Un enjambre y un suspiro (NGC 6712 e IC 1295)

El Escudo, también conocido como Scutum o Escudo de Sobieski, es una pequeña constelación que se encuentra entre Sagitario y Águila, conocido más bien por la inmensa condensación de la vía láctea que se llama popularmente “La Nube del Escudo”. En ese espacio encontramos también dos famosos cúmulos abiertos, M11 y M26. Lo que no podía imaginarme era lo que descubrí en él la otra noche, en uno de los mejores cielos que hay cerca de Granada, en el Camino de la Cabra. Me refiero a NGC 6712 e IC 1295, una peculiar pareja que han pasado directamente a formar parte de mi lista de objetos a enseñar.

NGC 6712 es un cúmulo globular peculiar en varios sentidos. Físicamente, por su gran cercanía al núcleo de la galaxia. Es un cúmulo que se localiza a 22.500 años luz de nosotros, pero roza el núcleo a tan sólo 1.000 kilómetros. En el interior de NGC 6712 no se han encontrado estrellas de masa menor a la del sol, probablemente debido a que las enormes fuerzas de marea que se producen en el centro galáctico han “arrastrado” consigo a las estrellas más pequeñas. De hecho, parece que estas corrientes han producido una especie de forma de cometa en el cúmulo, que no es apreciable desde nuestra situación.

NGC 6712 - IC 1295

A bajos aumentos ya se adivina que NGC 6712 no es una “nebulosa”. Algunas estrellas parecen titilar en esa nube redondeada, especialmente en su periferia. A 125 aumentos la visión es espectacular, resolviéndose ya la mayor parte de las estrellas. Es uno de esos cúmulos pequeños que son extremadamente sugerentes y delicados. Con visión periférica se evidencia una banda negra que lo atraviesa por uno de sus lados. Posteriormente lo he corroborado con fotografías y con testimonios de otros observadores, teniendo así otro aliciente para observarlo.

IC 1295 es una bonita nebulosa planetaria que se encuentra a apenas 25 minutos de arco de NGC 6712. Con oculares de bajo-medio aumento se ven ambos objetos en el mismo campo, proporcionando una agradable sensación a la vista. IC 1295 tiene una forma perfectamente redondeada y responde excepcionalmente bien al filtro OIII, quedando mucho más marcada y dejándose ver, con visión periférica, una disposición anular, soportando bien altos aumentos. En su centro brilla tenue una pequeña estrella. En fotografías de larga exposición o con grandes aberturas se aprecia una segunda cubierta externa más tenue que la interna, fruto de las distintas etapas en las que la estrella expulsa sus gases.

Ver al mismo tiempo dos objetos tan distintos entre sí es algo que no se puede olvidar fácilmente. Uno está compuesto por un millón de estrellas ancianas. El otro es una estrella que ha expelido su último aliento de forma silenciosa, como le ocurrirá a nuestro sol cuando nosotros ya no estemos aquí.

Los tres tesoros del Delfín

Hay constelaciones que pasan desapercibidas por no contener en su interior los objetos más observados, que están en un segundo plano sin llamar la atención. Sin embargo, a veces esconden tesoros dignos de ver con detenimiento y asombro. Es el caso de la constelación del Delfín, un pequeño grupo de estrellas cuya forma, más que al acuático mamífero, me recuerda a una cometa volando. Su presencia en el cielo obedece, según las leyendas, al delfín que encontró a Anfítrite, una nereida que escapaba de Poseidon, que finalmente accedió a casarse con éste. El dios de los océanos, agradecido con el delfín, lo colocó en el cielo estrellado.

La otra noche, en el Purche, decidí explorar esta constelación que tenía completamente olvidada. Apunté tres objetos para ver, aunque supongo que habrá muchos más. Comencé por NGC 6905, una planetaria conocida como Blue Flash o “Destello Azul”. Iba sin conocer ningún detalle previo, así que me sorprendí al encontrar una agradable nebulosa redondeada que, a 65 aumentos, brillaba en un rico campo estelar. Al usar más aumentos la visión mejoró, quedando patente algunos detalles interesantes. Una estrella brillaba tímida en pleno centro de la nebulosa, la culpable de formar esa bola de gas. Por otro lado se apreciaba una región más densa a un lado de la esfera. A 214 aumentos el disco de la nebulosa dejaba entrever, tras pasar un buen rato delante del ocular, ciertas irregularidades en el disco, como filamentos extremadamente débiles que a veces me hacían dudar de si realmente los estaba viendo. Al otro lado de la zona más densa se apreciaba otra pequeña condensación entre la estrella y la periferia. Con una gran motivación por dar con esta sorpresa, salté hacia el siguiente objetivo.

NGC 6905

NGC 6934 es un cúmulo globular descubierto por Herschel en 1785. Se encuentra de nosotros a 52.000 años luz, y conforme entra en el ocular de bajo aumento sorprende con la delicadeza de su periferia, en la que parece haber un centenar de estrellas espolvoreadas. A 125x y 214x la imagen es espectacular, resolviéndose una inmensa cantidad de estrellas, con un núcleo de aspecto “granujiento”. Conforme hacía el dibujo podía ver cómo el halo aumentaba de tamaño y se perdía de forma difusa. Con este tipo de objetos me ocurre como con los cúmulos abiertos: en ocasiones, los cúmulos más débiles me resultan mucho más sugerentes y atractivos que los “gigantes” en los que se ve todo perfectamente a la primera vista.

NGC 6934

Y hablando de objetos sugerentes, la tercera pieza del Delfín es NGC 7006, otro cúmulo globular bastante más tenue. Y no es para menos, porque se encuentra a una distancia mucho mayor, a 135.000 años luz, siendo uno de los más lejanos conocidos Al apuntar con el telescopio se aprecia como una mancha redondeada, con un núcleo más brillante y un gradiente importante con la periferia. A altos aumentos el núcleo muestra ese aspecto ya comentado, semirresoluble, como de un tazón con cereales (chocokrispies blanquecinos más bien).

NGC 7006

Los cúmulos globulares son verdaderos ancianos en la escala astronómica, habiéndose formado al mismo tiempo que las galaxias. De hecho, se piensa que son los potenciales núcleos de galaxias enanas que al final no consiguieron formarse. Su distancia se determinó gracias a estrellas variables (tipo RR y cefeidas) y dieron una idea de las dimensiones de nuestra galaxia, cambiando el concepto que tenían los astrónomos a comienzos del siglo XX. La observación de cúmulos globulares es siempre interesante. Personalmente me gusta compararlos con “lunas” que rodean a nuestra galaxia, formadas por su mismo material. Cuando alguien ve un globular por primera vez, su impresión queda plasmada, sin lugar a equivocaciones, en forma de exclamación (o el típico “oh…”).

PD: si hablamos de los tesoros del Delfín no podemos terminar la visita sin mencionar a Gamma Delphini, una de las estrellas dobles más bonitas y sencillas para ver durante el verano. Es un sistema binario formado por dos estrellas brillantes y amarillentas, separadas por unos 9’’, lo cual la hace asequible a pequeñas aberturas. Ya sí podemos poner el broche de oro a la visita, con este par que baila a 100 años luz de nosotros, completando una vuelta cada 3.249 años.

Antepasados (IC 2003 y NGC 1514)

La semana pasada hizo una de esas noches en las que el calor no deja descansar. La casualidad quiso que tuviera el telescopio montado en la terraza (cubierto por una manta) y, a las 05:00 de la madrugada, decidí salir al fresco y aprovechar lo que pudiera. El cielo estaba limpio, aunque la enorme luna al 80% brillaba en el cénit, enmascarando la mitad de las estrellas que hay normalmente, pero a veces hay que adaptarse. Busqué en mi lista algunas nebulosas planetarias, que son objetos que normalmente resisten bien la contaminación lumínica. Aprovechando que Perseo y Taurus estaban entre la luna y el horizonte, apunté a ellos con mi Dobson 305 mm.

Comencé con IC 2003, también conocida como PK 161-14.1, a los pies de Perseo. Es una nebulosa planetaria, el exoesqueleto de una estrella que murió hace miles de años, probablemente millones. La verdad es que apenas he encontrado nada publicado de esta nebulosa, salvo su distancia (unos 15.000 años luz) y alguna fotografía sin mucho detalle.

En un campo poco llamativo, aparece como una estrella más a 65x, aunque al verla, “se sabe” que no es una estrella. Es a partir de 125x cuando se aprecia un discreto aumento de tamaño y su forma perfectamente redonda. El filtro OIII oscurece el fondo y resalta aún más la nebulosa, aunque de ninguna manera pude ver la estrella central (es de magnitud 15.3 y la luna no deja lugar para acrobacias esa noche), habrá que probar otro día. A 214 aumentos, aprovechando que el seeing no era malo, me extrañó, tras permanecer un rato al ocular, que a veces me parecía notar cierta forma anular, como si fuera una versión más pequeña y tenue de M57. Miré nuevamente fotografías en Internet, en las que no pude ver ningún detalle salvo un disco uniforme y redondo… Tendré una nueva cita con ella para corroborarlo bajo algún cielo más oscuro y sin luna.

IC 2003

El siguiente objeto no entraba en la lista, pero en el atlas (Triatlas C) lo vi redondeado con fosforescente, captando mi atención. Me refiero a NGC 1514, otra nebulosa planetaria situada un poco más al sur, en la constelación de Taurus. Encontré la zona sin grandes dificultades y saltó a la vista conforme me asomé al ocular. A diferencia de IC 2003, NGC 1514 es bastante mayor en cuanto a tamaño, destacando como una importante nebulosidad con forma redonda en cuyo centro brilla una estrella brillante. Fue descubierta en 1790 por William Herschel, que hasta entonces estaba convencido de que todas las nebulosas eran en realidad aglomeraciones de estrellas tan tenues que no se podían distinguir de forma individualizada. Al mirar NGC 1514, no pudo evitar su asombro cuando vio una estrella bien definida con una “atmósfera débilmente luminosa de forma circular”. Es una nebulosa que soporta bien los aumentos, aunque la luna y la contaminación lumínica no me dejaron adivinar su estructura algo irregular. Aun así me ha resultado un objeto bastante agradecido.

NGC 1514

En realidad la nebulosa se ha formado en torno a dos cercanas estrellas que forman un sistema binario muy cerrado. En 2010 el telescopio WISE encontró que conformaba una extraña estructura compuesta por dos anillos, muy distinta a las imágenes tradicionales que de ella tenemos. Cómo se habrá formado, es un misterio. Probablemente el hecho de ser una estrella binaria y el encuentro con objetos de su propio sistema hayan contribuido a ello.

NGC 1514 - foto

El cielo de otoño trae consigo una buena muestra de estos gigantes cadáveres que se van de este mundo por lo más alto, contribuyendo con ello a la formación de nuevas estrellas. Debemos tenerles un gran respeto, pues los elementos que forman nuestro vulnerable cuerpo proceden de estas enormes explosiones, son realmente nuestros antepasados más antiguos. Somos, sin lugar a dudas, hijos de las estrellas.

De vientos estelares y un embrión (NGC 6888 y NGC 7008)

Los días en los que la luna empieza a menguar van dejando una tregua de cielo oscuro al anochecer, progresivamente alargándose hasta la luna nueva. Aprovechando la hora que disponía hasta que nuestro satélite apareciera por el horizonte, saqué el telescopio en mi terraza de Monachil, un lugar lo suficientemente lejos de Granada como para sentir que puedo disfrutar de un cielo medianamente decente (no deja de ser una sensación, aunque los días de atmósfera nítida se dejan notar).

NGC 6888 es un interesante objeto situado en el corazón de la constelación del Cisne. También denominado Caldwell 27, pertenece a la categoría de nebulosa de emisión, más concretamente “nebulosa de Wolf-Rayet” (en el mismo cupo que NGC 2359, la nebulosa del “casco de Thor”).

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Imagen tomada por Miguel Barrero (Miguelyx)

Esta nebulosa se ha formado en torno a HD 129163, una estrella situada a más de 4.000 años luz de distancia, prototipo de las estrellas de Wolf-Rayet. Estos cuerpos se caracterizan por presentar una gran masa y perder rápidamente su envoltura debido a los intensos vientos que sufren. HD 129163 se formó hace tan sólo 4,5 millones de años (para hacernos una idea, nuestro sol tiene 5.000 millones de años de vida a sus espaldas) y, sin embargo, tiene una luminosiad 500.000 veces superior a la del sol. Hace unos 250.000 años expulsó las capas externas de su atmósfera y ahora, ya en fase de estrella de Wolf-Rayet, los fuertes vientos que se han formado han empujado dicho gas de forma caprichosa, mostrándonos su característica apariencia.

Después de informarme sobre lo que iba a ver, apunté mi Dobson 305mm a NGC 6888. A 125x se dejaba intuir algo de nebulosidad alrededor de una estrella, de forma alargada, ni atisbo de lo que he llegado a ver desde cielos oscuros. Sin embargo tenía tiempo y paciencia, así como filtros oportunos para usar. Con el OIII comencé a ver la nebulosidad que hay junto a HD 129163, el centro de la característica forma de letra “M”. Poco a poco fueron apareciendo trazas de manchas difusas, sólo visibles con visión periférica, que definían las porciones más brillantes de la nebulosa. Tras cuarenta minutos frente al ocular quedé satisfecho con lo que había percibido (a pesar de las ventanas iluminadas de los vecinos) y lo plasmé en este dibujo. Otro día lo haré desde un cielo más oscuro.

NGC 6888

La cúpula de iluminación lunar subía por el horizonte, y me propuse abordar otra nebulosa que había cerca. NGC 7008 es una nebulosa planetaria situada entre Deneb y la constelación de Cefeo, conocida como la “Nebulosa del feto”. La localicé rápidamente gracias al filtro OIII, obteniendo la mejor imagen a 225 aumentos, sin que por ello perdiera brillo.

Es una nebulosa de gran brillo superficial que hace honor a su nombre. Resalta de forma especial la región de la cabeza y la parte inferior de la espalda. Su estrella central, de magnitud 12, brilla tímida en donde se situarían las manos del feto.

NGC 7008

Su forma también resulta enigmática en las fotografías, debido a las irregularidades de su silueta. Se piensa que se formó cuando la envoltura de la estrella, dispersándose a miles de kilómetros por hora, evaporó a su paso grandes planetas e incluso una posible estrella enana marrón, contribuyendo todo ello al desbarajuste de la habitual esfera perfecta. No obstante, parece que no quedó desmerecida la obra de arte.

La enorme luna hizo su aparición estelar sobre la montaña, empequeñeciendo objetos miles de millones de veces mayores que ella, exigiendo una visita a sus cráteres, valles e interesante paisajes. Hay tiempo para todo.