NGC 6765, la otra planetaria de Lira

Cuando uno piensa en una nebulosa planetaria en Lira automáticamente se nos viene a la cabeza M57, y no podemos culparnos por ello. Sin embargo, hay una planetaria más de brillo considerable y, además, con una estructura mucho más interesante y exótica que su famosa compañera anillada.

También conocida como Pk 62+9.1, NGC 6765 es una nebulosa planetaria que fue descubierta por Albert Marth en 1864 con un telescopio de 48 pulgadas (este astrónomo alemán descubrió, entre otros objetos, Arp 142, NGC 6052 y NGC 6956). Rudolph Minkowski la encontró en unas imágenes a mitad del siglo XX y pensó que era un objeto nuevo, catalogándola como M 1-68 en su lista de nebulosas de emisión. Situada a unos 5.000 años luz de distancia, su forma captó mi atención desde un primer momento, rompiendo con la típica imagen de las planetarias redondeadas o bilobulares. Aparece en la mayoría de las imágenes como una franja nebulosa alargada con una pequeña región redondeada más brillante, aunque detrás de ella hay mucho más cuando se fotografía con mayores instrumentos. En este aspecto he encontrado muy útil un artículo llevado a cabo por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (abajo os dejo el enlace), en el que se analiza en profundidad este objeto, desentrañando su verdadera estructura.

Pues bien, resulta que la zona central y alargada es en realidad un anillo Foto NGC 6765 2ecuatorial de gas que envuelve a la enana blanca: su inclinación hace que la veamos casi de perfil y se expande a una velocidad de 40 km por segundo. Se aprecian dos nódulos brillantes a ambos lados del centro, correspondientes a jets bipolares que se alejan del centro en dirección perpendicular al eje de rotación, alcanzando los 23 km por segundo. Uno de ellos, el más brillante, se dirige hacia nosotros. Por último, la estrella central promueve una expansión del gas de forma esférica, mucho menos visible en las fotografías, que forman capas concéntricas que nos recuerdan a las típicas “alas” de M76 o M27.

Foto NGC 6765

La magnitud de NGC 6765 es de 12.9, no precisamente brillante, y su brillo superficial no ayuda a verla con mayor facilidad, aunque bajo un cielo oscuro no tendremos problema, inmersa en un campo estrellado no muy lejos de M56. Una vez en campo notaremos algo “extraño”, incluso a bajo aumento, y al observar con mayor concentración captaremos los fotones que adquieren una forma alargada, algo ensanchada en su parte central. Esta zona corresponde al disco que rodea la enana blanca, y sus dos extremos son más brillantes. Al lado del más destacado brilla tímida una pequeñísima estrella, ajena a lo que está ocurriendo muy cerca de ella. Tras varios minutos de adaptación, con visión periférica, una pequeña y débil mancha aparece a su lado, redondeada, fantasmal e invisible por momentos, pero tan real como todas las estrellas de alrededor. Todo parece envuelto en una bruma alargada que no es sino el halo de la planetaria, visible con mirada lateral.

NGC 6765

El resto de capas gaseosas escapan a la detección del ojo humano, pero nada nos impide hacer un esfuerzo e imaginar el conjunto. Cuando uno conoce la estructura del objeto, lo que vemos no resulta tan extraño, pero aún así no deja de ser asombroso.

NGC 6765 recreacion

*Enlace al mencionado trabajo:

Collimated_Fast_Winds_Shaping_the_Planetary_Nebulae_Sh_2-71_and_NGC_6765

Un diamante bajo el escorpión (NGC 5986)

El hemisferio sur nos presenta objetos realmente maravillosos que a los observadores septentrionales nos dejan asombrados, soñando con poder verlos en alguna ocasión con nuestros propios ojos. Sin embargo, muchos de estos objetos están al alcance desde latitudes medias, aunque tendremos que lidiar con su baja posición en el cielo. Por ello, siempre que podamos disponer de un horizonte sur despejado no debemos perder la oportunidad de intentar cazar algunas de estas esquivas joyas. En julio me encontré una noche clara con Escorpio alto en el cielo. Decidí buscar bajo sus pinzas con ayuda de un atlas, y me dejé llevar hacia un cúmulo globular que prometía ser interesante.

NGC 5986 fue descubierto por James Dunlop en 1826, aunque al principio fue confundido con una nebulosa. Se trata de un cúmulo globular que se encuentra a unos 40.000 años luz de distancia y se encuadra en los límites de la constelación Lupus (la leyenda de esta constelación nos habla del rey de Arcadia, Licaón, que fue colocado como un lobo en el cielo debido a su gran crueldad). Este cúmulo pertenece al halo interno de nuestra galaxia, orbitando en torno al núcleo de la Vía Láctea con una órbita relativamente excéntrica. Con unos 100 años luz de diámetro, podemos encontrar hasta cinco poblaciones diferentes de estrellas en cuanto a su composición, las cuales podrían señalar distintas etapas de formación. Entre sus componentes destacan varias variables de tipo RR lyrae, estrellas cuya importancia radica en que son usadas como candela estelar para estimar distancias (de manera similar a las cefeidas), y han permitido estimar una distancia más concreta de unos 36.500 años luz. NGC 5986 cuenta, además, con la presencia de dos brillantes astros de tipo espectral A-F que se encuadran dentro de las estrellas post-AGB. Es término AGB significa “Asymptotic Giant Branch” o, en castellano, Rama Asintótica Gigante, y representan una de las últimas etapas de la evolución estelar, un momento previo a la formación de una nebulosa planetaria. Hay indicios de que este tipo de estrellas podrían ser usadas también como candelas estelares, ayudando a precisar grandes distancias en nuestra galaxia.

Este cúmulo globular es de clase VII, con un núcleo poco definido, algo más concentrado que la periferia. Sin embargo, no fue esa la sensación que me dio cuando lo observé con mi Dobson de 30 cm. Para encontrarlo podemos guiarnos por la estrella eta Lupi, una estrella doble (triple en realidad) con dos componentes de magnitudes 3.41 y 7.5 separados por 14 segundos de arco. Muy cerca de allí, a apenas 2 grados y medio de distancia, podremos apreciar un esfera nebulosa de magnitud 7.6, ya intuidle con prismáticos a pesar de su baja posición en el cielo. Su tamaño aparente es de unos 10 minutos de arco, aunque las estrellas más periféricas no serán visibles con nuestros instrumentos. Lo primero que destaca al observarlo con el telescopio es su núcleo: cuando lo vi me pareció notar un incesante burbujeo en su interior. Tiene forma redondeada, aunque con visión periférica noté dos prolongaciones que protuían en direcciones opuestas, ambas repletas a su vez de ese contenido granujiento. A su alrededor, y bien diferenciado del núcleo, el halo se extendía más allá, rodeando a una brillante estrella que se encuentra a apenas 2 minutos de la región más central (¿será una de las estrellas post-AGB que hemos mencionado con anterioridad?). Mientras mi visión se adaptada sólo aprecia una esfera neblinosa, pero en cuestión de segundos esa nubecilla se convirtió en un sinfín de estrellas que, apretujadas, luchaban por ganar algo de efímera gloria. Eran extremadamente pequeñas y débiles, pero ocupaban cada rincón del globular, haciendo que su visión resultará verdaderamente especial. Sin duda, desde lugares más meridionales será posible disfrutarlo aún más; mientras, nos conformaremos con espiarlo por encima del horizonte.

NGC 5986.png

Parejas en Sagitario (M21 y M20)

Hoy vamos a ver una interesante pareja de objetos. Hay quien podría pensar que M21, por el hecho de ser un cúmulo abierto del catálogo Messier, carece de un interés especial, pero la cosa cambia cuando observamos el panorama a bajo aumento, pues entonces comparte campo con una maravilla celeste, la Nebulosa Trífida, mostrando una estampa digna de dejarnos tras el ocular durante largo rato.

Messier 21, también conocido como NGC 6531, es un cúmulo abierto que fue descubierto por Charles Messier en 1764, a la par que otros muchos objetos que pueblan esta zona del centro galáctico. Se encuentra a unos 4.250 años luz de distancia, formando parte de la asociación Sagitarius OB1. Esta asociación es una familia de estrellas y gas entre cuyos componentes se encuentra la Nebulosa de la Laguna (M8) y Mu Sagittarii, una supergigante blanca con un radio 115 veces mayor que el de nuestro Sol. Las estrellas de M21 son bastante jóvenes, habiéndose estimado que ninguna de ellas llega a alcanzar los 5 millones de años.

La magnitud de este cúmulo es de 6.5 y, por tanto, sería observable a simple vista bajo condiciones idóneas. Los prismáticos más pequeños ya lo muestran sin problema como una pequeña mancha blanquecina, muy cerca de M8 y M20. Un telescopio nos mostrará los 57 componentes que, se cree, pertenecen al cúmulo. Se encuentran dispersos por un área de 17 minutos de diámetro, encontrándose más concentrados en torno a la región central. No hay rastro de nebulosidad, que ya se ha dispersado tras la formación de las estrellas, pero tampoco se aprecian astros rojizos, ya que no han tenido tiempo de formarse aún. Como comentábamos al principio, a aumentos medios no deja de ser un cúmulo abierto relativamente normal, agradable de ver pero sin nada que lo destaque de otros muchos. Sin embargo, si observamos desde un cielo oscuro y usamos oculares de gran campo podremos deleitarnos con la presencia concomitante de M20, que muestra a la perfección sus oscuros filamentos. M20 se encuentra algo más lejos, a unos 5.500 años luz de distancia, y es la oportunidad ideal para contemplar dos grupos de estrellas en distintas etapas de su evolución. Las estrellas de M20 todavía se encuentran envueltas en una densa nube de hidrógeno, mientras que las de M21, despojadas de todo rastro de gas, se irán dispersando poco a poco y perdiendo su atracción gravitatoria.

M21.jpg

El cometa 21P/Giacobini-Zinner

Este verano, el protagonista comentario ha sido sin duda el 21P/Giacobini-Zinner, un cometa que tuvo su máxima aproximación el día 8 de septiembre. Previamente no tuve la oportunidad de verlo en condiciones, así que el ewiojgoiesjgñ de este mes me obligué a subir a la terraza, aún a sabiendas de que su brillo se vería mermado por la presencia cercana de las luces de Granada: hay que adaptarse a las circunstancias, y pensé que siempre es mejor ver algo que no ver nada.

El 21P es un cometa periódico que cada 6.52 años hace una fugaz visita al Sol, acercándose a él a distancias en torno 1 UA (unidad astronómica). Este año, además, su perihelio coincidía con un considerable acercamiento a nuestro planeta, de manera que se encontraba a tan sólo 0.4 UA de la Tierra. Las Dracónidas, la lluvia de meteoros que tiene lugar a principios de octubre, con su tasa de mayor actividad entre el 8 y 10 del mes (esta lluvia también se conoce como las Giacobínidas). El cometa fue descubierto por Michel Giacobini en 1900, y posteriormente redescubierto en 1913 por el alemán Ernst Zinner.

Encontrar el cometa fue sencillo a su paso por la constelación de Auriga, aunque ahora se encuentra cada vez más bajo, en la constelación del Unicornio. Ya era patente con prismáticos como una pequeña esfera nebulosa, como un lejano globular. Al telescopio el diámetro de su coma ocupaba casi 5 minutos de arco, con el núcleo brillando con intensidad, casi puntual. Con visión periférica se dejaba ver sin gran dificultad una cola algo mayor de 10 minutos de arco, aunque desde un cielo oscuro podría haberla visto mucho más larga (algunos observadores visuales han reportado distinguir una longitud de hasta medio grado, duplicándose en algunas fotografías).

21P

Dos lejanos ojos (IC 5217)

Estas semanas de nubes y tormentas hacen que intentemos por todos los medios aprovechar cualquier atisbo de cielo despejado que pueda haber al anochecer. Eso, sumado a que hace unas semanas adquirí mi nuevo telescopio, un C11, me hizo subir a mi terraza la otra noche para estrenarlo de una vez. Después de observar algunos objetos conocidos, decidí buscar algo más exótico, y encontré una nebulosa planetaria en la constelación del Lagarto: IC 5217. 

Las escasas fotografías que había de ella captaron mi atención y acrecentaron mi interés, más aún cuando encontré un artículo sobre este objeto realizado por el IAA con un telescopio del observatorio de Sierra Nevada, en Granada (al final del artículo adjunto un enlace a dicho artículo). IC 5217 es una nebulosa planetaria que fue descubierta por Wilhemina Fleming en 1904. Se sitúa a unos 9.600 años luz de distancia, lo cual nos pondrá en alerta sobre su pequeño tamaño, pues tiene un diámetro de entre 6 y 15 segundos de arco, según la fuente que busquemos. Resultado de imagen de ic 5217La disparidad de tamaños se debe principalmente a la longitud de onda elegida para la observación, o a que se incluyan en el tamaño algunos elementos de la planetaria que no se ven con todos los instrumentos. IC 5217 tiene un pequeño anillo ecuatorial que, desde nuestro punto de vista, vemos de perfil, girando alrededor de la enana blanca central. El anillo de gas, en su región más interna, se aleja de su estrella a 10 km por segundo, triplicando esa velocidad en sus zonas más distantes. Este anillo, como en otras planetarias, ha propiciado la aparición de una estructura bipolar, de manera que la nebulosa presenta dos jets que parten en direcciones opuestas (algo que nos recuerda a la estructura de algunas nebulosas protoplanetarias). La estrella central, de magnitud 15.5, presenta una elevada temperatura superficial, de hasta 95.000 kelvin.

Como hemos dicho, IC 5217 es bastante pequeña, pero presenta un alto brillo superficial que la hace distinguible incluso con pequeños telescopios, con una magnitud que ronda la 11.5. A bajo aumento se aprecia como una estrella más, aunque a partir de los 150 aumentos se puede intuir una forma alargada. Aunque las condiciones de esa noche no eran las idóneas decidí exprimir la capacidad del C11 y dedicarle largo tiempo a extraer detalles, así que le puse un Cronus de 7 mm, obteniendo 400 aumentos, y me senté tras el ocular con paciencia. En un primer momento la imagen era demasiado oscura como para distinguir algo más que una pequeña y etérea nube, pero esperé para que la vista se adaptara a la oscuridad. Allí estaba la nebulosa, claramente definida como un óvalo de luz difusa, fácilmente visible con visión lateral. No había ni rastro de la estrella central, aunque con una magnitud de 15.5 no contaba con verla. Llevaba quince minutos forzando la vista cuando algo llamó mi atención: en un primer momento me pareció ver una especie de barra luminosa que destacaba en el eje principal de la planetaria. Desapareció rápidamente, pero durante los siguientes minutos pude verlo nuevamente en varias ocasiones. Finalmente mis ojos fueron afinando el detalle para distinguir, en vez de una barra central, dos diminutos puntos en el límite de la visibilidad. Se encontraban a ambos lados de la parte central, y viendo las escasas fotografías que hay de este objeto sólo podían ser sus brillantes jets, que superan en brillo a la estrella central. Emocionado por el descubrimiento, despegué hacia el siguiente objeto.

IC 5217.jpg

 

*Enlace al estudio mencionado:

https://www.aanda.org/articles/aa/pdf/2006/35/aa5542-06.pdf

Virgo en espiral (NGC 5247)

Llevo varias semanas sin poder actualizar el blog, y no por falta de ganas, sino porque entre el trabajo y las observaciones públicas de julio y agosto apenas tengo tiempo para nada. No obstante, todavía tengo varios dibujos pendientes sobre los que hablar, y hoy le toca el turno a una galaxia que me sorprendió gratamente. Solemos pensar en los objetos Messier como los más sencillos, pero hay galaxias del New General Catalogue (NGC) que muestran su estructura espiral más fácilmente que las descubiertas por el astrónomo francés. La de hoy es un claro ejemplo, un deslumbrante universo-isla que podemos ver en todo su esplendor en la siguiente fotografía:

NGC 5247 es una espiral que vemos de frente, mostrando dos prominentes brazos espirales que se dividen, a su vez, en otros dos tras dar media vuelta alrededor del núcleo. No vemos ninguna barra central, sino que los brazos se originan en el mismo centro arremolinado. Estamos ante lo que se denomina una galaxia “Espiral de Gran Diseño”, que se diferencian claramente de las floculentas, en las que sus brazos parecen estar disgregados en múltiples fragmentos inconexos. No, aquí  vemos unos destacados brazos con múltiples condensaciones, asociaciones estelares con un reciente origen. Por las regiones más periféricas, algo disgregadas del centro, podríamos pensar que NGC 5247 ha sufrido algún reciente encontronazo con otra galaxia, pero lo cierto es que los datos apuntan a que lleva “flotando” solitaria mucho tiempo, y por eso ha sido objeto de numerosos estudios que buscan encontrar una causa para explicar la formación de los brazos espirales.

La galaxia se encuentra a una distancia estimada entre 60 y 70 millones de años luz, englobándose por tanto en el Cúmulo de Virgo, con el que ya estamos más que familiarizados. Su magnitud de 10.5 permite encontrarla con instrumentos de pequeña apertura, si bien necesitaremos telescopios mayores si queremos resolver sus brazos. Con el Dobson de 30 cm no supuso ningún desafío, a diferencia de otras galaxias del catálogo Messier. A 115 aumentos ya mostraba un prominente y brillante núcleo redondeado con una nube tenue y difusa a su alrededor, que alcanzaba unos 5 minutos de diámetro. A 214 aumentos disminuía su contraste pero, por el contrario, los dos brazos espirales principales salieron a la luz, al menos la porción de ellos previa a la bifurcación. Me recordaba a M91 sin barra central, con su brazo septentrional (abajo en el dibujo) algo más engrosado y ostentoso. Antes de cambiar a otra galaxia no pude evitar preguntarme cuántos otros objetos me esperaban en esa constelación para sorprenderme.

NGC 5247.png

Perseidas en Granada (11 de agosto de 2018)

Hola a todos, os queremos informar de que este año vamos a realizar nuevamente una observación astronómica de esta lluvia tan especial, aunque en esta ocasión será más tranquila y familiar que el año pasado, cuando asistieron más de 120 personas para disfrutar del evento. Os dejo el cartel y el enlace al evento creado en facebook con toda la información, en principio combinaremos la observación de las Perseidas con un recorrido guiado a través de nuestros telescopios de distintos objetos del firmamento, aprendiendo sobre la marcha acerca los procesos que rigen la dinámica del universo.

Perseidas

Evento en facebook

La actividad comenzará a las 21:00 en la Carretera de la Cabra y es necesaria inscripción previa en el siguiente enlace:

http://www.turismoastronomico.org/perseidas/

Una vez realizada la inscripción os enviaremos un correo con todos los datos detallados. Si tenéis cualquier pregunta podéis hacerla en el mismo formulario del enlace. ¡Os esperamos este sábado!

 

Eclipse lunar en Granada (27 de julio de 2018)

Hola a todos, ya quedan cuatro días para el gran evento de este mes y a nosotros nos quedan algunas últimas plazas disponibles. Realizaremos una observación guiada del fenómeno con nuestros telescopios y prismáticos, observando además distintos objetos de cielo profundo y de nuestro Sistema Solar (Saturno, Júpiter, Marte, e incluso algún cometa). Como novedad, contaremos en la actividad con un fotógrafo profesional que realizará espectaculares fotografías de los asistentes que servirán como un recuerdo único y original. Al final del evento sortearemos unos prismáticos entre los participantes de la actividad. Os dejo el cartel y el enlace de inscripción, que es obligatoria para participar. Si tenéis cualquier duda podéis preguntar  a través del mismo enlace:

Eclipse julio

Inscripción al evento

A los que no podáis asistir, mucha suerte en la observación, recordad que el eclipse tendrá lugar desde la salida de la Luna por el horizonte, en torno a las 21:30. ¡Buena caza!

Al borde de Virgo (M85 y NGC 4394)

En Virgo hay varias galaxias que están al alcance de unos buenos prismáticos bajo cielos oscuros, y M85 es una de ellas:

También conocida como NGC 4382, M85 es una galaxia lenticular, aunque algunos estudios recientes parecen identificarla como una elíptica. Ya sabemos lo difícil que puede ser en ocasiones esta distinción, pues los dos tipos de galaxia, dependiendo de la orientación, pueden adoptar la misma forma redondeada u ovalada. M85 fue descubierta por Pierre Méchain en 1781, y es una de las galaxias más septentrionales del Cúmulo de Virgo, al cual pertenece. Presenta poco hidrógeno neutro, lo cual, añadido a varios detalles de su estructura interna, hace pensar que sufrió una colisión con otra galaxia hace entre 4.000 y 7.000 millones de años, cuando nuestro Sol ni siquiera había nacido.

Cerca de M85 podemos observar una pequeña galaxia que está interactuando con ella, NGC 4394. Fue descubierta por William Herschel tres años después que Méchain encontrara a M85. Es una espiral difusa con una prominente barra central que tiene magnitud 11 y  3 minutos de diámetro, lo cual corresponde a unos 40.000 años luz a la distancia a la que se encuentra. Es una galaxia de tipo LINER (Low-ionization nuclear emission-line region), un tipo de galaxias que emiten radiación desde sus regiones más centrales: su causa puede ser la presencia de un agujero negro supermasivo de 100 millones de masas solares o, por otro lado, la emisión producida por una gran cantidad de estrellas jóvenes. Otra galaxia más pequeña está también interactuando con M85, una elíptica enana que se denomina MCG 3-32-38. En 2006 apareció un objeto de aspecto estelar y magnitud 13 en el disco de M85, con un comportamiento que no correspondía con el de las supernovas. Tras un período de observación se llegó a la conclusión de que se debía a la colisión entre dos estrellas de baja masa, un fenómeno poco frecuente que se conoce como “novas rojas luminosas”.

Resultado de imagen de ngc 4394

Rondando la décima magnitud, podemos encontrar sin problema a M85 saltando de galaxia en galaxia. Presenta un aspecto alargado de unos 5 minutos de arco de diámetro mayor, con un núcleo brillante y redondeado que se va difuminando hacia la periferia. Los bordes no son definidos, y un pequeño punto aparece inmerso en su disco, como si fuera una supernova: en realidad es una estrella impostora, un miembro de nuestra propia Vía Láctea que se hace pasar por un viajero lejano. A su lado podemos ver sin dificultad otra nubecilla redondeada que se corresponde con NGC 4394. Presenta un núcleo brillante y puntiforme, y con visión lateral destaca una delicada barra que atraviesa su superficie de lado a lado.

M85.png

El misterioso caso de Japeto

Esta entrada no es el registro de una observación sino algo que me ha sorprendido conocer, una muestra de la genialidad que pueden padecer algunas personas y que me gustaría compartir, así como un reto observacional de cara a los siguientes meses. Vamos a situarnos en el siglo XVII, una época importante para la astronomía, ya que en 1609 Galileo realizaba las primeras observaciones con un telescopio. A finales de siglo, Giovanni Cassini apuntó su rudimentario telescopio hacia Saturno y describió, entre otras cosas, la presencia de una luna que sólo era visible cuando se encontraba al oeste del planeta. Al cruzar al otro lado desaparecía por completo durante más de un mes, para reaparecer al otro lado con renovado brillo. Unos años después, con un telescopio algo más sofisticado, se dio cuenta de que el satélite no desaparecía sino que disminuía su brillo considerablemente. Con solo esta información Cassini hizo dos deducciones increíbles:

-Dicha luna se encontraba anclada gravitacionalmente a Saturno, de manera que siempre mostraba la misma cara al planeta (como ocurre con la Luna y la Tierra).

-La diferencia de brillo del satélite se debía a que la mitad de su superficie presentaba una tonalidad oscura que contrastaba con el brillo de la otra mitad.

Tres siglos después la sonda Cassini nos enviaba estas imágenes:

Giovanni Cassini, con un rudimentario telescopio, dedujo características de un lejano y pequeño mundo que se situaba a millones de kilómetros de distancia. Hoy la causa de esa coloración no está clara, aunque todo parece apuntar a que la luna Febe tiene gran parte de la culpa, probablemente por una transferencia del polvo de su superficie. Esta teoría se vio reforzada, en 2009, con el descubrimiento de un enorme anillo que rodeaba a Saturno a gran distancia, siguiendo la órbita de Febe, tan sólo visible en el rango infrarrojo del espectro. Este anillo podría estar formado por polvo proveniente de la luna Febe y sería una explicación para el tinte oscuro de Japeto. La siguiente imagen es una recreación del anillo descubierto, donde se puede comparar con el “pequeño” tamaño relativo del planeta:

Como curiosidad de Japeto cabe resaltar una curiosa formación sobreelevada que rodea su ecuador como un enorme cinturón, con una media de 13 kilómetros de altura (en algunos puntos alcanza los 20 km) y que otorga al satélite un aspecto de nuez pedregosa. Su origen es incierto también, aunque podría deberse a una colisión que habría generado una nube de material orbitando en torno a la luna: posteriormente habría precipitado sobre su superficie formando esta peculiar cordillera.

Resultado de imagen de iapetus mons

Ya sólo nos queda observar este interesante satélite e intentar averiguar cuál es el hemisferio que podemos ver desde nuestro planeta. Se encuentra al este de Saturno, así que deberíamos verlo próximo a la magnitud 12, pasando al otro lado del planeta dentro de un mes, y entonces su brillo aumentará hasta alcanzar la magnitud 10.2… ¿Somos capaces de simular la hazaña de Cassini?