gestación de un sistema planetario. En algunas imágenes de gran aumento aparece con aspecto cometario, con una cola de gas en uno de sus lados.

Hablando de sistemas planetarios, M36 se ha sumado al estudio de los llamados discos circumestelares o discos protoplanetarios, es decir, las estructuras primigenias formadas por gas y roca que rodean a las estrellas y derivarán en la formación de un sistema solar. Equipos de astrónomos han estudiado numerosas estrellas de M36 y de otros cúmulos para conocer el período que tarda en «madurar» este disco, completando la formación de sus planetas. Los resultados coinciden en otorgar a este lapso de tiempo una duración de unos 6 millones de años, De hecho, a los 3 millones de años la mitad de las estrellas ya han perdido su disco protoplanetario, un tiempo extremada y cosmológicamente muy pequeño. Aún hay más, y es que al parecer M36 engendró una estrella masiva de tipo OB que, hace 40.000 años, explotó en forma de supernova, dejando tras de sí una estela de gas que formó lo que hoy conocemos como Simeis 147, un gran remanente de supernova que abarca unos 3 grados en el cielo, y que recibe el nombre de Nebulosa Spaghetti, un interesante objetivo de observación en cielos especialmente oscuros y con aberturas generosas.

Foto Simeis 147.jpg

Se puede disfrutar de M36 desde un cielo urbano, pero para sacarle provecho es necesario un cielo oscuro, que nos revelará más de 50 estrellas de diferente brillo esparcidas por más de medio grado de arco. Llama la atención la disposición de muchas de esas estrellas en forma de parejas, destacando quizás un sistema binario cuyas componentes se separan tan solo por 10 segundos de arco. Hay unas 20 estrellas principales, más brillantes, con varias decenas más de fondo, titilando débiles en la lejanía. Sin duda, una visión sugestiva se mire con el instrumento que se mire.

M36.png

Dejamos atrás a este joven cúmulo para visitar a su primo mayor, M38, que se encuentra a apenas 2 grados al oeste. Cuando lo veamos a   través de nuestro telescopio quedaremos perplejos al comprobar que no es uno, sino dos cúmulos abiertos. Como si envidiara a M35 y NGC 5128, M38 forma una bonita pareja con NGC 1907.

El principal, M38 (o NGC 1912), se encuentra algo más alejado que M36, a unos 4.200 años luz, mientras que NGC 1907 se sitúa, al menos, a 4.500 años luz de distancia. ¿Significa esto que no hay relación entre ellos? Bueno, hay cierta discrepancia en esta materia. Algunos defienden que son dos cúmulos totalmente independientes, haciendo referencia a sus diferencias en cuanto a edad y localización. Otros sugieren, sin embargo, que se formaron en lugares distintos pero en la actualidad se están acercando entre sí, comenzando a interactuar poco a poco. Apoyan su teoría en los movimientos de las estrellas, que parecen apuntar en dicha dirección, de forma que estaríamos asistiendo a la unión de dos cúmulos totalmente distintos.

M38 posee un tamaño de unos 25 años luz, entre los que se esparcen  un centenar de estrellas de diferente brillo. Sus componentes tienen una edad de unos 220 millones de años, edad más que respetable para un cúmulo pero que palidece al lado de otros como Berkeley 17. Su compañero, NGC 1907, tiene unas 30 estrellas dispuestas en un espacio similar a M38, pero su edad media es de unos 500 millones de años, de ahí su tonalidad más amarillenta. Juntos, estos dos cúmulos forman una bonita estampa digna de admirar a bajo aumento en estas noches invernales. Para que entren ambos cómodamente necesité el ocular de 24 mm, con un grado de campo de visión. M38 aparece a la izquierda, estacando una veintena de estrellas con la característica forma de la letra “pi”, mientras que decenas y decenas de estrellas enmarcan el símbolo ocupando un área mayor de 20 minutos de arco. Al igual que ocurre con M35, NGC 1907 aparece al borde del campo, como un pequeño manojo de diminutas estrellas muy unidas entre sí, con forma de esfera algo alargada por uno de sus extremos. Cuento unas 20 componentes, si bien el número exacto es difícil de definir por lo agolpadas que se encuentran.

M38.png

La última parada de este recorrido por Auriga nos lleva bastante más lejos. Salimos de la región OB1 para realizar una inmersión en la región OB2, al doble de distancia, y disfrutar de un cúmulo estelar asociado a una nebulosa, NGC 1931. Realmente, es el cúmulo el que recibe dicha denominación, siendo la nebulosa Sh 2-237, del catálogo Sharpless. A 7000 años luz de distancia, este objeto es conocido por ser una versión en miniatura de la Nebulosa de Orión. Por un lado comparte su naturaleza, pues es una nebulosa de emisión y de reflexión que brilla al ser ionizada por sus estrellas internas. Por otro lado, podemos encontrar un trapecio formado por cuatro de sus estrellas, fácilmente visible desde un cielo oscuro (la estrella de menor brillo es de magnitud 14). Sin embargo, todo el conjunto presenta un pequeño tamaño, de apenas 3 minutos de arco de diámetro, con lo cual necesitará de grandes aumentos para poder apreciarlo como se merece.
Foto NGC 1931

Recibe el nombre de la Nebulosa de la Mosca, y en fotografías destaca su color rojizo debido al hidrógeno ionizado, que parece perfilar la forma de dicho insecto. Dos de sus estrellas internar son las culpables de su ionización, con un tipo espectral B0. La edad de la mayoría de sus componentes es de 10 de millones de años, con lo cual podemos entender perfectamente que todavía posea la cubierta primigenia que las creó y que, probablemente, siga formando algunas estrellas. Descubierta en 1793 por William Herschel, el almirante
Smith la catalogó poco después como una «nebulosa resuelta», manifestando de esta manera su creencia de que todas las nebulosas no eran más que aglomeraciones de estrellas irresolubles si no se contaba con la suficiente abertura. En 1986 un estudio estimó que la nebulosa se encuentra bastante más alejada que el cúmulo, si bien las fuentes son ambiguas al respecto. Teniendo en cuenta otras nebulosas de la zona, como Sh 2-231, Sh 2-232 o Sh 2-235, se encuentran a la misma distancia, cuesta trabajo apoyar dicho estudio, ya que cúmulo y nebulosa forman una pareja totalmente consistente con su entorno, totalmente en consonancia con una región OB.

NGC 1931

NGC 1931 ya es visible en el buscador como una diminuta mancha apenas perceptible, y es al telescopio cuando adquiere suficiente entidad. Aparece entonces como una nebulosidad indefinida rodeando a varias estrellas. A mayores aumentos, a 214x y 300x en mi caso, las estrellas internas se dejan ver sin ningún problema, destacando en el centro un cerrado trapecio. Uno de sus lados, el más corto, está formado por dos estrellas excepcionalmente juntas, que necesitarán de altos aumentos para poder desdoblarlas. La nebulosidad adquiere forma redondeada, de unos 2 minutos de arco de diámetro, y con la visión adaptada se aprecia una prolongación que llega hasta un par de estrellas cercanas, rodeándolas con su velo fantasmal, más fácilmente visible con visión periférica. No tiene, claro está, la magnificencia de M42, pero también es digna de admirar.

Auriga nos reserva aún otros objetos y muchas noches de viaje astronómico, aunque después de este recorrido podemos decir que la conocemos un poco más, sobre todo en su región más central. Todavía nos quedan cúmulos, estrellas y nebulosas de todo tiempo esperando a ser descubiertas. Sin ir más lejos, muy cerca de estos objetos se encuentra una impresionante nebulosa con dos renacuajos navegando a su través, pero de eso hablaremos el siguiente día…

Encuentros imprevistos (M93 y NGC 2467)

De vez en cuando, o a menudo si visitamos una zona densamente poblada del cielo, nos topamos sin quererlo con objetos que desconocemos y cuya visita nunca habíamos planeado. Cúmulos, nebulosas, galaxias… En algunas regiones del cielo es especialmente frecuente, como ocurre en la zona de Puppis o la Popa, al sureste de la brillante Sirio. En esta región me encontraba el otro día, visitando NGC 2452, cuando apareció en el buscador una brillante nube, de gran tamaño y plagada de pequeñas estrellas. Teniendo en cuenta su localización pude identificarlo como M93, uno de los últimos objetos que catalogó Messier, a finales del siglo XVIII.

M93 es un cúmulo abierto situado a unos 3.600 años luz de nosotros, con un diámetro de unos 25 años luz. Fue el primer objeto de cielo profundo que observó Caroline Herschel, y el que la motivó a compilar su catálogo. Podemos decir, por tanto, que M93 fue la primera luz que una mujer astrónoma vio a lo largo de historia. Con sus 100 millones de edad, está formado en su mayoría por brillantes gigantes azules de tipo espectral B, si bien hay algunas pocas estrellas anaranjadas y rojizas. La nebulosa que dio lugar a sus componentes ya se ha dispersado, de forma que no podemos verla. A pesar de su relativamente pequeño tamaño, el alto brillo de sus estrellas hacen que tenga una magnitud de 6, visible a simple vista cuando la noche es oscura. Al telescopio es preferible no usar demasiados aumentos, pues debido a su diámetro de 22 minutos de arco se perdería la sensación de cúmulo. A 125 aumentos, con mi Dobson 305 mm, ocupaba casi todo el ocular, mostrándose como una gran aglomeración de astros brillantes, contando alrededor de 100 componentes, en un fondo repleto de estrellas. Muchas de ellas forman alineaciones, parejas y tríos, aunque no conseguí ver ninguna forma característica. Es, sin duda, uno de esos grandes cúmulos que se aprecian mejor a bajos aumentos, incluso por un par de buenos prismáticos sujetos a un trípode.

M93

A los pocos minutos de observar M93, pasó por el ocular, mientras movía el telescopio, una brillante nube que me hizo retroceder rápidamente para enfocarla. “Esto tiene que ser algo importante”, pensé. Y no me equivocaba. NGC 2467 es un quebradero de cabeza y una completa muestra de lo variada que puede llegar a ser una pequeña parcela celeste. Herschel descubrió NGC 2467 en 1784, catalogándola como una nebulosa planetaria, por su forma circular alrededor de una estrella brillante. Por tanto, si nos ceñimos a la historia, NGC 2467 no es un cúmulo abierto, como se indica en numerosos sitios, sino la nebulosa propiamente dicha, que no es planetaria sino una nebulosa de emisión, que también recibe el nombre de Sharpless 2-311 o Gum 9.

NGC 2467 completa.jpg

La confusión, probablemente, venga porque esta nebulosa (una región HII) comparte localización con varios cúmulos estelares que han coincidido en nuestra línea de visión, por lo que encontramos, en apenas 15 minutos de arco, dos cúmulos abiertos y una nebulosa de emisión (además de otras peculiaridades que iremos viendo a continuación). Sharpless 2-311 es, por tanto, una región HII en la que se están gestando estrellas, brillando con un tono rojizo intenso debido a la ionización del hidrógeno por las recién nacidas estrellas. En la siguiente imagen de la ESO podemos ver el corazón de esta nebulosa, en el que destacan pequeñas nubes negras que corresponden a glóbulos de Bok, en cuyo interior el gas se va condensando hasta que las altas concentraciones terminan formando los astros. Columnas de gas se perfilan desde la zona inferior, esculpidas por los vientos estelares, recordando enormemente a los Pilares de la Creación de M16. No en vano ambas zonas comparten la mayoría de sus características. El telescopio Spitzer ha descubierto unas 45 protoestrellas a lo largo de la nebulosa, una muestra más de su alta actividad proliferativa. La estrella central, HD 64315, es una brillante y joven estrella de tipo espectral O6, que preside este espectáculo desde un lugar privilegiado.

A cosmic concoction in NGC 2467

Muy cerca encontramos, como ya comentábamos, dos cúmulos estelares. El más tenue de ellos se denomina Haffner 19, a la derecha en la fotografía inicial. Está envuelto en lo que se conoce como Esfera de Strömgren, que es básicamente el halo de gas ionizado que rodea a una estrella que emite radiación intensa, en este caso un brillante astro de tipo espectral B. La existencia de estos cuerpos fue teorizada por Bengt Strömgren en 1937, y posteriormente pudo confirmarse, siendo uno de los ejemplos más claros la Nebulosa Roseta. Haffner 19 se encuentra a 20.900 años luz, algo más alejado que Sharpless 2-311, a 20.500 años luz. Su edad se estima en unos 2 millones de años.

El otro cúmulo visible es Haffner 18, aún más joven que su compañero, con una edad media que ronda el millón de años. Está situado algo más cerca que Haffner 19, aunque se les puede considerar un cúmulo binario. Sus estrellas casi se han despojado del gas que les rodea, pero hay una de ellas que delata su verdadera edad. Con el peculiar nombre de FM3060A se designa a una de las estrellas más jóvenes que podemos ver a través de nuestro telescopio. Nació hace apenas 40.000 años, cuando los primeros pobladores de Europa caminaban por sus llanuras. De hecho, todavía se encuentra recubierta por la envoltura de gas que la vio nacer, de unos 2.5 años luz de diámetro, y cuyos bordes se expanden a unos 20 kilómetros por segundo. Es el análogo perfecto de un zigoto que apenas lleva unos instantes de vida, lo cual no deja de ser asombroso. En “pocos” años su envoltura desaparecerá y FM3060A comenzará su infancia, pubertad, madurez, e inexorablemente terminará sus días volviendo a expulsar el gas que la compone. Todo, como en los seres vivos, no es más que la transformación de unas moléculas en otras y el reciclaje de los átomos imperecederos.

Visualmente, la región que rodea a NGC 2467 merece un tiempo dedicado proporcionalmente a todo lo que tiene que contarnos. La brillante nebulosa es lo primero que llama la atención, de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro. Sus bordes se van perdiendo poco a poco, otorgando una forma circular, aunque con visión lateral la silueta es más difusa y de mayor envergadura. En su interior, la brillante estrella que la preside se encuentra rodeada de unas 20 estrellas mucho más débiles, inmersas en la nebulosidad.

NGC 2467

Haffner 18 se encuentra justo debajo, y destaca su forma triangular, con las estrellas más brillantes formando las aristas principales. Está formado por unos 20 componentes, y en uno de sus extremos podemos apreciar a la recién nacida FM3060A. Con nuestros instrumentos no podemos vislumbrar la esfera de gas que la rodea, pero la imaginación no entiende de capacidades. Muy cerca, a apenas 5 minutos de arco de distancia, destaca Haffner 19, más claro cuando usamos mayores aumentos. En un primer momento se aprecia como una pequeña agrupación de 3 ó 4 estrellas muy unidas. Una exploración más minuciosa, usando mirada lateral, revela algunas estrellas más, al borde de la visibilidad, y una débil nebulosidad que rodea a la zona, perceptible tan sólo con una adaptación completa a la oscuridad.

NGC 2467 detalles

Todo este conjunto de objetos queda realzado por el inmejorable marco que supone la Vía Láctea, que inunda cada espacio del ocular con una miríada de estrellas incontables. Sin duda, a veces merece la pena desviarse de la observación prevista y perderse en algunos de estos rincones perdidos.

Gélida Vía Láctea (Sh2-301 y NGC 2362)

La zona del Can Mayor es el equivalente invernal, podríamos decir, a la zona de Sagitario en cuanto a visibilidad de la Vía Láctea, ya que ambas se encuentran bañadas por los brazos de nuestra galaxia (la gran diferencia es que Sagitario apunta hacia el centro de la misma, con lo cual su brillo es intrínsecamente mayor). Esto significa que toda la región que rodea a Sirio, llegando hasta Orión, es especialmente rica en cúmulos y nebulosas, encontrando una inmensa cantidad de ellos allá donde pongamos el ojo. Ya hemos visto algunas de las maravillas de esta zona, como pueden ser M46 o NGC 2359, el Casco de Thor. Hoy le toca el turno a una zona al sur de Sirio, una región rica en estrellas que guarda muchos objetos interesantes.

Foto Sh2-301.jpg

El primero de ellos es Sharpless 2-301, una gran región HII, rica en hidrógeno ionizado, en la que se están formando estrellas de la misma manera que ocurre en M8 o M42. El gas, a medida que se enfría, se va condensando, y la gravedad hace el resto. El catálogo Sharpless es un conjunto de 313 regiones HII que Stewart Sharpless publicó en 1959 a raíz de fotografías del Observatorio Palomar. Suelen ser objetos vistosos en fotografías de alta resolución, si bien al telescopio sólo unos pocos son especialmente llamativos.

Sharpless 2-301 es una nebulosa difusa de unos 8 minutos de diámetro. Con mi telescopio pude apreciarla, a bajos aumentos, como una leve neblina que se hacía más patente al vibrar la imagen. A 65 aumentos, con el filtro UHC la imagen mejoró considerablemente, pudiendo delimitar algo mejor la imagen tan difusa. Aprecié cierta forma ovalada, alrededor de una decena de estrellas de variado brillo, así como otra condensación un poco más marcada alrededor de otra estrella brillante, a unos pocos minutos de la anterior. En observaciones realizadas con mayor abertura, o bajo mejores cielos, se pueden apreciar tres prolongaciones a modo de colas de cometa, que parten de un mismo punto. Con mi Dobson de 30 cm no pude distinguir una forma especialmente característica, si bien la visión de estas nebulosas siempre es altamente sugestiva.

Sharpless 2 301

El otro objeto es mucho más llamativo y no necesita de visión lateral ni importantes esfuerzos observacionales. Nos referimos a NGC 2362, el cúmulo abierto que engloba a la estrella Tau del Can Mayor. Es una estrella situada por debajo de Sirio, de magnitud 4.39 y tipo espectral O8, y, por lo tanto, muy joven. De hecho al cúmulo se le calculan unos 5 millones de años de edad, ante lo cual impresiona la ausencia de una envoltura gaseosa llamativa, restos de la materia que generó las estrellas. Recientemente se ha detectado una débil nebulosidad a su alrededor, bastante más extensa, que probablemente se haya diseminado a raíz de los fuertes vientos provocados por las estrellas.

NGC 2362

NGC 2362 se encuentra a unos 5.000 años luz y se compone de unas 60 estrellas de la misma generación. Ya se puede apreciar al apuntar con el buscador a Tau Canis Majoris, como un pequeño batiburrillo de estrellas rodeando a la brillante estrella. Al ocular la imagen es muy atractiva, apareciendo como unas 40 estrellas dispuestas alrededor del astro central y que adquieren una disposición triangular, con los vértices estirados. Las estrellas más brillantes, diez de ellas, forman este triángulo, mientras que una veintena de componentes menores pululan por su interior, llamando poderosamente la atención. Una visión más atenta revela, además, que Tau Canis Majoris es en realidad una estrella múltiple, pues dos estrellas más débiles casi parecen tocarla. Se encuentran a 8.6 y a 14 segundos respectivamente, situadas hacia el Oeste. No hay posible confusión, ya que su cercanía las diferencia totalmente del resto de estrellas del cúmulo. La estrella, además, tiene otros dos componentes a 0.1 segundos de distancia, ya fuera del alcance de telescopios de aficionado. La lista de objetos por estos lares es interminable, y sin duda volveremos con un buen arsenal de objetivos.

Paseo navideño por el Unicornio

Cerramos el año con una observación especialmente navideña, acorde con estas fechas, perfectamente adecuada a aberturas medias y sitios bien oscuros. Es un paseo por algunos de los objetos más reseñables de la constelación del Unicornio, que en estos días se eleva por el cielo persiguiendo a Orión. Comenzaremos el recorrido en su región más boreal, justo por debajo de los pies de Géminis. Allí, a simple vista, se aprecia una zona con estrellas que parecen difuminadas, un efecto claramente visible desde cielos alejados de grandes urbes. En ese batiburrillo de estrellas, una de las zonas más llamativas corresponde a NGC 2264, conocido, con acierto, como el Cúmulo del Árbol de Navidad. Es una agrupación de estrellas que rememoran a la perfección la imagen de un abeto navideño, a lo largo de unos 60×30 minutos de arco. En la base, la estrella 15 Monocerotis brilla con una magnitud de 4.2. Su espectro es de tipo O7, una estrella gigante azul especialmente joven y brillante, superando a nuestra estrella unas 8.500 veces en luminosidad. Toda la zona, perfilando la silueta triangular, se encuentra inmersa en una nebulosa de emisión, una gran región HII, el caldo de cultivo que, a 2.700 años luz de distancia, ha dado lugar a tantas estrellas.

Foto 2264

Visualmente es un objeto muy llamativo. Ya a través del buscador se puede apreciar la aglomeración de estrellas con forma de árbol, más brillante en su base y en su extremo. Al ocular es fácil que alguna parte se salga del campo si no es de gran aumento. La noche que apunté a NNGC 2264 me llamó la atención, desde el primer momento, la fuerte nebulosidad que rodea a 15 Monocerotis, la estrella de la base. Con visión periférica pude apreciar que la mayoría de estrellas de la zona se encontraban inmersas en una débil neblina, fácilmente contrastable al apuntar a regiones más alejadas del cúmulo. En su vértice superior se encuentra la conocida “Nebulosa del Cono”, una nebulosa oscura con forma cónica que parte de dicha estrella hacia arriba. Me dediqué a usar todas las técnicas que conocía para intentar distinguirla, pero al final tuve que darme por vencido, culpando a unas mínimas nubes que rondaban la zona. Lo máximo que alcancé a vislumbrar fue la nebulosidad en zonas adyacentes a la nebulosa oscura, pero no la forma característica que podemos apreciar en fotografías. Aun así no salí descontento con el intento, pues no contaba con ver la nebulosa que engloba al cúmulo y pude verla sin mayores complicaciones.

NGC 2264.png

El siguiente objeto se encuentra muy cerca, a poco más de un grado de la cima del árbol y el escurridizo cono. Se trata de NGC 2261, Caldwell 46 o la Nebulosa variable de Hubble, un objeto que necesita de una buena dosis de imaginación para ser totalmente comprendido. Esta nebulosa ha traído de cabeza a los astrónomos desde hace más de dos siglos. Hasta el siglo XX se había pensado que era una estrella variable (R Monocerotis) asociada a una nebulosa de reflexión con una peculiar forma de abanico. En la década de los 20, Edwin Hubble descubrió que la nebulosa también era variable, cambiando tanto su brillo como su longitud de forma totalmente irregular, distinta al período de la estrella, hasta el punto de cambiar en pocas semanas. El misterio no fue resuelto hasta hace muy poco, gracias a observaciones con el Hubble y otros grandes telescopios. La explicación a este enigma se achaca a una estructura gaseosa de forma toroidal que rodea a R Monocerotis, como si un gran donut envolviera a la estrella. Esta estrella, una gigante azul, desprende materia al espacio que, a consecuencia del torus, adquiere forma bipolar, con un chorro de gas hacia cada polo. Por eso vemos esa forma triangular en la nebulosa. “¿Y dónde está el otro chorro?”, podríamos preguntarnos. El chorro que vemos es el que sale hacia nosotros, mientras que el otro, expulsado hacia atrás, queda oculto por la nube de gases que rodea a la estrella. De esa forma, lo que podemos observar es realmente una de las mitades del conjunto. De hecho, la estrella que vemos en el centro ni siquiera es una estrella, ya que ésta se encuentra oculta tras el gas. Lo que vemos es la envoltura gaseosa fuertemente iluminada por la estrella, por muy puntiforme que parezca. La única manera de ver el astro es en longitudes de onda diferentes a la luz visible.

NGC 2261

Al telescopio NGC 2261 es especialmente fácil de ver, ya que presenta un gran brillo superficial. Se puede apreciar como una estrella (aunque ya sabemos que no es la estrella propiamente dicha), con una nebulosidad intensa de forma triangular, como si fuera un abanico. La nebulosa es más brillante en uno de sus bordes, disminuyendo progresivamente a medida que se aleja, acabando con cierta forma semicircular. Una estrella aparece por momentos inmersa en su superficie.

Hay que recorrer 2 grados hacia el suroeste para encontrar el siguiente objeto de este recorrido, llegando a una de las más conocidas imágenes del cielo profundo. La Nebulosa Roseta es una enorme región HII que se deja adivinar a simple vista a un palmo de distancia a la izquierda de Betelgeuse. La nebulosa se expande por una región del cielo de 130 años luz de diámetro, adoptando una imagen que recuerda a una rosa con su región central menos densa, englobando a un cúmulo de brillantes estrellas que son las que se han formado a raíz del gas circundante. Estas estrellas son, además, las que excitan los átomos de la nebulosa, haciendo que emitan radiación y reluzcan con brillo propio. Es una de las nebulosas más masivas que conocemos en nuestra galaxia, estimándose su masa en unas 10.000 masas solares. El cúmulo se denomina NGC 2244 o Caldwell 49, mientras que la nebulosa, Caldwell 50, recibe varias entradas del catálogo NGC (2237, 2238, 2239 y 2246) debido a su gran tamaño, que supera el grado de diámetro y alcanza una superficie similar a 5 lunas llenas. Ambos, cúmulo y nebulosa, se encuentran a unos 5.200 años luz de nosotros, el doble de la distancia que nos separa del cúmulo del árbol de navidad.

Foto 2237

Su intenso color rojo, debido al hidrógeno ionizado, recuerda a fotografías de la Nebulosa de la Laguna, compartiendo con ella su naturaleza y muchos de esos claroscuros tan típicos. Es una verdadera guardería estelar que todavía funciona a pleno rendimiento, condensando su gas en regiones concretas hasta alcanzar una temperatura tan alta como para emitir luz propia.

Visualmente la Roseta puede llegar a ser un objeto digno de admirar siempre y cuando contemos con un cielo suficientemente oscuro. He llegado a observarla fácilmente al colocar un filtro OIII sobre el buscador, apareciendo entonces perfectamente su forma circular englobando a NGC 2244. Éste es un cúmulo abierto, no especialmente poblado, pero con brillantes estrellas formando su esqueleto, destacando una decena de ellas que adquieren una disposición rectangular. A su alrededor se encuentran los bordes internos de la nebulosa, perfectamente marcados con cualquier ocular y un filtro, preferiblemente un OIII, aunque el UHC también resalta otros detalles diferentes. Para apreciar mejor la nebulosa es preferible usar un ocular de bajo aumento, y aun así tendremos problemas para enmarcarlo en el mismo campo. En mi caso, en el momento de la observación sólo disponía de un ocular de 24 mm, que proporciona en mi Dobson unos 125 aumentos y un campo de 30 minutos de arco, apenas suficiente para ver decentemente la mitad de la nebulosa. Sin embargo aproveché los “altos” aumentos para centrarme en detalles más concisos de la nebulosa, enfocando para ello a una zona especialmente rica en ellos. Parte del cúmulo quedaba en la parte superior derecha del campo, viéndose ampliamente rodeado por la nebulosa, y en algún punto estrechamente conectados por un débil resplandor. La parte interna se encuentra mucho más definida que el anillo exterior, que se pierde poco a poco de forma muy difusa. Destacan algunas islas oscuras que parchean el grosor de la nebulosa, con formas abruptas. El borde interno tampoco es liso, sino que presenta entrantes y salientes fácilmente destacables con visión periférica, añadiendo a la imagen una sensación de fotografía como pocos objetos son capaces de conseguir. Mi objetivo principal fue vislumbrar unas nebulosas oscuras a modo de filamentos que forman una especie de letra “Y” visible en fotografías de larga exposición. Ya en la zona, necesité de unos minutos de adaptación y visión lateral para conseguir verlos, pero allí estaban, una línea difusa y muy débil que dividía a la nebulosa en dos, bifurcándose en su camino hacia la periferia. Acabé agotado por intentar exprimir cada uno de estos detalles en los pétalos de una flor celeste, así que decidí terminar el paseo con un objeto más sencillo y agradecido.

NGC 2244

Beta monocerotis es la estrella más brillante de la constelación del Unicornio, con una magnitud de 3.74. Estamos habituados a ver estrellas dobles en las que sus componentes parecen gemelas en brillo y color. Lo que es tan habitual, como ocurre con esta estrella, es que sean tres las estrellas idénticas, y la imagen es lo suficientemente espectacular como para volcarse en ella cada noche de invierno. El sistema se encuentra a 690 años luz de nuestro sistema solar y sus estrellas son de tipo espectral B3, blanco-azuladas y jóvenes, con una edad que se estima en 34 millones de años (casi nada si lo comparamos con los 4.500 millones de años de nuestro sol).

Beta monocerotis

La principal, con una magnitud de 4.6, se encuentra a 7.4 segundos de arco de la estrella B. Ésta y C se encuentran mucho más unidas, a 2.8 segundos de arco. Ya resolubles a 125, su magnitud tan similar ayuda a poder diferenciarlas con gran facilidad. La imagen de dos soles tan cercanos que casi se tocan y giran uno alrededor del otro, con otra estrella algo más separada que también interactúa con ellos, no es fácil de olvidar. La estrella tarda 14.000 años en dar una vuelta completa alrededor de las otras dos, así que tenemos tiempo de sobra para deleitarnos con este baile cósmico interminable que no ha hecho más que empezar.

De cefeidas y magos (Delta Cephei y NGC 7380)

John Goodricke fue un astrónomo neerlandés que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII. Su muerte, prematura por una neumonía a los 21 años, no le impidió hacer grandes descubrimientos, destacando la hipótesis de que Algol, una brillante estrella de Perseo, veía su brillo alterado porque era en realidad un sistema binario en el que sus componentes se eclipsaban regularmente. Este atrevimiento le granjeó su entrada a la Royal Society, 4 días antes de fallecer. El prometedor astrónomo también descubrió que una estrella de Cefeo sufría alteraciones periódicas de brillo. Dicha estrella era Delta Cephei, y su brillo variaba de una magnitud 3.5 a 4.3 en un período algo mayor de 5 días y 8 horas. Su importancia entonces ni se podía sospechar, pero sería una de las piezas clave para entender las dimensiones de nuestro universo.

Otra astrónoma importante para la historia, Henrietta Swan Leavitt, que trabajaba en el observatorio del Harvard College, descubrió  en 1912 que las estrellas cefeidas, como se conocían a aquéllas con un patrón similar a Delta Cephei, guardaban una relación estrella entre su magnitud absoluta y la amplitud del período, de forma que las estrellas con mayor brillo intrínseco tenían un período de pulsación más largo. Poco después se determinó la distancia a algunas de estas cefeidas, lo cual sirvió para calibrar la relación período-luminosidad. El último paso en la historia particular de las cefeidas lo dio Edwin Hubble en 1924, cuando encontró, en la galaxia de Andrómeda, algunas de estas estrellas. Observando su período de variabilidad pudo conocer su magnitud absoluta. Una vez conocida ésta, no tuvo más que compararla con la magnitud relativa, el brillo con el que se observa la estrella desde la Tierra, para, con una regla de tres, obtener la distancia a la que se encuentra. De esa manera calculó que la estrella, y por tanto M31, se encontraba a 800.000 años luz, dejando claro que la Gran Nebulosa de Andrómeda no formaba parte, como se pensaba hasta entonces, de nuestra propia galaxia.

Las estrellas cefeidas son estrellas supergigantes de tipo espectral G, de color amarillento, que “pulsan” de forma regular, es decir, su radio se dilata y se contrae a un ritmo constante. Cuando se contraen su temperatura aumenta por la mayor densidad, con lo cual el brillo aumenta rápidamente. Luego, poco a poco, se va dilatando, con lo la temperatura va disminuyendo al tener una mayor superficie por la que distribuirse, perdiendo parte de su brillo. El radio de la estrella está relacionado con el tiempo que dura el período de variación, y esta relación, como hemos visto, es la que permite usar estas estrellas como candelas estelares para conocer distancias lejanas. Se conocen unas 400 cefeidas en nuestra galaxia, si bien hay unas 1.000 catalogadas en las Nubes de Magallanes.

Cefeida

Entendiendo ya su importancia, podemos echar un vistazo a la estrella responsable de la secuencia fortuita de descubrimientos que llevaron a desechar la idea de que las “nebulosas espirales” eran objetos que pertenecían a nuestra galaxia. Esta estrella es, como hemos adelantado, Delta Cephei, una estrella cuya magnitud varía entre 3.5 y 4.35, que se encuentra formando parte de una de las esquinas de Cefeo. Forma un triángulo von Dseta Cephei, de magnitud 3.3, y Epsilon Cephei, de magnitud 4.2. Como podemos ver, sus magnitudes son cercanas al máximo y al mínimo de Delta Cephei, gracias a lo cual podemos usarlas para estimar, a simple vista, su magnitud. La noche que la vi, el 2 de diciembre, su brillo estaba rondando el mínimo, alrededor de 4.3. Será interesante echarle un vistazo cada vez que salgamos estas noches invernales.

Además de su variabilidad, Delta Cephei esconde una sorpresa que, personalmente, no conocía hasta que apunté a ella con el telescopio. Ya lo pude vislumbrar por el buscador, pero fue al ocular del telescopio cuando quedé maravillado al comprobar que es en realidad un sistema doble, perfectamente resoluble con cualquier instrumento, formado por una brillante estrella amarilla y una secundaria que es de color azul verdoso, difícil de describir. Es de magnitud 7.5 y se encuentra situada a 40 segundos de arco. Ambas forman un sistema binario físico que hacen a uno preguntarse cómo sería vivir en un planeta con dos soles tan distintos…

Delta Cephei

Muy cerca de esta estrella, a unos 2 grados de distancia, encontramos otro interesante objeto que puede complementar a la observación del primero. Se trata de NGC 7380, un cúmulo abierto asociado a una nebulosa de emisión llamada Sharpless 2-142. El cúmulo, situado a 7.200 años luz de distancia, fue descubierto por un personaje que ya hemos conocido, Caroline Herschel, en 1787. Al telescopio llama la atFoto 7380ención una curiosa agrupación de estrellas, de una treintena de componentes, dispuestas en una formación triangular. Desde el principio llama la atención que el fondo del cúmulo parece especialmente “brillante”, y basta con usar el filtro UHC para que una bonita nebulosa destaque contra el cielo y enmarque a todas las estrellas. Esta nebulosa, que recibe el nombre de “Nebulosa del Mago” por su forma en fotografías de larga exposición, necesita un tiempo prudencial para mostrar todo su potencial. Inicialmente se aprecia sin problemas su forma triangular que parece proteger el cúmulo, pero varios minutos de observación bastan para mostrar otra prolongación junto a uno de los vértices. Más fácil de  ver resulta otra pequeña mancha que brilla solitaria a unos 5-10 minutos de arco del triángulo principal, claramente visible con visión lateral.

NGC 7380

La imagen, si bien es totalmente diferente a las fotografías, es bastante sugestiva, y la nebulosa es agradecida a unos ojos bien adaptados a la oscuridad. Acompañada del cúmulo, suponen una agradable visión en una zona repleta de objetos como es la constelación de Cefeo.

Al norte del cazador (NGC 2022 y NGC 2175)

Orión esconde una gran variedad de objetos al margen de los más conocidos, y entre ellos destacan, además de las nebulosas, los cúmulos abiertos. Si juntamos estos dos objetos en uno la visión resultará, sin duda, altamente sugerente. Es el caso de NGC 2175, un bonito cúmulo abierto que se halla inmerso en una nebulosa de emisión. Ha habido discrepancia desde hace años, ya que también ha sido referido con el nombre NGC 2174. Ambas identificaciones hacen referencia principalmente a la nebulosa, que forma parte de una región más extensa, una región HII denominada Sharpless 2-252. El cúmulo parece corresponder a Collinder 84, si bien no hay fuentes muy claras al respecto.

FOto 2175.jpg

Este objeto se encuentra entre la mano derecha levantada de Orión y el pie de Géminis, en una zona muy rica de la Vía Láctea invernal. Está formado por estrellas jóvenes, predominando aquéllas de tipo espectral O, que se hallan a algo más de 6.000 años luz. Su tamaño es  de unos 40 minutos de arco y recibe el nombre de Nebulosa de Cabeza de mono, debido a su forma y estructura interna que puede apreciarse en fotografías de larga exposición.

NGC 2175 es un objeto llamativo desde el primer momento. En el buscador ya se adivina como una nebulosidad salpimentada con diminutas estrellas. Al ocular la vista es espectacular. A bajo aumento todo el campo se halla repleto de estrellas, ninguna especialmente brillante, pero todas guardando una armonía digna de admirar. En el centro hay una que destaca levemente, que parece ser la causante de ionizar a la nebulosa. Unas 70 estrellas se dispersan por toda la zona sin una estructura aparente. Ya desde el principio pude notar una extensa pero muy débil nebulosidad poblando la zona. Nunca hubiera imaginado que la imagen mejorase tanto al aplicar el filtro UHC. Entonces enormes jirones nebulosos saltaron como por arte de magia, con una forma circular pero con zonas internas parcheadas y alargadas de menor densidad. Con visión periférica se aprecian con mucha mayor claridad y se extienden a todo lo largo del cúmulo, recordando con sus franjas más oscuras a una flor de delicados y tenues pétalos. Sin duda, un recuerdo que merece la pena llevarse.

NGC 2175

Bajando hacia la izquierda de la cabeza del cazador encontramos otro curioso objeto, mucho más pequeño y menos llamativo, pero no falto de interés. Es NGC 2022, una bonita nebulosa planetaria anular fácilmente resoluble con telescopios de aficionado. A pesar de tener una magnitud de 12.8, su pequeño tamaño (de unos 30 segundos de arco de diámetro) hace que sea relativamente sencilla de ver. Se encuentra algo más alejada que el anterior, a unos 7.600 años luz.

La observé desde cielos suburbanos en una noche con la atmósfera muy estable, usando para apreciar mejor su estructura el ocular Konus de 7 mm, que proporcionaba unos cómodos 214 aumentos. El anillo quedaba fácilmente distinguible, pequeño pero muy bien definido. En su interior brillaba una diminuta estrella que parecía a punto de apagarse, como si realmente pudiera apreciar por mi telescopio su última exhalación y desapareciera de la vista. La magnitud de esta estrella es de 15, con lo cual me puedo dar por satisfecho teniendo en cuenta la mediana calidad del cielo. En estos objetos con un alto brillo superficial lo más importante es tener una buena estabilidad atmosférica que permita usar altos aumentos. El filtro OIII, además, me ayudó a resaltar la estructura anular, dejándome un buen sabor de boca y sumando una más a la lista de planetarias observadas.

NGC 2022

Los dominios de Thor (NGC 2359 y NGC 2360)

Canis Major, o el Can Mayor, es una constelación especialmente llamativa por su principal estrella, Sirio, que es el astro más brillante del hemisferio norte y una de los más cercanos a la Tierra (a poco más de 8 años luz). En estas noches invernales brilla intensamente por debajo de Orion, y si las nubes no nos impiden la observación es una buena ocasión para echar un vistazo a sus alrededores.

A su izquierda ya vimos que se encontraban M46 y M47, los cuales bien merecen un repaso cada vez que tengamos la oportunidad. A medio camino entre ellos y Sirio se encuentra, un poco al norte, una perla astronómica ampliamente disfrutada en fotografías pero que suele quedarse al margen en las observaciones visuales. Es una nebulosa con una forma tan característica que le ha valido el sobrenombre de “El casco de Thor”. Nos referimos a NGC 2359, y es la nebulosa que se ha formado a partir de una estrella Wolf-Rayet. Si recordamos la entrada de NGC 7635, la Nebulosa de la Burbuja, recordaremos que son estrellas extremadamente masivas que comienzan a perder masa a velocidades muy altas, de forma que toda su envoltura va expulsándose al espacio progresivamente hasta formar las atractivas figuras que podemos apreciar desde nuestra particular estación espacial. La estrella responsable de formar NGC 2359 recibe el nombre de WR7 ó HD 56925. Es una estrella que ha envejecido a pasos agigantados, teniendo en la actualidad unos 20 millones de años, si bien la nebulosa comenzó a formarse hace unos 230.000 años. Su masa, mayor a 16 masas solares, la conducirá irremediablemente a terminar su vida en forma de supernova debido a la rápida combustión de todo su material. En la siguiente imagen, de Bob Franke, podemos perdernos entre los jirones gaseosos de esta maravilla celeste:

Foto 2359.jpg

Hasta ahora se ha dedicado a expulsar los gases que la rodean hacia el exterior en pulsos, provocando varias “ondas de choque”. Se ha estimado que lleva tres de estos pulsos, que han promovido la formación de una burbuja a su alrededor, con el gas a merced de los rápidos vientos que llegan a alcanzar velocidades vertiginosas de hasta 1.500 km/s. Sin embargo, en las fotografías podemos apreciar distintos filamentos que otorgan a la nebulosa su aspecto de casco vikingo. Estas alteraciones en la formación se deben a que el gas, en su expulsión de los dominios de WR7, se ha encontrado con una región HII que le opone cierta resistencia. De esta manera, lo que vemos es el gas que intenta abrirse camino a través de un medio relativamente denso, como una nube que recibe un frente frío y se va deformando rápidamente.

NGC 2359 es fácil de localizar, saltando de estrella en estrella desde M46 (de camino, nos llevamos una alegría a la vista). En el buscador no lo pude apreciar con claridad, pero, sin embargo, había “algo” que me hacía saber que estaba ahí, quizás una mínima nebulosidad que alcanzaba mi retina de forma disimulada…). A 125 aumentos pude apreciarlo sin mayores dificultades, si bien era demasiado tenue y apenas se podía distinguir estructura alguna. La cosa cambió al usar el filtro OIII, resaltando enormemente la silueta de la nebulosa, alcanzando un grado de definición que no pensé que podría ver. El anillo central se apreciaba sin ningún problema, algo alargado, rodeando a la estrella central, que brilla con una magnitud de 11.4, sin llegar a ocupar el centro exacto. Lo más interesante eran, quizá, los dos filamentos que salían del anillo, a modo de cuernos, y se iban difuminando con el fondo a medida que se alejaban de él. La mirada periférica ayuda a verlos con una mayor definición y longitud. El campo estelar, sin ser especialmente rico, es llamativo y forma un agradable marco de fondo a la nebulosa. No es difícil imaginarse a esa estrella expulsando sus capas más externas, soplando con fuerza y deformando la inmensa nube que la rodea. El espectáculo desde una estrella cercana sería sobrecogedor.

NGC 2359.png

La noche que vi por primera vez el Casco de Thor, mientras recorría el cielo con el buscador, vi una pequeña nubecilla que captó mi atención, cerca de donde debía estar la nebulosa. Rápidamente la encuadré y miré por el ocular. Me sorprendí al comprobar que era un cúmulo abierto, y no un cúmulo cualquiera, sino uno de los grandes. Intrigado por cuál sería, decidí buscarlo posteriormente, cogí el lápiz y lo plasmé en el papel. A 125 aumentos ocupaba la mitad del ocular, con un centenar de estrellas que adoptaban caprichosas formas, numerosas alineaciones de pequeños astros que poblaban todo el campo de visión. Una estrella más brillante presidía el cúmulo, como si protegiera al resto de su rebaño. Al llegar a mi casa comprobé que era NGC 2360, conocido también como el Cúmulo de Caroline o Caldwell 58.

NGC 2360

Es un cúmulo abierto situado a unos 3.700 años luz de nosotros, con un diámetro de 15 años luz. Gracias al estudio de sus componentes, entre las que se encuentran varias gigantes rojas, podemos datarlo en unos 2 mil millones de años de antigüedad. La estrella más brillante a la que hacía referencia no pertenece realmente al cúmulo, sino que la vemos sobre él por efecto de perspectiva. Lo descubrió Caroline Herschel en el siglo XVIII, y es uno de tantos objetos que esta maravillosa zona depara al astrónomo que le dedique parte de su tiempo.

 

En el brazo de Perseo (NGC 7538 y NGC 7510)

Hay zonas del cielo que derrochan luces y formas, lugares a los que apuntamos nuestros instrumentos y no podemos dejar de sorprendernos, aunque vayamos a ciegas sin saber lo que vamos a encontrarnos. Cúmulos, nebulosas, saltan a la vista conforme el ocular va avanzando y descubriéndonos un cielo que puede presumir de todo salvo de aburrido. Una de estas zonas es la que rodea a M52, a medio camino entre Casiopea y Cefeo, compartiendo los límites de sendas constelaciones que ya en la mitología aparecían unidas por el matrimonio, siendo ambos reyes de Etiopía y padres de la conocida Andrómeda (pero esa historia nos ocupará otro capítulo). La mayor parte de los objetos celestes que encontramos en este lugar pertenecen a la región Cassiopeia OB2, un enorme complejo de gases en continua evolución, con regiones HII y cúmulos abiertos recién formados que pueblan el brazo de Perseo de nuestra galaxia.

Una de esas regiones HII, visible con instrumentos de aficionado, suele pasar desapercibida porque comparte barrio con el imponente M52 y la delicada NGC 7635, la nebulosa de la Burbuja. Estamos hablando de NGC 7538, también conocida como la «Nebulosa de la Laguna del Norte», por su similitud con M8. Es una nebulosa de emisión, una región HII en la cual se están gestando estrellas a partir del gas que se condensa por la gravedad y las corrientes dinámicas que, al igual que en el cielo azul, van moldeando las nubes dando lugar a caprichosas formas. NGC 7538 es un objeto rico en Hidrógeno ionizado, de ahí su color rojizo en fotografías, y brilla gracias que las jóvenes estrellas formadas en su interior impregnan sus átomos con radiación ultravioleta, haciendo, literalmente, que salten chispas y un aluvión de fotones salgan disparados en todas las direcciones. Se encuentra a unos 9.100 años luz de nosotros y en su seno acoge a la protoestrella más masiva que conocemos, NGC 7538S. Es una estrella de tipo espectral O, con una masa de entre 20-40 masas solares y un disco de materia y restos que la rodea con un diámetro de hasta 1.000 veces el de nuestro Sistema solar. En su región más interna este disco alcanza altas velocidades, produciendo un jet o chorro de materia que es lanzado en perpendicular hacia el espacio. Este chorro, según los últimos estudios, tiene una vida muy corta, habiendo aparecido hace tan sólo unos 2.000 años. En términos astronómicos es comparable a unos pocos segundos.

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La primera vez que vi a NGC 7538 fue a propósito. La segunda, sin querer, después de estar viendo M52 y NGC 7635, y al mover levemente el telescopio me encontré con él, sin saber que estaba tan cerca de los anteriores, casi rozándolos. De hecho, sin saber lo que estaba viendo, iba a dibujarlo de nuevo, y entonces me di cuenta de lo parecido que era a NGC 7538. Es una nebulosa de entre 5 y 10 minutos de arco de diámetro que se dispone alrededor de dos brillantes estrellas que llaman la atención por su similitud, como dos ojos que miran desde el cielo. A bajos aumentos es fácil apreciar algo de neblina que las rodea, más concentrada en el centro y difuminándose hacia el exterior. Hay que subir algunos aumentos para apreciar su silueta más claramente. A 125x el cielo se oscureció lo suficiente como para poder verla con comodidad. Casi instantáneamente apareció a la vista una especie de cuerno, una prolongación acaba en punta en uno de los lados de la nebulosa. Fácil de ver, más evidente con visión periférica, me dispuse a dibujarla. A los pocos minutos noté que, al otro lado, otra prolongación aparecía de forma más tímida, más difusa, pero con una forma similar. Tras plasmarla en el papel otra porción más engrosada acompañó a esta última en el ocular, quedando la imagen final como muestra el dibujo, una región central más brillante y tres prolongaciones que se pierden en el cielo oscuro. Las dos estrellas presiden la bonita imagen y ayudan a orientarse. NGC 7538 me sirvió para reforzar la importancia que tiene el tiempo dedicado, ya que conforme pasan los minutos los detalles van apareciendo como por arte de magia.

NGC 7538

Muy cerca de esta nebulosa encontramos otro curioso objeto, una agrupación de estrellas que llaman la atención cuando el ocular pasa por encima, ya que presentan una disposición abigarrada y largada, como si fuera una pirámide aplastada, y su magnitud aparente de 7.9 lo hace resaltar rápidamente de las estrellas de fondo. Previamente había contemplado este cúmulo abierto, pero hasta esa noche de Noviembre no le puse nombre. Se trata de NGC 7510, un llamativo cúmulo de apenas 4 minutos de arco de longitud que se encuentran a casi 10.000 años luz de nosotros. Comparte con NGC 7538 su lugar en ese inmenso complejo que es Cassiopeia OB2, y es uno de los innumerables cúmulos que podemos ver echando un rápido vistazo entre Cefeo y Casiopea (se encuentra dentro de los límites de Cefeo). La mayoría de sus estrellas son de tipo espectral B, como corresponde a estrellas jóvenes de apenas 10 millones de años de antigüedad. Poco a poco irán transformándose en estrellas rojizas y separándose como una bandada de aves que se dispersan, desligándose finalmente en su madurez. Ya visible con prismáticos, muestra su verdadera magnificencia con el telescopio a aumentos medios. A 125x se aprecian dos brillantes hileras de 5 ó 6 estrellas, con otras más tenues dispersas por su interior. El cúmulo a simple vista transmite la sensación de ser un triángulo con un vértice algo achatado, con la base formada por las estrellas más brillantes, en una disposición rectilínea que llama la atención y le da un carácter geométrico al conjunto.

NGC 7510

Merece la pena vagar por toda esta zona sin rumbo, con unos prismáticos o con un ocular de gran campo, dejándose llevar por la inmensidad y la variedad de formas que podemos llegar a encontrar. Ya habrá tiempo de ponerles nombre, pero de vez en cuando gusta observar despojándonos de tecnicismos, dispuestos simplemente a disfrutar con la vista, sin mayores pretensiones. Un grupo de estrellas minúsculas, un jirón de nube, ahí otro, esas estrellas tan brillantes que aparecen rodeadas por otras más tenues, una estrella doble, una esfera difusa flotando en el vacío… La región Cassiopeia OB2 bien merece un paseo.