Al borde de Virgo (M85 y NGC 4394)

En Virgo hay varias galaxias que están al alcance de unos buenos prismáticos bajo cielos oscuros, y M85 es una de ellas:

También conocida como NGC 4382, M85 es una galaxia lenticular, aunque algunos estudios recientes parecen identificarla como una elíptica. Ya sabemos lo difícil que puede ser en ocasiones esta distinción, pues los dos tipos de galaxia, dependiendo de la orientación, pueden adoptar la misma forma redondeada u ovalada. M85 fue descubierta por Pierre Méchain en 1781, y es una de las galaxias más septentrionales del Cúmulo de Virgo, al cual pertenece. Presenta poco hidrógeno neutro, lo cual, añadido a varios detalles de su estructura interna, hace pensar que sufrió una colisión con otra galaxia hace entre 4.000 y 7.000 millones de años, cuando nuestro Sol ni siquiera había nacido.

Cerca de M85 podemos observar una pequeña galaxia que está interactuando con ella, NGC 4394. Fue descubierta por William Herschel tres años después que Méchain encontrara a M85. Es una espiral difusa con una prominente barra central que tiene magnitud 11 y  3 minutos de diámetro, lo cual corresponde a unos 40.000 años luz a la distancia a la que se encuentra. Es una galaxia de tipo LINER (Low-ionization nuclear emission-line region), un tipo de galaxias que emiten radiación desde sus regiones más centrales: su causa puede ser la presencia de un agujero negro supermasivo de 100 millones de masas solares o, por otro lado, la emisión producida por una gran cantidad de estrellas jóvenes. Otra galaxia más pequeña está también interactuando con M85, una elíptica enana que se denomina MCG 3-32-38. En 2006 apareció un objeto de aspecto estelar y magnitud 13 en el disco de M85, con un comportamiento que no correspondía con el de las supernovas. Tras un período de observación se llegó a la conclusión de que se debía a la colisión entre dos estrellas de baja masa, un fenómeno poco frecuente que se conoce como “novas rojas luminosas”.

Resultado de imagen de ngc 4394

Rondando la décima magnitud, podemos encontrar sin problema a M85 saltando de galaxia en galaxia. Presenta un aspecto alargado de unos 5 minutos de arco de diámetro mayor, con un núcleo brillante y redondeado que se va difuminando hacia la periferia. Los bordes no son definidos, y un pequeño punto aparece inmerso en su disco, como si fuera una supernova: en realidad es una estrella impostora, un miembro de nuestra propia Vía Láctea que se hace pasar por un viajero lejano. A su lado podemos ver sin dificultad otra nubecilla redondeada que se corresponde con NGC 4394. Presenta un núcleo brillante y puntiforme, y con visión lateral destaca una delicada barra que atraviesa su superficie de lado a lado.

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Hickson 61, “la caja”

Paul Hickson compiló, en 1982, una lista de agrupaciones galácticas que compartían un espacio reducido del cielo, convirtiéndose hoy en una fuente de inspiración para observaciones astronómicas. El más famoso es, probablemente, el quinteto de Stephan, pero hay un centenar de ellos a la espera de ser estudiados, muchos al alcance de un Dobson de 30 cm. Hoy vamos a estudiar el grupo conocido como Hickson 61 o, coloquialmente hablando, “la caja”.

Foto HCG 61

Adam Block/Mount Lemmon SkyCenter/University of Arizona

Se trata de cuatro galaxias dispuestas en una región del cielo de 3.8 minutos de diámetro y cuya estructura se asemeja a un cuadrilátero casi perfecto. Se encuentran en la constelación de Coma Berenices, un lugar donde podemos perdernos con facilidad entre tanta galaxia, si bien la mayoría son más débiles que las de Virgo. Tres de las galaxias de Hickson 61 forman un verdadero grupo a la misma distancia de nosotros, unos respetables 180 millones de años luz. NGC 4169 es la galaxia más brillante, una lenticular de magnitud 13 y un brillo superficial elevado que la pone al alcance de pequeños telescopios. NGC 4174, a su lado, es una espiral algo más débil, de magnitud 13.3, que aparece al telescopio como una pequeña mancha ligeramente alargada.

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Las dos restantes galaxias son, quizás, las más interesantes de esta pequeña familia, ya que parecen estar perfectamente alineadas entre sí. NGC 4175, también situada a 180 millones de años luz, es otra galaxia espiral que nos muestra su perfil, de manera que aparece como un arañazo en el cielo, una mancha alargada de magnitud 13.2 y un brillo superficial relativamente alto. Dejamos para el final la más interesante de las cuatro: NGC 4173. Es, así mismo, la más difícil de observar. Es una espiral aun más perfilada que su compañera, a la que parece tocar, aunque la realidad es bien distinta. Se encuentra a tan sólo 50 millones de años luz, motivo por el cual presenta el mayor tamaño de todas. Sin embargo, su brillo superficial es excepcionalmente bajo, de manera que sólo podremos verla si observamos bajo cielos oscuros. Es una espiral que presenta cierta textura heterogénea e irregular, y estudios recientes sugieren que es el resultado de la interacción entre dos galaxias. Sea como sea, llama la atención su extrema debilidad a pesar de su cercanía. En fotografías de larga exposición destaca su color azulado debido a una reciente proliferación estelar, color que contrasta con el amarillento de sus compañeras. Al telescopio no apreciaremos colores, aunque es realmente llamativo y sugestivo contemplar ese rectángulo casi perfecto de nubes fantasmales. Tendremos que usar la visión periférica para verlas al completo, pero el tiempo dedicado, sin duda, habrá merecido la pena.

HCG 61 - detalles

Dos ojos en la oscuridad (NGC 4676)

La interacción entre galaxias es uno de los fenómenos más fascinantes que podemos contemplar, y como muestra comenzamos el artículo con la siguiente imagen obtenida con el Telescopio Espacial Hubble:

Foto NGC 4676.jpg

Dreyer descubrió este par de galaxias y las catalogó como un solo objeto, NGC 4676, aunque matizó en su descripción que parecía “binuclear”. Ya en el siglo XX Halton Arp las incluyó en su lista de galaxias peculiares como Arp 242, y hoy son conocidas como los ratones o, en inglés, the mice. Se encuentran en la prolífera constelación de Coma Berenices y están situadas a casi 300 millones de años luz de distancia. Parece que forman parte de la periferia del enorme Cúmulo de Coma, del que ya hablábamos en esta entrada. NGC 4676A, la más septentrional de las dos, es un galaxia lenticular, mientras que NGC 4676B, más al sur, es una espiral barrada, aunque ambas se encuentran someramente deformadas. Su faceta más llamativa es la presencia de distintos chorros estelares, corrientes de estrellas que han sido desprendidas a raíz de la interacción entre ambas galaxias, quedando desparramadas por una gran extensión de espacio. Dos de estas formaciones destacan saliendo de cada galaxia hacia el exterior, mientras que un tenue puente parece unir el pequeño estrecho que las separa. Se calcula que su máximo acercamiento tuvo lugar hace 160 millones de años, produciendo en el proceso una gran proliferación estelar que podemos advertir hoy en día gracias a la presencia de numerosas regiones de formación estelar. Este baile de gigantes persistirá durante varios millones de años más, hasta que ambas galaxias formen una gran elíptica, un futuro similar al que le espera a la Vía Láctea en su encuentro con la Galaxia de Andrómeda.

NGC 4676 puede suponer un verdadero reto para instrumentos de media apertura, aunque será interesante ver hasta dónde podemos llegar. Con magnitudes de 13.8 y 14 y tamaños de 2 minutos en su eje mayor y 0.7 en el corto, no son precisamente objetos que salten a la vista. Lo más importante es localizarlos en el campo poco prolífico de estrellas en el que se encuentran. Con mi Dobson de 30 cm ya pude apreciar algo extraño en medio del campo de visión, un objeto pequeño, alargado y tremendamente tenue. No obstante, me armé de paciencia y me senté tras el ocular, a 214 aumentos, dispuesto a esperar lo necesario. Poco a poco las dos galaxias se fueron definiendo, apareciendo como dos puntos luminosos y difusos, uno de ellos ligeramente alargado, como dos ojos en la lejanía, cada vez más definidos, a pesar de lo cual siempre tuve que usar visión lateral; de otra manera los dos ratones desaparecían rápidamente de mi retina como si un gato los persiguiera.

NGC 4676

La Galaxia del Paraguas (NGC 4651)

Los grandes telescopios como el Hubble o el Subaru nos regalan fotografías que nos transportan a lugares lejanos, mostrándonos imágenes que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Y, en ocasiones, nosotros podemos asomarnos con nuestros telescopios a estas maravillas. No veremos, ni de lejos, la gran mayoría de detalles que capta el gran telescopio, pero nada nos impide fantasear al ver esas manchas en el ocular, la imaginación hará el resto. Presentamos hoy una de estas maravillas celestes:

Foto NGC 4651

Crédito: R Jay GaBany

Se trata de NGC 4651, conocida también como Arp 189 y, popularmente, como la Galaxia del Paraguas. Se encuentra en la constelación de Coma Berenices y forma parte de la periferia del Cúmulo de Virgo, a una distancia que oscila entre los 65 y los 75 millones de años luz. Ya sabemos que en el centro de los grandes cúmulos se producen numerosas interacciones que agotan el gas de la galaxia, y en ese sentido NGC 4651 se beneficia de su situación alejada, ya que mantiene una gran cantidad de hidrógeno que se ha traducido en una importante proliferación estelar. Es una galaxia de núcleo activo, con un agujero negro supermasivo en su interior, aunque no es esto lo que ha promovido el crecimiento de estrellas. La explicación a la intensa actividad podemos encontrarla en cualquier fotografía de larga exposición, principalmente en esa estructura que le ha dado el sobrenombre a la galaxia.

De la galaxia espiral, que tiene unos 50.000 años luz de diámetro, parte un chorro de estrellas y gas que se prolonga durante otros 50.000 años luz para terminar en un penacho con forma de arco, descubierto por Zwicky en 1956. Halton Arp, poco después, la incluyó en su catálogo gracias a esta llamativa estructura. Como podemos intuir, su formación se debe a la interacción con una galaxia enana en un pasado no muy lejano, una galaxia atrapada por la gravedad de NGC 4651 que ha ido dejando su rastro a medida que era despedazada. Estas corrientes estelares quedan patentes también al otro lado de la galaxia, apreciándose protuberancias e irregularidades del borde galáctico que permiten conocer el recorrido de la galaxia enana. Un estudio reciente parece sugerir que el núcleo de dicha galaxia se encuentra en el mismo mango del “paraguas”, confundiéndose con una estrella más. Otra galaxia enana ha sido descubierta en sus cercanías, apreciándose en fotografías de larga exposición como una nube redondeada, pequeña y débil. La gran proliferación estelar que se ha producido es la responsable de que se produzcan numerosas supernovas, apareciendo la última de ellas en 2006, una inmensa explosión que alcanzó la magnitud 13. Como comentábamos al inicio, visualmente tendremos que conformarnos con ver una sombra de este espectáculo, al menos con los instrumentos convencionales de observación.

Podremos verla como una mancha ovalada y difusa, de magnitud 11.2, y con un tamaño que supera los 3 minutos en su eje mayor. Con visión periférica sus bordes quedan más definidos, pero por muy oscuro que esté el cielo no podremos apreciar su estructura en espiral a no ser que dispongamos de telescopios de gran apertura. Lo mismo ocurre con su llamativa estructura en forma de paraguas, que sólo podremos observar con nuestra imaginación, pero aun así, la visión de esa esquiva mancha no deja de ser sugerente.

NGC 4651

Espirales en Coma I (NGC 4559 y NGC 4414)

Hemos visto ya numerosos componentes de la Nube de Galaxias Coma I, y hoy vamos a añadir a dos miembros más. Para entrar en materia, recordaremos que la Nube Coma I es un conjunto de galaxias que comparten su velocidad y dirección, alejándose de nosotros a 980 km por segundo y situándose a una media de 40 millones de años luz. Es un grupo en el que las protagonistas son las galaxias espirales, a diferencia de lo que ocurre en otras agrupaciones más numerosas, donde predominan las elípticas. El miembro más brillante de Coma I es NGC 4725, mientras que otros de los componentes que ya hemos visto son M64, NGC 4565, NGC 4631 y NGC 4656. En el cielo ocupan un área intermedia entre Abell 1656 (el Cúmulo de Coma) y Abell 1367 (el Cúmulo de Leo), aunque se sitúen mucho más cerca que esos grandes cúmulos. Sin embargo, guarda mayor relación con el Cúmulo de Virgo (a 65 millones de años luz), ya que la Nube Coma I, junto con nuestro Grupo Local, forma parte de la periferia del Supercúmulo de Virgo, alrededor de cuyo centro giramos debido a la gravedad.

Hecho este preámbulo, y orientados ya respecto a esta nube de universos, vamos a ver a las dos protagonistas de hoy. La primera de ellas es NGC 4559, una de las galaxias más cercanas de Coma I, situada a unos 29 millones de años luz. Es una galaxia a medio camino entre una espiral y una espiral barrada, y como el resto de galaxias “intermedias” presenta una elevada cantidad de hidrógeno neutro. Sus brazos, algo irregulares, se encuentran salpicados por numerosas aglomeraciones estelares y regiones HII. Algunas de ellas poseen nombre propio, tanto del catálogo IC como del HK83. La última supernova ocurrida en ella tuvo lugar en 1941, alcanzando la treceava magnitud. NGC 4559 presenta un brillo superficial suficiente para poder disfrutarla con paciencia. Con 10.7 x 4.4 minutos de arco se caracteriza por mostrar, en primer momento, un halo ovalado con un núcleo brillante y puntual. Tres grandes estrellas flanquean a la galaxia y parecen envolverla en su regazo. La mejor visión la obtuve con el Kronus de 7 mm, a 214 aumentos, con una pupila de salida de 1.4, perfecta para observar detalles en lejanas galaxias.

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Si la noche es lo suficientemente no resultará difícil observar algunas de estas condensaciones galácticas, sobre todo si dedicamos el tiempo oportuno. Tras varios minutos de observación pude apreciar tres zonas más brillantes. Una de ellas, a modo de brazo, salía del núcleo y se dirigía hacia la estrella central, engrosándose al llegar junto a ella. Esta zona está compuesta por dos grandes cúmulos denominados HK15 y HK16. Hacia el otro lado destaca, en el extremo opuesto, otra condensación algo alargada que corresponde a IC 3555, mientras que en la región superior otra condensación algo más débil recibe la denominación IC 3551. Conforme más regiones HII veo en otras galaxias, más increíble me parece el hecho de poder apreciarlas con un “simple” aparato formado por dos espejos…

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La siguiente galaxia, NGC 4414, se encuentra más alejada, a 61 millones de años luz, rozando el centro del cúmulo de Virgo. Es algo menor que la anterior, alcanzando un diámetro de 56.000 años luz. Es otra galaxia espiral de tipo floculenta, con sus brazos subdivididos en porciones más cortas, de manera similar a M63 o NGC 2841. Las estrellas de mayor edad se disponen en las regiones más centrales, amarillentas, mientras que las más jóvenes pueblan sus múltiples brazos retorcidos. Recientemente han aparecido dos supernovas en NGC 4144, una en 1974 y la última en 2013. Visualmente es parecida a la anterior en cuanto a su forma ovalada, presentando también un núcleo brillante y de tamaño reducido. En este caso no se aprecian sus regiones HII, sino que despliega de manera vistosa sus dos principales brazos, cada uno saliendo hacia lugares opuestos, visibles sin mayor problema si tenemos paciencia y la vista bien adaptada. Por supuesto, la visión periférica es un requisito indispensable para distinguir estos detalles tan tenues, pero aun así no deja de tener su encanto.

NGC 4414

Una aguja en Coma Berenices (NGC 4565)

Nuevamente, la constelación de Coma Berenices nos sorprende con una de sus más espectaculares galaxias, al alcance además de cualquier instrumento de aficionado. NGC 4565, también conocida como Caldwell 38 y llamada coloquialmente “la Aguja”, es quizás el prototipo más perfecto de una galaxia de perfil que podamos observar a través de nuestro telescopio.

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Fotografía realizada por Juan Antonio Sánchez JASP

Situada a una distancia de entre 40 y 47 millones de años luz, NGC 4565 es una galaxia espiral barrada con un cierto aire misterioso que le otorga su gran banda central de polvo, que recorre su ecuador ocultando las regiones más internas. Sin embargo, en diferentes longitudes de onda se han podido encontrar evidencias de la existencia de una barra central, así como un anillo central de estrellas que se disponen en torno al núcleo. Está un poco más lejos que NGC 891, su innegable competidora, aunque NGC 4565 presenta un brillo superficial mucho mayor. El motivo será probablemente que el polvo de nuestra propia galaxia se interpone entre NGC 891 y nosotros, mientras que NGC 4565 se encuentra casi rozando el polo norte galáctico, sin brazos ni nebulosas que interfieran la observación. Tenemos, por tanto, una visión privilegiada de esta galaxia. En ella no encontramos abundancia de regiones HII ni grandes cúmulos azulados, indicadores de su limitada formación estelar. Presenta, sin embargo, un alto número de cúmulos globulares, habiéndose constatado unos 240 de estos y superando, por tanto, a la Vía Láctea. NGC 4565 mide unos 150.000 años luz de diámetro, así que observando esta galaxia podemos imaginar cómo vería un extraterrestre a nuestra galaxia desde una perspectiva lateral.

NGC 4565 es visible con unos simples prismáticos si la noche es lo suficientemente oscura y estable, saltando a la vista con cualquier telescopio. La primera vez que la vi fue hace un año, sin saber cómo era, y quedé enormemente sorprendido al percibir que presentaba una fina línea oscura. Hace unas semanas decidí volver a disfrutar de ella sabiendo lo que iba a encontrar, y no me defraudó. Es una galaxia grande y extremadamente alargada. Con sus 16 x 2 minutos de arco, ocupaba todo el campo con el ocular de 7 mm, a 214 aumentos. Un brillante núcleo de aspecto estelar relucía en el centro de la galaxia, rodeado por un abultamiento del halo galáctico en forma de sobrero. La región colindante del núcleo es más brillante y se difuminando hacia los lados. Su aspecto más llamativo, además de su forma, es esa banda de polvo que la recorre a nivel ecuatorial, que se aprecia mucho mejor en el centro, aunque con visión periférica se aprecia que continúa hacia los bordes perdiéndose en la oscuridad. Los extremos de la galaxia también presentan gran atractivo, pues se van estrechando cada vez hasta acabar en una finísima línea. La Aguja bien se ha ganado su nombre y el derecho a ser visitada regularmente como el mejor de los ejemplos de una galaxia espiral que nos muestra su llamativo perfil.

NGC 4565

Filamentos en lo más remoto (2ª parte)

En las noches de primavera podemos mirar hacia arriba y, sin quererlo, estaremos observando el techo de nuestra galaxia, ya que el polo norte galáctico se encuentra precisamente en la constelación de Coma Berenices. Tenemos, pues, una ventana al infinito que nos muestra los más lejanos universos sin el obstáculo que suponen los brazos de nuestra propia galaxia. Este polo norte, más concretamente, se encuentra muy cerca del objeto que nos ocupa en este momento, que no es otro que Abell 1656, uno de los cúmulos galácticos más grandes conocidos. En la anterior entrada, “filamentos en lo más remoto (parte 1)“, hablábamos de una de las mayores estructuras en el universo “cercano”, conocida como la Gran Muralla, una colosal agrupación de galaxias que formaban parte, principalmente, del Supercúmulo de Hércules y del Supercúmulo de Coma-Leo. Éste último, a su vez, tenía dos grandes integrantes, el Cúmulo de Leo (Abell 1367) y el Cúmulo de Coma (Abell 1656). De ellos, este último es el más amplio y poblado, de manera que vamos a volver a sumergirnos en las profundidades de esta muralla para conocer sus secretos. Conoceremos, además, cómo fueron los primeros indicios de la existencia de la materia oscura, materia de la que Abell 1656 tiene mucho que hablar.

Nos remontamos a 1933, una época en la que el desplazamiento al rojo había demostrado que las nebulosas en espiral eran universos situados a grandes distancias, fuera de nuestra propia galaxia, dejando al mundo perplejo ante la reciente inmensidad del cosmos. En esa época, Fritz Zwicky, un astrónomo suizo, estudió a conciencia el Cúmulo de Coma, documentando el desplazamiento al rojo de muchos de sus miembros, de manera que podía calcular la velocidad a la que se movía cada galaxia. Sabiendo la velocidad de las galaxias más periféricas pudo calcular la masa total del cúmulo, que resultó ser mucho mayor de la que cabría esperar con las estimaciones de las galaxias visibles. ¿Dónde estaba esa masa restante que ni los potentes telescopios podían observar? Fritz denominó a este excedente de materia Dunkle Materie que, traducido al español, viene a significar materia oscura. Sentó así las bases de una serie de apasionantes investigaciones y observaciones que vinieron a confirmar su idea de que gran parte del universo está ocupado por una materia invisible a nuestros ojos. Estrellas oscuras, planetas, neutrinos, partículas exóticas… Hoy sigue siendo un misterio, pero estamos más cerca de conocer su verdadera naturaleza gracias al trabajo de Fritz Zwicky.

La materia oscura es también causante de que la mayor parte de las galaxias que conforman Abell 1656 sean extremadamente pobres en estrellas. La formación estelar necesita polvo y gas como sustento, y la continua interacción de las galaxias con la materia oscura hace que esa materia prima se disemine y se disperse fuera de la galaxia, de manera el caldo de cultivo se empobrece y la galaxia es incapaz de formar nuevos astros. Obtenemos, de esa manera, enormes galaxias mayores que nuestra Vía Láctea, pero carentes de estrellas, con apenas un 1% de las estrellas que contiene nuestra galaxia.

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Tras esta presentación de la materia oscura retomamos la estructura del Cúmulo de Coma. A una media de 320 millones de años luz de distancia, Abell 1656 está formado por unas 1.000 galaxias principales, aunque se estima una población mayor de 10.000 galaxias enanas (algunos estudios hablan incluso de 20.000 componentes). Las elípticas y las lenticulares, como en la mayoría de cúmulos, dominan las regiones más centrales. Un reciente estudio de 2007 descubrió que Abell 1656 está compuesto por dos subcúmulos que actualmente se encuentran en proceso de sufrir un encontronazo. Las dos principales galaxias del cúmulo, NGC 4874 y NGC 4889, encabezan cada uno de estos ejércitos celestes que en los siguientes miles de millones de años protagonizarán una colosal escaramuza. La región central del cúmulo mide unos 20 millones de años luz de diámetro, pero su influencia se extiende hasta una envergadura de 200 millones de años luz.

NGC 4889, también catalogada como NGC 4884, es la galaxia más brillante del cúmulo, ocupando la región central. Tiene un diámetro que ronda los 300.000 años luz, más del doble que nuestra galaxia, si bien su halo circundante es mucho mayor, llegando a los 1.3 millones de años luz, convirtiéndose Foto ngc 4889.jpgen la galaxia más masiva e intrínsecamente brillante al alcance de instrumentos de aficionado. Posee unos 12.000 cúmulos globulares , superando ampliamente a los 150 que pueblan la Vía Láctea. Se ha descubierto en el centro de esta galaxia elíptica el agujero negro supermasivo más grande conocido, con una masa equivalente a 21.000 millones de masas solares. A su alrededor se ha detectado un medio ionizado que podría sugerir la presencia de un quásar en un pasado no muy lejano que, tras devorar toda la materia posible, habría desaparecido en silencio.

NGC 4874 es la segunda galaxia más brillante de Abell 1656, y también es una gigante elíptica con 250.000 años luz de diámetro. El número de cúmulos globulares que posee es algo desconcertante, ya que cuenta con al menos 30.000 de estas inmensas esferas de estrellas, ostentando el récord entre todas las galaxias conocidas. Otro enorme agujero negro se hospeda en su núcleo, siendo responsable de la existencia de un jet de materia que se extiende a lo largo de 1.700 años luz.

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Para disfrutar de esta gran familia de galaxias necesitaremos un cielo oscuro y lo más limpio posible, así como un tiempo considerable para ir exprimiendo sus detalles. Su localización es especialmente sencilla a raíz de Beta Com, una estrella de magnitud 4.23 y muy cercana al sol, a tan sólo 29.9 años luz de distancia. Es la estrella más brillante de la constelación y pertenece a la categoría de enana amarilla, siendo bastante similar a nuestro sol en cuanto a temperatura, brillo y tamaño. Sin embargo, ningún estudio ha revelado la presencia de planetas a su alrededor. Dos estrellas más débiles cerca de Beta Com parecen señalar a Abell 1656, cuyos dominios se extienden por más de 2 grados de diámetro. Sin embargo, hoy nos fijaremos en su región más interna, la interesante zona en la que están confluyendo los dos subcúmulos. En primer lugar destacarán, a cualquier aumento que usemos, las dos galaxias principales, las elípticas NGC 4889 y NGC 4874. Ambas presentan un núcleo muy brillante y llamativo, y la mirada lateral revela ese inmenso halo que llega a alcanzar los mil millones de años luz de diámetro. Impresiona comprobar cómo dos esferas tan pequeñas, de apenas 2 ó 3 minutos de arco aparente, pueden significar algo tan grande. Pensemos por un momento en que son las galaxias más masivas, probablemente, que observaremos a través de nuestro telescopio. Y no se encuentran solas.

Abel 1656 detalle

Cada una de ellas cuenta con una cohorte de galaxias menores que se disponen a su alrededor, formando dos ejércitos bien diferenciados compuestos por seis o siete galaxias por bando. Algunas alcanzan la tenue magnitud de 15.7, sin mostrar forma alguna salvo un débil y difuso brillo fantasmal. En su mayoría, ancianas elípticas cuyo destino será interactuar con otras galaxias y formar un descendiente más grande y con una forma más esférica. Lo verdaderamente interesante al observar estos cúmulos es extraernos y realizar el esfuerzo de ser conscientes de lo que estamos viendo, así como intentar comprender la inmensidad y la lejanía de esas diminutas manchas que pueblan el campo de visión. Cerramos de esta manera el estudio del Supercúmulo de Coma, y sólo nos quedará observar el Supercúmulo de Hércules para completar la observación de la Gran Muralla. No obstante, estos cúmulos contienen muchas más galaxias que iremos observando en próximas entradas, gracias a lo cual la zona observada hoy no es más que un mínimo porcentaje del total que se abre a nuestros ojos. Sólo necesitaremos paciencia y cielos oscuros.

El reflejo de la perla de Berenice (M53 y NGC 5053)

Al escuchar el nombre de la Cabellera de Berenice uno piensa en las incontables galaxias que pueblan la zona que va desde esta constelación hasta Leo, pasando por Virgo. Por eso, es llamativa la presencia entre sus estrellas de dos cúmulos globulares, tan cercanos entre sí que se pueden ver bajo el mismo ocular, pero tan distintos que nadie diría que han compartido su origen y su larga vida. La constelación de Coma Berenices forma una especie de triángulo rectángulo, estando en uno de sus extremos Melotte 111, uno de los cúmulos abiertos más cercanos al Sistema Solar que veremos con detenimiento en otra entrada. En el otro extremo brilla la estrella Alfa Com, una estrella de magnitud 4.3 que recibe el poético nombre Diadem, simbolizando la diadema que adorna la cabellera. Es una estrella doble situada a apenas 60 años luz de nosotros, con sus dos componentes extremadamente juntas, separándose un máximo de 0.7 segundos de arco. La siguiente fotografía, de Adriano Valvasori, muestra en el mismo campo a los dos globulares que hoy nos ocupan, pudiendo apreciarse a simple las diferencias tan notorias que los caracterizan.

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Muy cerca de Diadem, a un grado de distancia, encontramos, en primer lugar, a M53, un cúmulo globular descubierto por Johann Elert Bode en 1977 y catalogado dos años después por Messier. Ninguno de ellos vio estrella alguna, sino que fue Herschel el primero en resolver sus componentes. M53 es uno de los globulares más alejados del núcleo galáctico, a unos 60.000 años luz de distancia. Se encuentra a 58.000 años luz de nosotros, por lo que forma un triángulo isósceles casi perfecto. A lo largo de 220 años luz de diámetro se disponen miles de estrellas atraídas por la gravedad, unidas desde hace más de 12 mil millones de años. Se han encontrado en este cúmulo más de 200 azules rezagadas, esas estrellas azuladas que se han formado por la colisión entre otras dos estrellas, y unas 50 variables de tipo RR Lyrae. Se considera un cúmulo globular de clase V en la clasificación que Shapley y Sawyer Hogg propusieron en los años 20. En dicha clasificación los globulares de clase I son los que presentan una mayor concentración, mientras que los de clase XII son extremadamente dispersos.

Podremos apreciar esta característica cuando miremos a través del ocular. M53 es visible a través del buscador siempre y cuando la noche sea lo suficientemente oscura. Con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos, es un cúmulo globular muy atractivo capaz de retener nuestra mirada durante un buen rato. A lo largo de un diámetro de unos 10 minutos de arco se disponen decenas de estrellas conformando una esfera con un gradiente relativamente marcado. En su centro parecen agolparse, con un brillo de fondo que no es más que el reflejo de sus miles de componentes fulgurando al unísono. Las estrellas van disminuyendo su densidad conforme nos alejamos hacia la periferia, y la visión lateral nos muestra, sin mayor problema, dos “cuernos”, dos prolongaciones que sobresalen del núcleo y se apuntan hacia el sur. Este tipo de detalles suelen estar reservados para los observadores visuales, ya que en fotografías, la inmensa cantidad de estrellas recogidas hace imposible distinguirlos.

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NGC 5053 es otro globular que se encuentra a menos de un grado de distancia de M53. Y no es sólo una cercanía aparente la que se profesan ambos cuerpos, sino que también están muy próximos en la realidad, estando NGC 5053 a 56.700 años luz de nosotros. Con 160 años luz de diámetro, es uno de los cúmulos globulares de menor contenido metálico y, por tanto, uno de los más antiguos que conocemos. Por otro lado, es extremadamente pobre en estrellas, contando con apenas 20.000 componentes dispuestas con una concentración mucho menor que su compañero. En la clasificación Shapley-Sawyer, NGC 5053 se cataloga como un cúmulo de clase XI, gracias a lo cual nos sirve de referente para compararlo con M53, cuya clase, si recordamos, era V. La magnitud 9.47 otorgada a NGC 5053 puede llevar a un error a aquel que crea que es sencillo de observar, pues su brillo superficial es extremadamente débil, de manera que sus estrellas más brillantes alcanzan la magnitud 13.8. Uno se pregunta cómo puede haber tanta diferencia entre dos cúmulos globulares tan cercanos entre sí. NGC 5053 podría formar parte de los restos de marea de la Galaxia Enana de Sagitario, que actualmente se halla “esparcida” alrededor de nuestra propia galaxia. El intenso empuje que habría sufrido sería, por tanto, una posible explicación para dicha escasez de estrellas.

A la hora de observarlo hay que prever su extremadamente bajo brillo superficial y su exigencia con un cielo realmente oscuro. Las primeras observaciones que hice de este cúmulo fueron bajo cielos relativamente buenos, pero en días de humedad elevada que transmitía la contaminación lumínica de Granada. Era entonces una nebulosidad difusa sin bordes claros, apenas perceptible con visión periférica, y alguna estrella débil quería asomar en su superficie. Sin embargo, hace unas semanas tuve la oportunidad de observar bajo uno de los mejores cielos que conozco y en una noche especialmente cristalina, y pude apreciar el cambio tan grande. La nebulosidad era mucho más aparente y de forma redondeada, con unos 10 minutos de diámetro. En seguida pude comprobar que toda su superficie se hallaba salpimentada por diminutas estrellas, algunas tan tenues que desaparecían rápidamente al fijar la mirada sobre ellas. Tuve la sensación entonces de estar contemplando un cúmulo globular, aunque fuera uno tan disperso, aunque si me hubieran dicho que era un lejano cúmulo abierto también me lo habría creído. Lo más llamativo, quizás, sea moverse de M53 a NGC 5053 varias veces para contemplar dos caras tan distintas de una misma moneda y para comprender que el cielo es extremadamente variable y su oferta de colores, formas y brillos, infinita. En este caso pareciera que M53, brillante y distinguido, se estuviera mirando en un espejo antiguo y deslustrado que apenas refleja una oscura sombra. Sin embargo, no podemos negar que esa sombra resulta enormemente interesante y, a su manera, llamativa.

NGC 5053

El anillo de NGC 4725

Una de las grandes verdades de la astronomía es que hay tantas galaxias a nuestra disposición que nunca seremos capaces de verlas todas, por lo cual deberemos ir seleccionando aquéllas que más nos interesan. De vez en cuando descubriremos algunas que no estaban en nuestra lista de objetivos, y podremos sorprendernos por su apariencia, su estructura o la historia que tiene que ofrecernos. Éste es el caso de NGC 4725, una galaxia solitaria que podemos encontrar en la constelación de Coma Berenices. Pertenece a una estructura conocida como la “nube de Coma-Escultor”, un conjunto de galaxias al que también pertenece nuestra Vía Láctea. Con unos 50 millones de años luz de longitud, este grupo forma una especie de cilindro que apunta en dirección a la constelación de Coma, y el Grupo Local constituye uno de sus extremos.

Foto NGC 4725 hub.jpg

NGC 4725 es una galaxia de transición que va camino de convertirse en una espiral barrada, aunque ya presenta una débil y poco densa barra en su interior. Sin embargo, la estructura más llamativa que podemos apreciar en NGC 4725 es su brazo en espiral. Si, hemos hablado en singular y es que esta galaxia, a diferencia de la mayoría de espirales que poseen dos o más brazos, cuenta tan sólo con un largo brazo espiral que la rodea por completo, formando un peculiar anillo estelar. Dicho brazo, posteriormente, se bifurca en dos, mayores y de menor densidad, que se pierden gradualmente de vista hasta desvanecerse por completo. El principal anillo brilla con un intenso tono azulado y está salpimentado por jirones de luz rosada que no son más que regiones HII en las que se están formando estrellas. El color azul viene dado por la presencia de jóvenes cúmulos de estrellas cuyos componentes tienen unos pocos millones de años de edad. El interior de la galaxia, sin embargo, presenta una gama de colores más amarillenta, alrededor de un brillante núcleo redondeado. El intenso brillo de este núcleo delata la presencia de un agujero negro supermasivo alrededor del cual gira a grandes velocidades un disco de acreción. NGC 4725 es, como tantas otras, una galaxia Seyfert de tipo 2 que produce una importante emisión de radiación, uno de los faros cósmicos que pueblan el universo

Foto NGC 4725

Una posible explicación para la estructura anular de la galaxia podría basarse en la formación de la barra central, que habría provocado una desestructuración gravitatoria en su entorno, de manera similar a la formación de los asteroides troyanos que comparten órbita con Júpiter. Al parecer, su origen puede deberse al cambio de resonancia orbital que ocurrió entre Júpiter y Saturno. Este tema podría dar lugar a un largo artículo, pero, a grandes rasgos, la resonancia orbital hace referencia a la relación entre sus dos períodos orbitales, de manera que cuando están en su mayor punto de acercamiento pueden alterar el movimiento de los cuerpos cercanos. De esta manera, la formación de una barra central en la galaxia NGC 4725 ha podido alterar las condiciones imperantes en la región central, de forma que las estrellas hayan cambiado su rumbo y acabado formando ese característico anillo.

La primera vez que observé NGC 4725 no conocía absolutamente nada sobre ella. Estaba en mi lista de objetos por ver y, aprovechando que estaba bajo un cielo espectacularmente oscuro, decidí buscar galaxias. Una vez localizada, algo que no resulta difícil (ya sea a partir de M64, NGC 4565 o Beta Com), la observé con el Hyperion de 13 mm, a 125 aumentos. Quedé sorprendido inmediatamente por su alto brillo, que me dejó verla con visión directa sin ningún problema. Aún más, en seguida pude notar que mostraba cierta estructura a los lados de un brillante núcleo central. Sin pensarlo, la observé con 214 aumentos y, maravillado por lo que estaba viendo, me olvidé el tiempo y del frío. El núcleo era redondeado, muy brillante en su región más interna, como si fuera una estrella inmersa. Una débil barra apareció entonces atravesándolo, poco marcada pero claramente visible, y al final de cada extremo se abrían unos brazos que parecían simular las alas de un TIE de la Guerra de las Galaxias. Dichos brazos se curvaban en sus extremos, y daba la impresión de que se unirían con los del lado opuesto si seguían adelante. De hecho, uno de ellos continuaba rodeando a la galaxia, enmarcando un halo de gran brillo superficial. Algunas estrellas aparecían inmersas en estos curiosos brazos aumentando el interés del conjunto. No dejan de sorprenderme las pocas referencias que he leído acerca de esta galaxia, siendo una de las que más fácilmente me ha mostrado su original anatomía. Es, sin duda, una de esas galaxias que merece la pena visitar una vez más para degustar sus secretos.

NGC 4725

Alfileres en Virgo (NGC 4216, NGC 4206, NGC 4222)

Podríamos decir que las galaxias se disponen en el cielo de una forma arbitraria, dejando a un lado el hecho de que interaccionen entre sí y que formen parte de estructuras mayores en forma de grupos o cúmulos galácticos. De esta manera, si navegamos con nuestro telescopio por el cúmulo de Virgo, una de las zonas más densas en este tipo de objetos, podremos observar galaxias espirales de frente, elípticas, barradas de perfil, otra elíptica un poco más allá, una pequeña e irregular… Se nos muestran con una gran variedad de formas y tamaños, pero en ocasiones el azar quiere mostrarnos imágenes verdaderamente curiosas. Vamos a viajar a una porción del Cúmulo de Virgo muy cercana a la que ya conocemos, al lado de la “T” de Coma Berenices, siguiendo el fascinante proyecto de abarcar el cúmulo en su mayoría. De hecho, apenas tenemos que desplazar el telescopio un grado y medio desde M99 para encuadrar a las protagonistas de esta entrada. Pocas veces en el cielo podemos ver tres objetos tan parecidos en el mismo campo, y es que cualquiera diría que esas tres galaxias han tenido que ser colocadas siguiendo algún caprichoso designio. Nos referimos a NGC 4206, NGC 4216 y NGC 4222, tres galaxias que nos ofrecen su visión de perfil y que parecen, verdaderamente, tres agujas en el cielo.

Foto NGC 4216.jpg

La principal es NGC 4216, una bonita galaxia espiral que se nos muestra inclinada, sin llegar a estar completamente de perfil. Su imagen recuerda a M31 o NGC 7331, y realmente podemos decir que son bastante similares, con un brillante núcleo a partir del cual se dejan entrever unos grandes brazos en espiral. Una de sus características más peculiares es su bajo contenido en hidrógeno neutro, denominado HI, distintivo que comparte con muchas otras galaxias de su cúmulo. El hecho de que suela ocurrir en cúmulos de galaxias hace pensar que el hidrógeno neutro, necesario para la formación de estrellas, se pierde al interaccionar con el gas extragaláctico que inunda toda la región. De esta manera, NGC 4216 es una galaxia que podría definirse como “anémica”, con una baja tasa de proliferación estelar y unos colores que se inclinan hacia el rojo y amarillo, propios de estrellas de avanzada edad.Foto NGC 4216.2 No obstante, esta galaxia no es todo lo aburrida que podría parecer. Recientes imágenes muestran regueros de estrellas a su alrededor, restos de galaxias satélite que han interaccionado con ella y han sido disparadas y diseminadas en forma de filamentos de miles de años luz de longitud.

NGC 4216 tiene un desplazamiento al rojo extremadamente pequeño, lo cual llevaría a pensar que se encuentra a una distancia mucho menor a la del Cúmulo de Virgo. Sin embargo, de sobra conocemos que las altas velocidades que se producen en los cúmulos galácticos pueden dar datos alterados, y al parecer esto es lo que ocurre con esta galaxia, que se sitúa más bien a unos 55 millones de años luz. A su alrededor se han catalogado más de 700 cúmulos globulares, casi cinco veces más que los que tiene nuestra Vía Láctea, y un dato más de su acentuada senectud.

NGC 4206 es la siguiente galaxia de este trío en cuanto a brillo, situada un poco más lejos que la precedente, a unos 70 millones de años luz. Es algo más pequeña y tenue, pero su forma es prácticamente idéntica, la hermana pequeña de NGC 4216. Sin embargo, a diferencia de ella, NGC 4206 es totalmente prolífica. En su disco encontramos aglomeraciones azuladas de estrellas jóvenes y brillantes, con restos de polvo y gas entre sus brazos. El núcleo es menos brillante, y su color amarillento denota una mayor tranquilidad, haciendo las veces de residencia de ancianos de esta gran población.

A dusty spiral in Virgo

La hermana pequeña de este interesante trío, y la más débil con diferencia, es NGC 4222, la tercera aguja. Con unas dimensiones aparentes de 3.1 x 0.5 minutos de arco, es la más fina de ellas, y se sitúa también a unos 70 millones de distancia. Su diámetro es de unos 65.000 años luz, aproximadamente la mitad que NGC 4216.

Para ver a las tres agujas es necesaria una noche clara en un lugar alejado de la contaminación lumínica. Para ver a las tres en el mismo campo basta con un ocular que proporcione unos 30 minutos de arco. En mi caso, el elegido fue el Hyperion de 13 mm, que me proporcionaba 125 aumentos. NGC 4216 salta a la vista en primer lugar. Tiene un tamaño generoso, de casi 10 minutos de longitud, de manera que ocupa una tercera parte del campo visual. Su aspecto de óvalo extremadamente alargado es muy sugerente, con un núcleo puntual brillante que destaca sobre el resto del halo. Rodeando al núcleo se puede apreciar un bulbo más brillante, ovalado y curvado, que me recuerda enormemente al de NGC 2683, más definido con visión lateral. Llama la atención la presencia de una pequeña estrella que parece rozar este bulbo, con una magnitud de 14.5.

NGC 4216

NGC 4206 es fácilmente visible al sur, aunque bastante más débil que su compañera. Con una magnitud de 12.15, se aprecia como una mancha fina y alargada, con los bordes mejor delimitados si usamos visión periférica, entre dos tenues estrellas. NGC 4222, la más débil, tiene una magnitud de 13.2 y un brillo superficial lo suficientemente bajo como para que suponga cierto desafío, aún bajo cielos oscuros. Se encuentra al otro lado de NGC 4216 y es difícil de intuir si no se conoce su localización exacta. La primera vez que la observé no sabía dónde buscarla, así que paseé la mirada por toda la zona durante varios minutos hasta que noté un mínimo de nebulosidad que iba y venía al pasar la mirada sobre el campo. Una vez centré mis esfuerzos logré apreciarla como una débil mancha alargada, apenas un suspiro, extremadamente fina y elusiva. Conforme la vista se acostumbra la dificultad disminuye, a medida que aumenta el placer de la observación, y entonces podemos disfrutar plenamente de estas saetas celestes. No encontraremos otras tres galaxias tan finas y unidas de manera frecuente, así que bien merecen que hagamos un esfuerzo por visitarlas.

NGC 4216 detalles